El test de placer
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Patricia Rosas-Godoy/ Directora de marketing y Comunicaciones de Asuntos de Mujeres / España

Soy una periodista venezolana viviendo en Madrid, trabajadora incansable y estudiante vitalicia, emprendedora innata, inventora profesional. Odio las injusticias, amo el café con leche y soy una mujer real que ama, siente y padece.

Beatriz Luengo: ¡Yo no me rindo!

Beatriz Luengo: ¡Yo no me rindo!

Beatriz Luengo: ¡Yo no me rindo!

Son las 4 de la tarde en un día de primavera en Madrid, estoy muy emocionada porque voy a entrevistar a lo que en toda regla se podría considerar como un mujerón. No todo el mundo puede jactarse de ser cantante, compositora, actriz, bailarina y empresaria, pero Beatriz Luengo, nacida en Madrid en 1982, lo es y, más increíble aún, es exitosa en todas esas facetas.

 Luego de las presentaciones pertinentes y de pedir un par de Chai Teas, comienzo la entrevista con esta chica de cara dulce y actitud cercana, pero que, sin duda, es una mujer de armas tomar, con una historia de superación muy inspiradora.

Beatriz, no sé si tu vida es una historia de superación o de terquedad

Pues, yo creo que es terquedad (risas). Yo creo que si las cosas no me costaran tanto, y yo no tuviera tanta necesidad de demostrar lo que valgo a los que no han creído en mí, a lo mejor mi lucha no sería tan fuerte, porque soy una persona muy conformista en términos de éxito, o económico, no soy una persona particularmente ambiciosa, entonces la única cosa que me empuja todos los días son todos los ‘no’ que arrastro conmigo, los de todas esas personas que, en diferentes etapas de mi vida y por diferentes razones, me han acompañado siempre con un ‘no’.

¿Entonces el ‘No’ es tu motor?

Pues, sí, se puede decir.

Empecemos por el principio, ¿qué recuerdas de tu infancia?

Bueno, yo vengo de un barrio de Madrid, Hortaleza – Canillejas, barrio de gente trabajadora, mi madre tenía 3 trabajos a la vez: vendía tupper wares, montó una peluquería en casa y limpiaba alfombras que repartíamos en la furgoneta de mi abuelo, y yo acompañaba a mi madre a todo. Por otro lado, mi padre fue carpintero, lo he visto trabajar todos los días de mi vida desde que recuerdo.

Sé que para ti la figura de tu abuela ha sido muy importante…

Sí que es verdad que en mi mente hay un matriarcado, mis grandes referentes siempre han sido mi madre y mi abuela. Cuando estaba pequeña, el tiempo que no pasaba con mi madre, lo pasaba con mi abuela, sobre todo cuando estaba en edad escolar, que no podía estar con mi madre para arriba y para abajo. Hasta llegamos a vivir en casa de mi abuela por un tiempo, imagínate que vivíamos siete personas en una casa de dos habitaciones, hasta que, cuando cumplí 10 años, pudimos mudarnos a una casa propia y tuve un lugar para mí, y una habitación donde poner mis pósters de Alejandro Sanz (risas).

Pero mi abuela ha sido siempre una matriarca, una mujer de muchísimo carácter, que aunque no sabía leer, ni escribir, me enseñó lo que es la inteligencia extrema, porque aunque no tiene cultura porque no fue al colegio, tenía –y tiene- muchísima inteligencia emocional, y eso a veces es más importante que cualquier cosa.

¿Cómo te veías cuando eras pequeña?

Siempre me pintaba con un micrófono en la mano. También mi abuela toda la vida cantó, y toda la vida compuso, todavía lo sigue haciendo, ella se inventa cosas dentro del flamenco, pero son cosas graciosas, como las chirigotas, siempre buscando hacernos reír; así que siempre viví en un entorno donde la música era siempre fundamental, parte de la alegría, donde era algo normal. Siendo mi abuela tal referente para mí, siempre digo que tengo un sueño heredado, el de ella. Eso ha sido muy importante.

