Directora de Asuntos de Mujeres

Soy periodista e internacionalista; también esposa y mamá. Para mí la vida es como es y así tenemos que vivirla. Decidí transformar mi oficio de investigar, editar, hacer programas de radio y perseguir noticias, para contar mis propias historias de #maternidad y apoyar a otras mamás con depresión postparto.

Cómo acompañar a una mujer con cáncer de mama

Cómo acompañar a una mujer con cáncer de mama

Cómo acompañar a una mujer con cáncer de mama

Imagínate que tu amiga, hermana, mamá, hija, sobrina o nieta se enteran de que padecen cáncer de mama.

La noticia es impactante, no sólo para ella, sino también para su familia y amigos. Los cambios que vienen serán radicales, la idea de la muerte es lo primero que se asoma en el pensamiento y lo que vendrá de ahora en adelante, significa una nueva dinámica con altibajos emocionales y físicos.

Por eso, el acompañamiento debe ser adecuado. Típico que muchas personas cercanas a la paciente, lloran frente a ella todo el tiempo, la sobreprotegen, subestiman, la tratan con sentimiento lastimero o le dicen cosas como: “Tienes que ser fuerte”, “No te pongas así, nosotros sufrimos mucho” o “Arriba ese ánimo”.

¡Vamos! Tiene cáncer, sí; pero no se ha convertido en un fenómeno, y generalmente, está en sus plenas capacidades mentales para decidir lo que quiere hacer o no, lo que necesita y lo que no desea en su vida. Además, debemos procurar que esté rodeada de buena vibra.

Así que, muy interesada en el tema (porque acompañar a otros no es tarea fácil), entrevisté a dos psicólogas, especialistas en pacientes oncológicos, para que me aconsejaran sobre la manera más adecuada de acompañar, cuidar y apoyar a una mujer con cáncer de seno.

Éstas fueron sus recomendaciones:

Lo primero que debemos entender es que, aunque cada paciente es un mundo, una mujer con cáncer de mama experimenta un torbellino emocional y físico muy fuerte, así que hay que tener paciencia.

“Si era una mujer que trabajaba, tiene que dejar el trabajo y estar todo el día en casa y eso a muchas las deprime. Dejas de ganar dinero, dependes de tu pareja y vives un cambio del cielo a la tierra, entre las visitas al médico y la dinámica del hogar. Inevitablemente ella debe hacer ajustes que cuestan”, dice Diana Castrillón Pérez, psicóloga de la universidad CES, especialista en rehabilitación neuropsicológica, quien hasta hace poco trabajó en Medicáncer.

Por otro lado, Carolina Trujillo Rodríguez, Psicóloga, Especialista en Psico-Oncología y Magister en Cuidados Paliativos, explica que el diagnóstico del cáncer produce miedo a la enfermedad, los tratamientos y al riesgo de muerte. También puede hacer que la paciente se sienta vulnerable, poco atractiva, con baja autoestima e insegura, y genera preocupaciones por su sexualidad, su vida en pareja, la relación con su cuerpo o su fertilidad. El cáncer de mama “genera un impacto importante sobre la imagen corporal y un cúmulo de emociones por lo que representan “nuestros senos”, esa parte del cuerpo que simboliza feminidad, sensualidad, sexualidad, maternidad, vida”.

Si recibes con ella el diagnóstico

  • Recuerda que los resultados de los exámenes siempre los va a dar el médico y profesionales especializados para esto.
  • Hay que activar la EMPATÍA y desactivar los prejuicios. Ambas especialistas coinciden en esto. “Si el otro está feliz, te pones feliz”, afirma Diana Castrillón.
  • “Intenta evaluar tus emociones y ver hasta dónde puedes favorecer a que la paciente esté cómoda y no se angustie más”, aconseja Carolina Trujillo, quien recomienda tratar de pensar con cabeza fría lo que viene después, para ayudar a la paciente a procesar lo que está sucediendo. “Si logras estar tranquila, ayúdala a organizarse y pensar en decisiones concretas tales como si se siente segura y preparada para compartir esta información y con quién quisiera hacerlo (…) Todo sin forzarla y respetando sus tiempos”.
  • ACOMPAÑAR significa estar ahí y escuchar lo que ella quiere, con respeto. Los consejos no solicitados, muchas veces, están de más. Déjala que exprese lo que siente, sin cohibirse ni sentirse culpable. Ella va a ir identificando cómo procesar lo que ocurre y cómo llevarlo. “Ella puede mostrarse triste, angustiada y enojada; deseando no querer saber nada acerca del diagnóstico ni hablar de ello (…) es importante que entiendas que estas respuestas son esperables dentro del proceso de enfermedad”, añade Trujillo.
  • Estar informada adecuadamente y saber que ella cuenta con una red de apoyo que la va a ayudar y contener, son cosas que le servirán. Por eso, si al momento de recibir la noticia, se siente perdida, ayúdala a escribir algunas preguntas para el médico, que le permitan saber qué va a suceder y cómo va a ser su proceso.

