Daniela Truzman / Periodista y editora / Panamá

Periodista de oficio, escritora de vocación. Millennial y fanática de la cultura pop

Cuando pensar demasiado es el problema

Cuando pensar demasiado es el problema

Cuando pensar demasiado es el problema

Eran las 12 de la noche y mis ojos estaban abiertos de par en par. Daba vueltas en la cama, intentando sin éxito, apagar mi cerebro y obligarme a dormir, pero qué va… A mi mente se le había ocurrido otros planes.

¿Les ha pasado que un pensamiento se les instala en el cerebro y sencillamente no se va?

Normalmente ocurre con algún problema no resuelto al que regresamos como si de una adicción se tratara. Comienza con una idea sencilla (“soy una mala madre”, “mi trabajo no me satisface”, “estoy ahogada en deudas”, “mi relación de pareja se estancó”) que va creciendo como una bola de nieve.

Miras todos los ángulos posibles ¡una, dos y diez veces! te haces preguntas sobre escenarios probables (y algunos no tanto), repasas conversaciones que tuviste (o ensayas las que quisieras tener) en un loop infinito que va cada vez más rápido hasta que te encuentras a medianoche con el corazón latiendo fuerte, frío glaciar en la boca del estómago y la cabeza funcionando como si se hubiera tomado una lata de bebida energizante.

¿Les suena? Yo lo viví el año pasado

“Encontré la respuesta a mi conflicto pensando en él una y otra vez hasta que tuve un ataque de ansiedad” ¡Mentira! ¡Esto no pasa!  Porque pensar compulsivamente en algo, lejos de resolver, nos añade otros problemas a veces mucho más graves que las situaciones que queríamos atender en primer lugar.

Rumiando ando

El término “rumiar pensamientos” es utilizado en psicología para describir esta situación en la que repensamos los problemas, tal y como los animales mastican una y otra vez los alimentos que devuelven desde el estómago.

Así me lo explicó la psicóloga María Elena Garassini, miembro de la Sociedad Venezolana de Psicología Positiva Internacional (SOVEPPOS Internacional). Para ella la rumiación es cuando se repiten locamente pensamientos descontrolados que tenemos cuando algo nos preocupa y nos genera emociones negativas.

El asunto corre el riesgo de empeorar cuando estas ideas aparecen no sólo antes de dormir, como me ocurrió a mí. En algunos casos puede abordarnos en el transcurso de nuestro diario vivir, cuando menos nos lo esperamos.

¿Puedo deprimirme de tanto pensar?

Sí y más rápido de lo que pensamos. Una cosa es detenerse para reflexionar sobre una preocupación o experiencia dolorosa que nos permita avanzar y otra es repasar las mismas escenas angustiantes en nuestra mente una y otra vez. En el primer caso, encontramos una liberación emocional; en el segundo, terminamos agotados (pues pensar, al final, es una actividad que requiere de mucha energía). Además, aumentamos nuestra probabilidad de caer en una depresión. De hecho, la rumiación está asociada con un mayor riesgo de volverte alcohólico (algunas personas beben para ahogar sus tristezas), caer en trastornos de alimentación (hay quienes utilizan la comida para manejar la ansiedad) y como aumenta nuestras respuestas al estrés psicológico y fisiológico, rumiar multiplica los riesgos de una posible enfermedad cardiovascular.

 ¿Por qué caemos en pensamientos negativos?

Porque nos resulta fácil y lo hacemos desde tiempos de las cavernas. Las emociones relacionadas con este tipo de pensamientos (como el miedo o la rabia) son respuestas inmediatas a problemas contra los que también lucharon nuestros antepasados. La ira nos hace querer atacar y la angustia nos impulsa a huir. Además son emociones más intensas y de más larga duración que las positivas.

Hasta ahí todo bien. El problema, me advirtió Garassini, ocurre cuando repetimos una y otra vez esos pensamientos y a su vez esas emociones “volviendo a tener las mismas reacciones fisiológicas del momento como sudoración, taquicardia, entumecimiento muscular que de manera prolongada producen estrés y segregación de hormonas que deterioran nuestro sistema inmunológico”.

Entonces hay que dejar de pensar cosas negativas y pensar más positivo. ¡Yo sé que no es fácil! Es como si les dijera en este instante que cierren sus ojos y NO imaginen a un oso panda gordito y juguetón comiendo bambú… ¿Pudieron? ¿Verdad que se veía tierno el panda?

Yo tampoco pude. Es que mientras más intentamos restringir a nuestra mente, más se empeña en aferrarse a esa idea. ¡Haz la prueba! Prohibirle a nuestro cerebro que piense en algo no funciona. Necesitamos romper con la cadena del pensamientos negativos con una acción controlada, como hacer un ruido fuerte, aplaudir o decir un enérgico “¡basta!” y luego enfocar nuestra energía en algo que nos produzca una emoción positiva ¡Lo que sea!

Puedes, por ejemplo, llevar un diario donde registres las cosas buenas que te pasan en el día o hacer un listado de las cosas que te hacen sonreír, explotar tu lado artístico, colorear mandalas, tomar clases de pintura o de escritura y, si lo tuyo es la tecnología, ¡practicar tutoriales en Internet!

La clave está en la constancia. Una de mis mejores amigas en medio de una depresión terrible, decidió aprender a maquillarse siguiendo los consejos de las gurús de belleza de Youtube. Le fue tan bien que guardó la comunicación social en un cajón (allí también metió la tristeza perenne que tenía) y hasta encontró una nueva profesión.

Al hacer actividades que nos producen emociones positivas, cambiamos nuestra forma de afrontar las situaciones porque nuestro cuerpo en lugar de funcionar a la defensiva se enfoca en desarrollar recursos personales de los que podemos echar mano para afrontar las dificultades de forma más creativa.

5 tips para combatir la rumiación según la psicóloga Marial Elena Garassini

  1. Reconoce que estás rumiando.
  2. Detecta todos los lugares, nombres o imágenes que evoquen el hecho que activa la rumiación.
  3. Aléjate de las malas noticias permanentes que dan en los noticieros o de personas tóxicas que no te aportan nada bueno.
  4. Busca distracciones saludables, que promuevan tu desarrollo personal: lecturas, buenas compañías y sobre todo ayudar a otros ¡Haz la prueba y ayuda a otros! verás lo bien que te vas a sentir.
  5. Haz ejercicio físico, así producirás endorfinas que promueven el bienestar y fortalecen el sistema inmunológico.

Para romper el círculo del pensamiento rumiante hay que esforzarse. No va a suceder por obra y gracia del espíritu santo. Lo más importante es saber reconocerlos, poner manos a la obra y no tener miedo de pedir ayuda si sientes que no puedes lidiar con ellos sola.

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Foto: Daniela Truzman

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