Aunque su carrera empezó en un circo, cuando contaba con 9 años, su primera gran oportunidad llegó con 12, cuando la extinta discográfica Polygram, la firmó para hacer su primer disco. Luego de 3 años de trabajo arduo y gracias a la fusión de la empresa con Universal, el proyecto nunca vio luz, pero la experiencia fue para Beatriz una gran escuela. A los 15 años llega a su vida su primer gran amor: el teatro

Empecé en un circo a los 9 años, aunque no es la experiencia que más me ha marcado, pero con 15 años el teatro sí me marcó mucho porque era estar en el instituto desde las 7 de la mañana, salía, comía, me iba a mis clases de baile y después al teatro, así estuve durante tres años, sin parar, ni siquiera en verano.

Gané un Premio Max con 15 años como actriz revelación por Peter Pan, estaba trabajando en el teatro Lope de Vega con 15 años, imagínate, para mí ese fue un aprendizaje genial, fueron unos años preciosos; al mismo tiempo yo seguía con mi formación y con mi instituto; siempre he tenido la motivación de aprobar porque si no mis padres no me dejaban seguir con el teatro, así que siempre tuve buenas notas. Me saqué mi titulación de Humanidades y Asuntos Sociales, yo sabía que no iba a estudiar más, aunque ahora me arrepiento, creo que debí haber seguido un poco más.

Y llega el primer gran hito de tu vida profesional: Un Paso Adelante, ¿cómo llegaste ahí?

Cuando llegó el casting, con 18 años, yo tenía un personaje muy bueno, en una obra a la que le estaba yendo fatal, venían sólo 15 personas a vernos, era una ruina máxima (risas); pero un día, dentro de esas 15 personas, estaba un director de casting y me propuso hacer el de la serie.

Al principio yo estaba un poco reacia, me había enamorado mucho de los musicales, y sentía que la tele no era para mí, yo que era muy joven y con una percepción muy débil sobre mí misma, porque no tenía suficiente conocimiento, estaba muy arraigada a los pensamientos de mis compañeros más adultos sobre el teatro, así que veía la tele con cierto recelo, pero la verdad me enamoró mucho el proyecto.

Recuerdo que mi madre me dijo ‘hija, ¿cuántas oportunidades de trabajo vas a tener donde puedas cantar, bailar y actuar, donde puedas mostrar todas tus facetas? Así que lo hice, lo cogí y gracias a la serie logré uno de mis más grandes sueños, que era que mi madre tuviera su propio negocio, siempre le prometí que cuando yo ganara mi ‘primer dinero’, iba a devolverle lo que había invertido en mí, porque durante toda mi vida, mis clases han sido carísimas.

¿Qué representa para ti Un Paso Adelante?

Pues, mira, la serie para mí, a nivel emocional, fue como si tratásemos de meter un elefante por una puerta pequeñita, me parece que con la serie, el factor suerte me llegó muy pronto como para yo poderlo entender. Ahora que tengo este disco que lo hice en 6 años, que hasta tengo a Alejandro Sanz, siempre pienso “madre mía, si yo tuviese ahora una oportunidad de televisión como en aquel momento, cómo aprovecharía todo”. Pero de pronto se te viene a la cabeza ese momento, donde la gente más bien me estaba viendo crecer, donde no estaba desarrollada, y me frustro mucho.

Luego vino el disco, donde cantábamos canciones de la tele, pero estábamos sonando en la radio y haciendo giras como si fuesen nuestras, y ya en ese momento yo tenía mis canciones, entonces yo creo que si yo hubiese sido una chica con una ambición muy grande de dinero o de ser famosa, hubiese estado muy feliz; pero como mi ambición era artística, yo no era feliz, porque no estaba a gusto como estaba interpretando el formato televisivo y en la música no estaba contando nada que tuviese que ver conmigo.

Claro, a la vez estaba cumpliendo el sueño de que mi madre tuviese un negocio gracias a ello, entonces me sentía horrible porque me sentía súper desagradecida con las personas que me estaban dando una oportunidad tan importante, y a la vez muy frustrada por no ser capaz de dejarme llevar y decir “estoy de número 1 en las 40 principales, ¿qué importa si es con ‘Sámbame’?”, pero no fui capaz de separar esas dos cosas.

Finalmente en 2005 sacaste ‘Mi Generación’, tu primer disco en solitario, y con el que vendiste 50 mil copias y giraste por más de 25 ciudades, ¿Por qué consideras que este disco fue un desastre?

