Periodista / España

Entre los libros y las películas, me tocó vivir en la realidad, así que la escribo para tratar de que se vea mejor. Me alimento del poder de cada historia, por eso quiero saberlas todas. Como buena perfeccionista, me cuesta admitir que cometo errores, así que decidí bloggear para obligarme a aprender de mí misma y mejorar mis proyectos. "Lo intenté, fallé y aquí voy otra vez" (bis).

#MeToo: las palabras que me devolvieron la perspectiva

#MeToo: las palabras que me devolvieron la perspectiva

#MeToo: las palabras que me devolvieron la perspectiva

No sabía de qué iba #MeToo. El primer post que leí fue el de una amiga que era bastante críptico, pero lo descifré porque sabía de los abusos que había sufrido.

Sabía también que no era algo que había hablado abiertamente, por lo que me sorprendí de leerlo; luego, leí el de otra y luego otra, y luego otra. Me sentí francamente abrumada. Sentí pena, lástima por ellas, pero mientras más las leía, más similitudes encontraba con cosas que me habían pasado a mí.

Hasta que me di cuenta de que yo también había sufrido lo mismo. De esa forma entendí dónde estaba mi falla: se nos ha hecho tan usual, que lo dejamos pasar.

Entre el torbellino de emociones que sentí al admitirme a mí misma que YO TAMBIÉN había sido asaltada sexualmente, me enfoqué en hacer algo positivo al respecto, como lo estaban haciendo las valientes de mis amigas.

Me uní tratando de recordar cuáles eran las veces que me había sucedido. Había incluso bloqueado una de las más agresivas (cuando decidieron apretarme el trasero mientras caminaba por una discoteca), y me sentí asqueada cuando me percaté de que dos profesores me habían irrespetado.

Fue esclarecedor, y me sentí hasta tonta, al comprender que el asalto sexual viene de todas las formas y colores. Desde un grito en la calle, hasta un acto sexual no consensuado.

Dentro de los mensajes en mi estatus de Facebook me topé con una opinión alarmante, pero fue esa la que hizo que todo sobre esta campaña encajara. Fue interesante, porque me hizo entender que no era la única que tenía un problema para ver que un comentario fuera de lugar sobre tu aspecto es, de hecho, una forma de agresión.

También me llevó a corregirle que el hablar del problema no es hacernos las víctimas. Y es así como he llegado a las siguientes conclusiones sobre todo el escándalo Weinstein, la magnífica idea de Alyssa Milano de revivir esta campaña y hacernos compartir nuestra historia y sobre mi amigo de Facebook (quien no estaba solo en la opinión que tenía –me gustaría pensar en pasado, luego del debate-):

  • La línea entre el piropo y la babosada no es para nada delgada. Si un hombre desea hacer un cumplido, puede hacerlo. Si desea ser un agresor verbal, es a conciencia. Y si no me creen, quisiera verlos intentar hacerle un cumplido a su mamá, a ver si les sale de forma irrespetuosa.
  • Que el problema es de respeto. Desde el que grita, al que toca, al que viola. Y se debe condenar cualquiera de esas acciones.
  • Es hora de despertar y dejar de asumir que las cosas son como son y nada podrá cambiarlas. Y para eso hay que darle visibilidad al problema. Sí, está mal que:
  1. Nos griten de forma indecente en la calle
  2. Que crucemos la acera cuando vemos un grupo de hombres que nos mira de forma agresiva para evitarlos
  3. Que decidamos no ponernos cierta ropa por miedo a que nos miren lascivamente,
  4. Que digamos NO pero que insistan y se acerquen forzosamente,
  5. Que la única razón por la que te dejen en paz es porque estás con otro hombre y no porque así lo pediste tú,
  6. Que te ridiculicen en público porque alguna parte de tu cuerpo resalta sobre las demás,
  7. Que te toquen sin permiso,
  8. Que te hagan bajar la cabeza para evitar los ojos y la frase ofensiva,
  9. Que te provoquen tensión en el cuerpo mientras caminas,
  10. Que tengas que moverte con las manos cubriéndote el pecho o el trasero en una discoteca,
  11. Que no te inviten a bailar sino que se te peguen por detrás.

Absolutamente TODO está mal.

No somos víctimas. Somos valientes, por desafiar el status quo, por intentar cambiar el rumbo de las cosas, por buscar devolverle el cauce al respeto (no por ser mujeres, sino por ser humanas).

Así que #MeToo, pero no lo dejo pasar más.

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Foto por Atikh Bana en Unsplash

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