A veces debemos decirle adiós a esa mejor amiga

Siempre tenemos la idea de que nuestro corazón sufrirá por amores no correspondidos o por rupturas con esa pareja que no funcionó, así que para estos casos tendremos y acudiremos a esa mejor amiga que todas, sin excepción, tenemos.

Pero… ¿qué sucede cuando el dolor de la ruptura es por consecuencia del término de esta amistad?

En todas nuestras etapas de vida, el destino nos presenta a esa chica que llamaremos «mi mejor amiga», será la encargada de acompañarte en todas las aventuras, prestarte dinero cuando las finanzas no estén muy bien, ayudarte a estudiar para pasar los exámenes, limpiarte las lágrimas ante cualquier decepción amorosa y por supuesto defenderte a capa y espada.

En mi caso, conocí a esa mejor amiga el primer día de clases en la universidad. Era la persona que más me entendía y viceversa, por lo que trazamos un plan de vida: graduarnos como periodistas, acompañarnos mutuamente el día de nuestras bodas y en los nacimientos de los hijos. De todo esto solo pudimos consolidar lo primero, el resto lo hemos tenido que hacer por vías separadas.

A veces se pierde gente valiosa en la vida y no necesariamente porque desaparecen de forma física de este mundo. Afortunadamente ella sigue viva y llena de salud, al igual que yo, lo único que sucedió es que un día no nos reconocimos más como amigas.

Sus ideas y las mías ya no congeniaban, mis opiniones y las de ellas se mezclaban tanto como el agua y aceite, nuestras caras ya no se reconocían así que tuvimos que parar y tomar cada una rumbos distintos.

¡Cómo duele perder a una buena y mejor amiga! ¡Cuántas curitas hay que ponerle al corazón para que siga latiendo luego de esta ruptura!

Yo confieso que lloré, mucho la verdad, y así como sucede cuando rompes con una pareja me pasó con ella: recordaba todas las historias que vivimos, las fotos de nuestros viajes y esa canción que solíamos cantar cuando andábamos en el carro y mi corazón se hacía polvo.

Quizás muchas personas piensen que los verdaderos amigos jamás desaparecen y si sucede es porque nunca lo fueron realmente. Pues yo creo que así como ocurre en una relación amorosa, que puedes quererlo muchísimo y estar segura que es una buena persona pero que ya las cosas no funcionan, de la misma manera ocurre con una amistad, solo que este último escenario no suele ocurrir tanto o simplemente nos hacemos «de la vista gorda».

En este punto reconozco que ella fue mi mejor amiga de la universidad y parte de lo que vino después, pero las experiencias que ambas tuvimos que afrontar en algún momento nos hizo ver el mundo distinto a como lo solíamos ver desde la cafetería de la universidad. Sus posturas eran más utópicas, las mías más realistas -o viceversa- y aquí surgió el punto de quiebre.

Toca seguir, desearle todo lo lindo y tomar otra vía. Los recuerdos siempre estarán al igual que ese lugar ganado en mi corazón, solo que ya no hay más presente ni futuro. Solo una historia que recordar. Montones de fotos para ojear en uno que otro momento y continuar.

Ella y yo nos hemos topado un par de veces como una jugarreta del azar. Ambas expresamos un cariño -muy distinto a lo que solía ser- en estos encuentros causales, con la mayor de las gentilezas. Asimismo nos hemos enterado cuando alguna de las dos ha pasado por un momento difícil o una experiencia de vida feliz, inmediatamente una llamada o un mensaje de texto ha estado presente, con palabras positivas y el recordatorio que, aunque ya nada es igual, si una lo desea ahí estará la otra, para ayudar y apretar la mano como solíamos hacerlo.

No dejes de leer otros posts de Betty Hernández en La Tapara Digital.

Foto: PIxabay.