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Mi propia historia

Mónica

Colombiana, viviendo en Valencia-España.

Mi esposo y mi hijo pequeño pelean todo el tiempo

Mi esposo y mi hijo pequeño pelean todo el tiempo

Mi esposo y mi hijo pequeño pelean todo el tiempo

Las trasnochadas se acaban, los cambios de pañales terminan y al final, un buen día, el niño va solo al baño y ya ni siquiera oyes el: “¡Mamá ya!”.

Creo que cada etapa tiene lo suyo, pero siento que cada una tiene un grado de agotamiento mental que en lugar de decrecer… ¡Aumenta! Al menos para mí.

Algún día cuando me quejaba de las noches sin dormir y de la soledad de la maternidad fuera de mi país, alguien con mucho sentido común y poco de consejera me dijo: “Hijos pequeños, problemas pequeños …. hijos grandes… Ya ustedes saben”.

Y hoy, día en que me siento agotada mentalmente, lo recuerdo y digo: ¡Qué razón tenía!

¡Creo que mi agotamiento actual ya no reside en las trasnochadas, ni en los mocos! Tampoco en las luchas porque mi hijo coma o no.

Mi agotamiento es el resultado de la necesidad de estar conectada continuamente con mi hijo de 5 años y mi marido de unos cuantos más, y de andar apagando incendios, aquí y allá, con el fin de llevar la fiesta en paz.

Y es que la situación es la siguiente: Mi esposo se siente retado y desafiado continuamente por nuestro hijo.

Él siente que está en una guerra de poderes donde él debe ganar a como dé lugar.

Tanto él cómo mi hijo tienen temperamentos fuertes y cuando explotan, chocan demasiado.

A mi esposo le cuesta reconocer que por medio de la fuerza –o los castigos- nuestro hijo no funciona.

Así que intento varias maneras de remediarlo:

  1. Le envió artículos interesantes al respecto, para que cuando se sienta tranquilo los lea solo.
  2. Busco los momentos en los cuales estamos solos y tranquilos para darle mi opinión sobre manejos del niño que no me convencen.
  3. Prefiero asumir yo “sola” parte de la gestión emocional del día a día de mi hijo, para que no choque con la de él.
  4. Busco espacios de apoyo con mis amigas con hijos de la misma edad, para desahogarme y sentir que no soy la única que lo vive.
  5. Leo y escribo mucho…. Eso me ayuda a canalizar lo que siento.

Pero estoy agotada. Agotada de estar continuamente respondiendo preguntas a un niño que espera respuestas para forjar sus creencias, y de estar justificando actuaciones y maneras de un adulto que a veces olvida que el amor significa respeto, paciencia y aceptación.

Amor para respetar, para educar con firmeza dentro de la aceptación y para recordar que es importante continuar haciendo equipo… Así a veces nos cueste, así a veces sintamos que vamos por caminos diferentes.

No soy partidaria de los gritos (aunque grito más de lo que me gustaría), y prefiero parar, contar hasta 10 y luego corregir algo cuando está mal.

Creo que reconocer y aceptar las particularidades de tus hijos es clave para poder educarlos de manera sensata.

E intento flexibilizar muchas veces las situaciones que a lo mejor para mí son inadecuadas, pero para un niño de cinco años hacen parte de su aprendizaje, curiosidad y exploración.

Para mí, la etapa con un niño preescolar requiere mucha tranquilidad mental, mucha decisión, pero sobre todo mucho amor. Eso es algo que he hablado mucho con mi esposo.

Mi marido es un papa súper involucrado desde el principio, él cambio pañales, trasnochó y alimentó igual que yo; pero el tema de su gestión emocional jamás ha sido bueno, y ahora que mi hijo es mucho más persona, se torna complicada la situación entre ambos.

Creo que cada etapa tiene lo suyo, pero siento que ahora estoy delante de un momento crucial y es el de ofrecerle todas las herramientas para que el proceso emocional de mi hijo sea muy estable. Esto conlleva preguntas, cuestionamientos, rabietas, malos y buenos comportamientos y a su vez una observación y copia absoluta de todo lo que  hacemos como papás.

Entonces vienen los cuestionamientos, las comparaciones, los reproches y las dudas; todas juntas y muchas veces al día (de lado y lado).

A pesar de todo, solo les diría que vale la pena creer en nuestro sentido común y aceptar más a nuestro hijo tal y como es. Así que toca parar, recalcular y continuar.

¿Han estado en una situación similar? ¿Qué me recomiendan?

Foto por: Johann Walter Bantz en Unsplash

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