¿De verdad? ¡No lo sabía! ¿Vendimos 50 mil copias de ese disco? Bueno, la verdad es que creo que fue una sensación mala porque veníamos de vender un millón y medio de discos, y hoy en día 50 mil son muchos, pero en aquella época, bajar tan estrepitosamente, sí que se sentía como un desastre. Creo que no fue mi sensación porque quise, sino porque así me lo transmitieron. En algún punto yo era la gallina de los huevos de oro, me llamaban de todos lados para hacer colaboraciones y pasamos de ahí a que no pasara nada, que no sonara el teléfono.

¿Cómo tomaste la decisión de irte a París?

Me fui a Francia porque mi chico, Yotuel, empezó Orishas allí, y él siempre me decía que debía intentarlo, porque el público francés siempre estaba buscando descubrir lo que nadie ha descubierto, les encanta el ‘world music’, lo que suene diferente.

Así que empecé los miércoles en un sitio pequeñito del barrio latino de París que se llama La Favela, al final terminé presentándome toda la semana y compartí escenario con un montón de artistas increíbles, y después de eso, cuando habían pasado sólo 6 meses, salimos de #1 con el disco, vendimos 130 mil copias, y eso me ayudó muchísimo para recuperar mi autoestima, que estaba por los suelos. Yo siempre digo que mi parada más importante para cargar gasolina fue Francia, si no hubiese existido esa etapa, yo no estaría aquí hoy.

 Vuelves a España a sacar Carrousel, ¿por qué?

Porque era mi espinita, yo pensaba que como me había ido tan bien en Francia y como había podido recorren un montón de países de Europa, entraría a España como una reina y, bueno, no fue tanto así, pero con Carrousel me fue bien.

Sin embargo, yo seguía siendo ‘la chica de UPA’. Esa etiqueta era horrible porque no me tomaban en serio, entonces pasaban cosas como que los de mi compañía discográfica iban a la radio a enseñar mis canciones, pero usaban el pseudónimo de Eva Sánchez, y cuando finalmente decían que me iban a programar, era que les desvelaban mi verdadero nombre… ¡imagínate tú! Para mí era muy fuerte oír que mi compañía me decía que mandaban mi disco con otro nombre. Claro, en aquella época no existía Spotify, ni nada por el estilo, no había manera de que yo demostrara lo que había pasado en Francia, a menos de que viajaras.

 Luego te fuiste a Estados Unidos y todo cambió…

Sí, mi sueño era trabajar en Latinoamérica, siempre lo había sido, porque el 80% de los artistas que escucho son latinoamericanos, no tenía sentido otra cosa que no fuera ir para allá, allí me firmó Sony Music.

El disco Bella y sus mosquitas muertas fue maravilloso porque pudimos girar en Colombia, Chile y Argentina. De ese disco había una canción que hice con Jesús Navarro, que se llamaba La Ley de Newton; un día hicimos un acústico que grabamos con un teléfono y se hizo viral, así que empezamos a sonar en toda Latinoamérica con esa canción. Aunque México se me resistió un poco.

Además de tener una voz prodigiosa, Beatriz Luengo se ha destacado como compositora de artistas de la talla de JLo, Shakira, Chayanne, Thalía, Daddy Yankee, Alejandra Guzmán, Ha Ash y Ricky Martin, con quien ganó un Grammy por el tema ‘La Mordidita’.

 

 ¿Cómo empiezas a componer para otros artistas?

Pues, la primera colocación de un tema fue de casualidad, de un tema que yo había sacado de uno de mis discos porque estaba fuera del concepto, era balada muy bonita y yo estaba haciendo reggae, así que ‘Dime si ahora’ fue la primera canción que compuse para otro cantante, en ese caso, para Thalía.

Luego, por ejemplo, me senté con Alejandra Guzmán e hicimos ‘Quítatelo’, para Ha Ash escribí ‘Ex de verdad’, y así…

Según con qué artista, el proceso de composición es diferente, sin duda, el proceso más especial ha sido el de Ricky (Martin), porque mi chico y yo paramos nuestra vida para dedicarnos a esto, él desde el lado más urbano, y yo desde el lado más baladista. Era importante en la carrera de Ricky, así nos lo transmitieron, así nos subimos al barco, era como ‘tenemos que hacer un disco de Grammy’… ¡y nos ganaron el Grammy americano!