Mientras la acompañas

  • No te vuelvas INVASIVA, recuerda que la paciente está atravesando cambios físicos y emocionales importantes; respeta sus tiempos, gustos y necesidades.
  • No forzarla a hablar si no desea hacerlo o recibir visitas cuando no tiene ganas, pensando que esto la hará levantar el ánimo”, aconseja Carolina Trujillo.
  • La docente dice además que es importante promover que la paciente vaya encontrando recursos que le ayuden a transitar este difícil momento (Por ejemplo, el uso de pelucas, actividades recreativas, de relajación, la práctica de algún deporte adaptado a su estado físico, relacionarse con personas que hayan pasado por experiencias similares, entre otros); así como favorecer una comunicación abierta entre la persona enferma, su familia y el equipo de salud, con el fin de evitar que se establezcan cercos de silencio que lleven a que la información sobre la enfermedad sea limitada.
  • No la OBLIGUES a nada. Más bien, invítala a hacer cosas chéveres, siempre y cuando quiera y se sienta bien. La recomendación de Diana Castrillón es que le digas: “¡Maquillémonos!” “Busquemos turbantes y pañoletas lindas”. La idea es que seas una buena compañía para las locuras que se le ocurra hacer.
  • La psicóloga aconseja evitar actitudes lastimeras que la hagan sentir peor. “Trátala como una paciente normal, porque ella está en todas sus facultades”.
  • CUÍDATE tú también. “No podemos cuidar al otro en la medida en que nosotros no nos cuidemos y estemos bien”. Comprender que es fundamental darse tiempo para descansar y realizar otras actividades que no sean exclusivamente relacionadas con el enfermo; rotar en el rol de cuidador evita la claudicación o agotamiento físico y emocional y favorece la calidad del cuidado”, afirma Carolina Trujillo.
  • Cada mujer se adapta de forma distinta a su nueva situación. Si, por ejemplo, se siente fea y angustiada por su pelo o su piel, escúchala sin reprocharle nada, sin emitir juicios y trata de buscar una forma de ayudarla, con la que a ella le siente mejor.
  • Si se va a someter a cirugía, lo mejor es que esté informada de lo que va a suceder, y que esa información venga de una fuente confiable (su equipo médico y psicológico). En ese sentido, ella sabrá los cuidados que debe tener, lo que necesita y lo que sucederá después.
  • Aprende a ESCUCHAR. “Como amiga o familiar, bríndale espacios para hablar, para estar en silencio y aun así “estar” junto a ella, espacios para que esté sola y pueda darse lugar a pensar sobre sí misma, espacios de recreación, creatividad y una serie de actividades que ella vaya encontrando o descubriendo y que le sean funcionales para pasar esta difícil situación, centrándose en vivir el aquí y el ahora y en todo lo que favorezca su bienestar físico, emocional y espiritual”, finaliza Trujillo.

Las alarmas se prenden cuando…

Las enfermas de cáncer pueden presentar cambios en su estado de ánimo, bajan o aumentan de peso, les da inapetencia, astenia (fatiga) y agotamiento.

Ellas viven una nueva rutina: debe visitar más el hospital y a veces debe ser hospitalizada o aislada. “Es fundamental que tengas esto en cuenta ya que saber que tu amiga se verá enfrentada con todos estos cambios, va a permitirte entender la tristeza como una respuesta emocional natural que acompaña el proceso de enfermar de cáncer“, explica Trujillo.

Es normal que llore, que se ponga triste o que a veces no quiera ir a la quimioterapia porque le resulta maluco; también que se enoje o que no quiera hablar con nadie. Pero, Diana Castrillón advierte que hay que estar alertas ante conductas como éstas:

  • Cuando todo es absolutamente oscuro y negativo.
  • Cuando no quiere hacer nada y pierde interés en las cosas que antes le gustaban mucho.
  • Cuando la tristeza que tiene ya no es normal y llora todo el tiempo.
  • Cuando está muy agresiva.
  • Cuando mantiene una negación de su enfermedad y su situación.
  • Cuando hay intento de suicidio.

Lo ideal es buscar apoyo psicológico antes estas conductas.

Lo que NO debes hacer…

  • Evita la siguientes frases: “No, no va a pasar nada”, “Todos nos vamos a morir algún día”, “Yo me puedo morir antes que tú”, “Si lloras nos ponemos tristes”, “Tienes que ser fuerte”. Muchas de ellas la entristecen, le generan culpa y hacen que se quede callada y se trague todo lo que siente.
  • No la compares con otros pacientes, ni le hables del “conocido” aquel, quien tuvo un montón de complicaciones o lo salvó un milagro.
  • Buscar información en Google y redes sociales, solo podrían alarmarla, y muchas de ellas, carecen de validez.
  • Si ella no quiere que mucha gente se entere o que no sepan mayores detalles, sé discreta y no cuentes nada.
  • Pasar sus límites. Llega hasta donde la paciente te deje llegar.

Recuerda, acompañar es un acto de amor. Hazlo desde el corazón y la empatía; siendo capaz de escuchar más y hablar menos, respetando los deseos de la paciente y siendo parte de su proceso de curación de una forma tranquila y respetuosa.

Gracias a los aportes de:

Diana Castrillón Pérez, psicóloga de la universidad CES y especialista en rehabilitación neuropsicológica.

Carolina Trujillo Rodríguez, psicóloga de la Universidad de San Buenaventura (Medellín, Colombia), Especialista en Psico-Oncología de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (Buenos Aires, Argentina), Magister en Cuidados Paliativos, Universidad del Salvador (Buenos Aires, Argentina) y docente de la Especialización en Psico-Oncología de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (Buenos Aires, Argentina).

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Photo by Matthew Henry on Unsplash

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