Jéssica Pinto / Docente / Venezuela

Tengo 28 años, y soy docente, madre, hija, hermana, amiga y feminista.
Caracas, Venezuela.

Una historia de abuso infantil

Una historia de abuso infantil

Una historia de abuso infantil

Cuando tenía alrededor de 7 años, mi papá nos llevó a mi hermano pequeño y a mí a un juego de béisbol de la empresa donde trabajaba. Naturalmente, después del juego nos quedamos un rato para compartir con los amigos de mi papá y sus hijos, quienes eran contemporáneos con nosotros, así que aprovechamos para jugar también.

En ese momento, noté que un guardia de seguridad nos observaba mientras jugábamos (no estábamos a la vista de nuestros padres), así que se nos acercó para decirnos que nos podía llevar a un parque que había cerca, pero debíamos esperar que oscureciera un poco más para que no nos vieran entrar, ya que estaba cerrado.
Nosotros esperamos, pero los demás niños perdieron el interés en el parque, así que solo nos llevó a mi hermanito y a mí. Yo era la mayor, así que era la responsable de cuidarlo. El parque estaba cerrado y no pudimos pasar, el guardia le dijo a mi hermano que volviera con los otros niños y así lo hizo, pero a mí me apartó a unas escaleras cerca del campo de béisbol, donde no se acercaba nadie y aprovechó para tocarme, besarme, bajar mis pantalones y mi ropa interior y tocar mis partes íntimas.
Yo intentaba soltarme, pero él era un adulto y por tanto tenía mucha mas fuerza que yo… Hasta que vio la luz de una linterna y escuchó la voz de otro guardia de seguridad, y me soltó. Me fui corriendo hasta donde estaba mi papá y le dije que quería irme a casa porque me dolía el estómago.
Jamás le dije nada porque pensé que yo había tenido la culpa por haber confiado en ese asqueroso hombre… Lo que me hizo a mí, seguramente se lo hizo a otras niñas.
Siempre me pregunté: por qué yo, ese hombre se aprovechó de mi inocencia y nunca dije nada… ¡Y él no fue castigado! El papel de los padres es fundamental en cómo las niñas aprenden a ver el mundo y en cómo se sienten con ellas mismas. No me siento víctima, pero imagino qué tan diferente hubiese sido esa situación si me hubiesen enseñado a enfrentarla o evitarla…
Cuento esto, porque ahora tengo un hijo y quiero educarlo para que sepa que nadie puede tocar su cuerpo si él no lo quiere así, y que él no puede tocar a nadie si esa persona se opone; que sepa que puede confiar en mí para que lo proteja si algún día se ve en una situación que lo afecte negativamente.
Mi hijo tiene casi 4 años, le enseño a respetar su cuerpo y el de los demás, hablándole sin tabúes de acuerdo a su edad y preguntas. Siempre le digo que puede confiar en mí, y si algo o alguien no le gusta o le incomoda,  puede decírmelo. Sus partes privadas solo pueden tocarlas él y yo cuando lo aseo. Y bueno, trato siempre de tenerlo a la vista, dándole libertad dentro de los límites.
A las mamás les recomiendo: tengan un sistema de crianza basado en el amor, respeto y confianza, eso ayudará a sus [email protected] en la formación de su autoestima y empatía, y por consiguiente ellos disfrutarán hablar con ustedes y contarles sin miedo lo que los asusta.

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