En el año 2015 nace D’Angelo, su primer hijo, fruto de la relación de más de 12 años con Yotuel Manzanares, integrante del grupo Orishas.

 

¿Cómo compaginas la maternidad con tu trabajo?

Pues, con sufrimiento, para serte sincera. Sufro por pensar que el día de mañana mi hijo me recrimine que le faltó algo de mí porque yo no estuve. Cuando estoy con él, estoy con él al 100%, pero cuando tengo que viajar, prefiero no meterlo cuarenta horas de vuelo y lo dejo aquí con mi madre, y él sufre porque estamos muy pegados, duerme conmigo y, claro, cuando no estoy, para él es muy difícil.

Lo único que me preocupa es que a veces tengo esa lucha interna de las cosas que me hacen feliz como mujer, pero que luego me hacen sentir como madre, supongo que le pasará a muchas mamás, la necesidad de no dejar de ser lo que siempre quise ser, y pensar que haciendo eso no eres la madre que hubieses querido ser.

Sufro por eso, pero al final también me digo que si me sale un hijo recriminador, lo hará con cualquier cosa que haga y que trato de que entienda que en todo lo que hago está él, porque siempre quiero lo mejor para él y lo mejor para él es que su madre esté bien.

Beatriz cree firmemente en que las cosas llegan ‘porque sí’ cuando las trabajas mucho y se las pides al karma; ejemplo de esto es su más reciente disco de estudio, al que ha titulado “Cuerpo y Alma”, una producción compuesta por 18 temas, divididos en 2 discos, uno de música urbana y otro de baladas, que cuentan con grandes colaboraciones como las de Alejandro Sanz, la Mala Rodríguez, Cristian Castro, Carlos Rivera y muchos más.

 

 

¿Qué significa para ti este disco?

Significa demasiadas cosas, si tuviera que decirlo en un hashtag sería #YoNoMeRindo. He hecho un disco de 6 años, y me siento muy feliz de decirlo, porque estando dentro de la industria y viendo cómo se manejan las cosas por dentro, sé que ya nadie hace un disco en tanto tiempo.

 ¿Qué esperas conseguir con este disco?

Me siento feliz de tenerlo, tengo un disco en físico, que se lo hacen a poquísimos artistas, y en el futuro se lo podré enseñar a mi hijo, y ahora se lo voy a enseñar a mi madre. Mi trabajo ha terminado aquí, de verdad, lo que podía dar de mí, que es lo mejor, ya lo di y me siento súper orgullosa de todo lo que tiene y hasta de lo que no puse.

 ¿Cuál es tu canción favorita de este álbum?

Ojos de Mandela, porque está Alejandro, porque es para mi madre. Para mí es la canción más bonita que he escrito y escribiré a modo personal.

 ¿Cómo nació?

Pues, depende, por ejemplo, Ojos de Mandela, no tiene nada que ver con, por ejemplo, Caprichosa; por eso he dividido el disco en dos (Cuerpo y Alma), porque me parecía que hay canciones que no deberían estar juntas. Cuerpo es lo que yo quiero proyectar de mí, y Alma es mi parte más profunda.

Hace 15 años mi madre tuvo cáncer, yo nunca he hablado de esto. Jamás. No era capaz de tan siquiera decir esa palabra, imagínate. Ella lo superó, está súper bien, y al día de hoy no siento medio de perderla, pero yo he tardado años en aceptarlo. Ahora, después de 15 años finalmente siento que ya ha pasado.

Ojos de Mandela habla de ese momento, de un hospital, mirando por una ventana, mientras mi madre luchaba por su vida, es ese momento donde dices “¿Dónde está el Dios al que le rezo? ¿cuándo se va a aparecer?” Pero con el tiempo aprendí que es que Dios no se va a presentar, como se presenta tu vecino para pedirte azúcar, no; Dios siempre está, pero tú tienes que saber encontrarlo. Entonces empecé a escribir esta canción el día del funeral de Mandela, donde se veían sus ojos (en una gran pancarta), y me pareció que esos ojos eran Dios bajando a la tierra, y veo a Dios en los ojos de Mandela y en la sonrisa de mi madre.

