Periodista / España

Comunicadora de profesión. Amante de la ironía, el humor y de las buenas historias. Vivo en Madrid, pero tengo la mente repartida por el mundo.

Tenía mucha ansiedad y me pinté una solución

Tenía mucha ansiedad y me pinté una solución

Tenía mucha ansiedad y me pinté una solución

Debo reconocer que mi vida diaria ha mejorado considerablemente desde que me mudé a Madrid hace casi tres años.

Pero también he de confesar que en casi tres años no he tenido ni un solo p*t% segundo de paz. Mi vida madrileña discurre entre trámites legales, visados, abogados, mails, envíos de documentos al otro lado del mar, interminables esperas y una profunda incertidumbre.

Hace unos meses llegué a mi punto crítico: enfermé del estómago, la tensión me causó una lesión en el cuello y (obviamente) se me agrió el carácter. En ese momento, en el que a mis dramas cotidianos se le sumaron malestares físicos, fue cuando tomé la decisión de hacer algo al respecto.

Mi primera opción fue retomar el ejercicio que, aunque nunca ha sido mi fuerte, es lo que todos me recomendaban. Se me dio bien un par de semanas pero lo abandoné, porque intentar apretar una rutina de ejercicios en mí (ya complicado) calendario de tareas y trámites, era solo una fuente extra de estrés. Next!

Los días que siguieron probé con tés de hierbas, ejercicios de respiración y hasta con una app de meditación. Nada. Fue entonces cuando me tropecé con un artículo sobre libros de colorear para adultos y me dije a mí misma: “Mímisma, no tenemos nada que perder… Solo unos 9 euros”. Así que fui a una tienda de cómics que a mi novio le gusta mucho y me compré un libro de colorear que ponía “para adultos”… pero era de Star Wars (no me juzgues).

El resultado fue casi inmediato. Tras unos días y varias páginas pintadas, me sentía mucho más tranquila y capaz de afrontar mis inevitables problemas de inmigrante con cabeza fría. Tal fue mi satisfacción con el librito que decidí investigar un poco sobre las razones que hacían que esta actividad tan sencilla fuese tan increíblemente efectiva.

Entre las teorías que más me llamaron la atención conseguí una muy “milenaria”, y es que colorear parte del mismo fundamento que las artes zen: la concentración.

Al igual que el origami, el ikebana y la caligrafía japonesa, colorear hace que dirijamos toda nuestra atención a una sola actividad. Además, en la medida en que la tarea sea más minuciosa, mayor será la concentración que dediquemos a ella y nuestra energía se canalizará naturalmente.

Desde un punto de vista más occidental, colorear se ha utilizado por muchos años en tratamientos terapéuticos para niños con deficiencias cognitivas y en adultos con problemas psíquicos. Los beneficios que aporta colorear a la salud mental (y emocional) son muchísimos, pero los que considero más sorprendentes son:

  • Mejora la concentración (obviamente) y la coordinación psicomotriz
  • Actúa como relajante
  • Ayuda a calmar los nervios y canalizar las emociones
  • Permite a las personas encontrar estímulos y refuerzos positivos

Después de conocer todas estas bondades, he decidido que en mi vida este es un hobbie que llegó para quedarse y lo recomiendo plenamente porque… aquí van los beneficios que yo le he encontrado desde la más profunda banalidad:

  • Es una práctica efectiva y que requiere una inversión mínima de dinero
  • Se puede incluir fácilmente en la rutina diaria
  • Consume muy poco tiempo del día
  • No requiere conocimientos o preparación previa
  • Puede resultar en el descubrimiento de inquietudes y habilidades artísticas (vamos a aceptarlo, estaría genial ser una artista de Instagram)

Así que yo te recomiendo que si tienes ansiedad, sufres de mucho estrés o necesitas distraerte… ¡Píntate un bosque y piérdete!

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