Psicóloga enfocada de la mujer y doula / Colombia

Soy una mujer conectada con la vida, dedicada al desarrollo del ser desde su integralidad. Madre de Matías, Psicóloga, Doula y Profe de Yoga Prenatal. Fui atravesada por la maternidad y con ella, conectada con todas las mujeres del planeta; es por eso que de muchos caminos recorridos, decidí quedarme caminando por éste: el de acompañar a otras mujeres en sus búsquedas, en sus encuentros, en la conexión con su esencia y por ende en su autenticidad.

¡Las malas madres y las madres perfectas nos tienen jodidas!

¡Las malas madres y las madres perfectas nos tienen jodidas!

¡Las malas madres y las madres perfectas nos tienen jodidas!

¿Quién dijo que existen las madres perfectas? ¿De dónde nos creímos tal cosa?

Vale decir que ante este imaginario de la perfección salimos un montón de locas a gritar que somos malas madres. ¿Entonces también nos creímos este otro cuento?

Y… ¿Qué es ser malas madres?…

Ser madre ha pasado por varios momentos históricos de la mujer. Inicialmente teníamos la responsabilidad de la reproducción y no era mucho lo que contara la decisión de querer o no ser madres; más adelante, aunque con un poco más de decisión, la maternidad era nuestro rol y a ello se debía nuestra entrega absoluta, una vocación donde nos convertíamos solo en madres y dejábamos de ser todo lo demás. Ahora, con más capacidad para elegir y la voz más fuerte, estamos decidiendo ser madres como un complemento al resto de cosas que queremos seguir siendo.

Sin embargo, en este puente entre la mamá abnegada y completamente dedicada, que dejó todos por sus hijos (la vocación), y aquella que quiere serlo sin renunciar mucho a lo demás (maternidad como complemento); se está dando una pelea en el que casi que, con el certificado de nacido vivo de tu hijo, te entregarán una ficha en la que tienes que firmar el bando al que vas a pertenecer.

Instrucciones para diligenciar el formulario: Señala 1 si escoges el bando de las madres perfectas; señala 2 si sientes que serás una mala madre

Y entonces aparece la mujer del medio, la humana de carne y hueso que se ha permeado de esta información (sobredosis de contenidos), que medianamente conoce lo que se le avecina con la maternidad, que viene con la información de las abuelas y su madre (claro… y la de la suegra), pero que además viene con la de las amigas, los programas de crianza y lo que le dice la o el profesional que la está atendiendo.

Esta mujer solo ve crecer a su bebé, y todo lo que le dicen hasta ahora solo resuena unos minutos; después lo deja pasar porque lo realmente importante le está sucediendo en la panza, para lo demás ¡ya habrá tiempo!

Pero una vez que nace el bebé comienzan los reclamos y las frases que minan su seguridad y capacidad como mamá; inician las comparaciones con su propia crianza y cómo ha cambiado todo hoy en día; aparecen también las mamás de las nuevas innovaciones de crianza que afirman que “no todo tiempo pasado fue mejor”.

Y es hasta que esa mamá, pasados unos meses y tomándose un respiro, toma consciencia de su propio lenguaje (lo que defiende y a quién ataca), y comprende que ha caído en la red y ha firmado sin darse cuenta el bando al que pertenece.

¿Cuándo empezamos a pensar que salir a tomar un algo con las amigas es cosas de malas madres? ¿Cuándo creímos que sólo tener conversaciones con nuestros hijos es de madres perfectas? ¿Cuándo creímos que querer tener un rato a solas es de malas madres? ¿Existe una madre perfecta que nunca se sature del ruido, las demandas y las interrupciones en el baño? ¿Quién dijo que regañar o no, nos hace perfectas o malas madres? ¿Quién dijo que hablar de nuestros hijos en cada conversación nos hace madres perfectas o por el contrario querer simplemente hablar del clima nos hace malas madres?

Que algunas no nos hayamos derretido cuando vimos por primera vez a nuestros hijos, es un asunto de hormonas ¿eso nos hace malas madres?, ¿Y las madres perfectas son las que parecieron de comercial con lágrima y drama a bordo?…

Podría seguir con las preguntas, pero creo que mi punto quedó claro.

Creernos las madres perfectas, solo es un juego en el que hemos decidido entrar para, muchas veces, complacer a nuestro entorno.

El asunto es que cuando nos damos cuenta de que no podemos ser perfectas, la frustración azota con toda, no tiene compasión y la culpa nos mueve aún más fuerte a entrar de nuevo en el interminable pero muy agotador círculo de la perfección.

Hemos elegido denominarnos “malas madres” ante lo que de fondo consideramos que deberíamos hacer, pero no hacemos, ante lo que la sociedad nos ha dicho que debemos hacer y no queremos hacer, ante lo que las mamás “supermamás” hacen con sus hijos y a nosotras no nos sale de manera natural o no nos da la gana hacer.

Todo esto sin que nos demos cuenta de que nos estamos perdiendo de lo que sí hacemos, de lo que sí damos, de lo que sí sentimos y compartimos. Porque crean o no, esta frase, poco a poco, está haciendo mella en nuestra alma.

Cada vez que decimos que somos una mala madre o una madre perfecta, nos estamos perdiendo de conocer y aceptar a esa mujer que somos, tan mala como perfecta en nuestra propia humanidad.

Porque la mejor madre es la que se mira al espejo y se cae bien, la que no necesita compararse, la que no hace o deja de hacer por buscar aprobación, la que sigue conectada consigo misma, la que procura una coherencia entre lo que siente, piensa y hace, la que entiende que no debe escoger bando porque ella es los dos.

Foto: Unsplash

¿Quieres saber más sobre la psicóloga Diana Rendón, mejor conocida como “Diana de la Montaña”?

Te contamos que ella ha diseñado diferentes espacios para cada momento de la mujer donde se sentirá recibida, contenida, aceptada y acompañada, a través de:

*Acompañamiento terapéutico (consulta presencial y online)

*Preparación y educación para el parto

*Yoga para gestantes

*Talleres

¿Quieres ponerte en contacto con ella?

 

Whatsapp: +57 3012928133

Instagram: @DianadelaMontana

Página web: http://dianadelamontana.com/

Blog: http://dianadelamontana.com/blog

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