 ¿Cómo es tu relación con la música urbana?

La música urbana que yo hago tiene mucho mensaje, mucho empoderamiento, mucha letra reivindicativa. Está escrita desde una manera de escribir muy especial. Los productores que estoy usando dentro de lo urbano son los que buscan lo más especial, lo más indie, no sé si lo más comercial, y no los que están cubriendo la línea de lo que está haciendo todo el mundo.

Ten en cuenta que, como compositora, he trabajado para Ricky Martin, Daddy Yankee, Wisin y muchos artistas más, con lo cual, para mí lo que más fácil hubiese tenido en la vida es hacer un urbano más hacia el mainstream, pero mi propuesta no viene por ahí, estoy luchando mi propio espacio, pero es lo que me hace más feliz.

Por ejemplo, Caprichosa, con la Mala Rodríguez, está siendo un éxito natural pero es una cumbia, no es lo que realmente ‘está pasando’ (en la música urbana), pero es una letra muy feminista.

¿Te consideras feminista?

Sí. Lo que pasa es que considero que disfruto del feminismo, para mí el feminismo se disfruta, no se sufre. Yo creo que el feminismo es muy guay cuando viene desde el ‘soy mujer y me gusta serlo’, en vez de ‘soy mujer y estoy muy enfadada’.

Tenemos que reivindicarnos, pero también no debemos tenerle miedo a hacerlo jocoso en algún caso. Por ejemplo, Caprichosa es una canción muy coqueta, no desde el enfado, es como ‘soy caprichosa y yo soy la que decido cómo voy a hacer las cosas, yo soy la que mueve los hilos’, o sea, es una manera ‘coqueta’ de reivindicar el feminismo.

No me desenvuelvo en un entorno machista, mi chico cocina, los dos por igual nos encargamos de las mismas cosas dentro del hogar, del cuidado de nuestro hijo, de la economía, aquí nadie es más importante que nadie, estamos organizando nuestras agendas por igual, si yo me tengo que ir y viceversa.

 ¿Crees que, a estas alturas, es difícil para una mujer estar en el medio?

Creo que se puede tener una sensación de que sí, pero falta mucho. Afortunadamente, desde que Spotify les dijo a las compañías de discos que, a partir de finales de 2018, sus playlists serán 50% hombres y 50% mujeres, no te puedo explicar cómo se ha reactivado la industria para nosotras. Ahora se vuelven locos buscando mujeres.

Aunque, claro, la tendencia de ‘Spoty’ es urbana, y todas las mujeres que, hasta ahora, han estado a la cabeza de esas listas, son mujeres en un grado importante de sexualización.

No quiero decir que una artista no pueda ser sexy, por ejemplo, Beyonce, que es la No. 1, que canta, baila, compone y es referencia en todo el mundo, no pueda ser sexy, nada de eso. Lo que sí me preocupa es que cada día es peor, de enseñar por enseñar, y de, peor aún, un contenido donde el hombre es el que manda y la mujer es la que cumple los deseos.

Me gustaría que todas las compañeras que tengo en Latinoamérica que son maravillosas, como Debi Nova o Raquel Sofía, a las que les debería ir bien porque tienen qué decir, tienen contenido y tienen personalidad, también tengan su espacio en las plataformas de difusión. Ojalá en el mundo se les estuviese dando su valor.

Me encantaría que hubiese cantautoras de urbano, de indie, de pop-balada y de otros géneros, pero es que no lo veo, sinceramente. No quiero mentir porque es algo que tenemos que destapar, y que entre todas tenemos que luchar para que las cosas cambien.

Sin duda, hablar con Beatriz Luengo ha sido una gran experiencia, su gran talento y su sencillez son una mezcla explosiva que atrapa. Desde el momento en que se realizó esta entrevista, hasta su publicación, el disco Cuerpo y Alma ha pasado a estar en los primeros lugares de las listas de ventas en España, y a nosotras no nos puede alegrar más.

 

En Asuntos de Mujeres nos declaramos sus fans hasta la muerte, y le deseamos todo el éxito del mundo.

 

Fotos: Patricia Rosas-Godoy, 100 X 100 Música y @beatrizluengo
Agradecimientos especiales a: Sony Music Spain / Must Producciones

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