El test de placer
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Anónimo

Madrastra de tres.

¡Yo soy madrastra de 3!

¡Yo soy madrastra de 3!

¡Yo soy madrastra de 3!

Soy hija única del segundo matrimonio de mi papá, quien ya venía con un paquetico de 9 hijos -no hay décimo malo-. Por lo tanto, mi mamá siempre me pidió que no me enamorara de un hombre divorciado con hijos (pero parece que sus plegarias no fueron suficientes).

Durante mi infancia, mi mamá y yo vivimos desplantes incómodos y tristes de parte de algunos de mis hermanos, (afortunadamente eso pasó y ahora todos nos quieren); quizá eso me motivó a tratar de hacer todo bien desde el principio cuando supe que ese hombre que se convertiría en mi amor, venía con 3 hijos ¡sí, 3! Uno de 17, una de 12 y uno de 10 años.

¡Tremendo paquete! ¿no?

Cuando empezamos a salir, me daba algo de miedo “el paquete”, pero ya estaba enamorada, así que seguí adelante, hasta que llegó el día de conocer a dos de los tres hijos (los menores).

Me arreglé como si fuera a una boda -y solo íbamos al cine- y casi tatué una sonrisa en mí… ¡Juro que realmente quería caerles bien!

Ese día debo admitir que… ¡Fue genial! Mi esposo -novio para entonces-, no cabía de la felicidad, pues sus hijos y su novia habían hecho “clic”, y yo me sentía poderosa, hasta pensé que no era tan difícil como se escuchaba por ahí… (inserte comentario jocoso: ____________).

No pasó mucho tiempo para que la niña comenzara a rechazar un poco al papá y se rehusara a compartir con él, ella sólo quería estar con su mamá; era evidente que ya la novia del papá la estaba afectando, entonces empecé a dimensionar aún más el tamaño del “paquete” con el que venía mi novio, y comencé también a incomodarme con eso de tener novio un fin de semana sí y un fin de semana no.

Supongo que ya saben de qué hablo. Además de que por varios meses, él prefirió dedicarse exclusivamente a sus hijos.

Aún así, yo seguía firme y enamorada, siempre pensando: “ellos crecerán y harán su vida, y yo tendré a mi amor solo para mi”. Porque sí, las madrastras todas, por malas o buenas que seamos, muy en el fondo somos egoístas y soñamos por momentos con una pareja full time como muchas otras mujeres ¿o no? (Bruja, sal de este cuerpo).

Así pasó el tiempo, y yo me fui involucrando más y más en esos fines de semana compartidos, y estos dejaron de pesarme, les tomé cariño real y los consentía con todo como si fuesen míos. A pesar de algunos altibajos, todo parecía marchar bien, hasta que luego de casi dos años, cenando en casa de mi novio, salió el tema de los hijos…. y en medio de la discusión, él me dijo: “yo ya tengo 3, no me hace falta más”

 

…M O R Í  L E N T A M E N T E

 

…No sabía si insultarlo o simplemente llorar. Finalmente, hice ambas cosas, me pareció lo más egoísta del mundo, y que además ponía en jaque nuestra relación, porque yo SÍ quería hijos.

Pasaron par de meses desde ese día, y en un descontrol hormonal ¡Quedé embarazada!

Pensé: “Madre soltera seré, porque él no quiere hijos”.

Pero ahí comprobé que aquel comentario tan egoísta había sido de la boca para afuera, porque él se puso muy feliz con la noticia. Vino la boda (a la que por cierto solo fue su hijo menor), ¿De mal gusto? Sí, pero eso no podía arruinar mi boda, ¡Había demasiados motivos para sonreír!

Par de meses pasaron y ¡Nació nuestro hijo!

Y aunque mi esposo ya tenía 3, nunca había visto nacer a ninguno, ¡pero con el nuestro sí, y no sabes la alegría que eso generó en mí, porque al menos sabía que una sensación nueva estaba viviendo con su cuarto hijo!

Porque sí, vamos a estar claros, si tienes hijos con un hombre con hijos previos, sabes que siempre está esa vacía sensación de “nada es nuevo para él, ya ha sentido esto antes”; entonces decidí no pensar más en eso y en cambio, quise involucrarlo en todo, que lo viviera de la mejor forma… Además, era una esposa nueva, ¡Ya eso hace todo diferente!

El día del nacimiento de nuestro bebé, sus hermanos no fueron a la clínica, conocieron a su nuevo hermano días después, y así fue pasando el tiempo, yo más pendiente que nunca de ellos –mis hijastros-, que no les faltara nada, compraba cosas para mi hijo y para ellos, siempre he querido que tengan lo mejor, a fin de cuentas, son los hijos del hombre que amo, si fuese al revés adoraría que mi nueva pareja tratara a mi hijo con respeto y sin mezquindad.

Por esos días, una de mis mejores amigas me regaló el libro de Floralicia Anzola Señora madrastra”, y me dijo “porque tú eres tan buena como ella, ¡te gustará!”

Y claro que me encantó, pero la periodista y productora de televisión, Floralicia, es otro nivel con sus hijastros ¡digno de admirar!

Por cierto, si te preguntas “¿Y la mamá de tus hijastros qué?” Pues bien: relación cordial, pequeñas conversaciones, conoce y trata con cariño a nuestro hijo, una relación sana por la paz de todos y siempre pensando en romper ese patrón de “la malvada madrastra” eso, ¡ya no está de moda!

Cuando mi hijo cumplió dos años, nos mudamos de país, entonces, su hija, que ahora tiene 19 años, se mudó también a vivir con nosotros … ¿Fácil? No… ¿Dificilísimo? No… ¿Diferente a lo que quisiera? En parte… ¿Se complica la crianza de mi hijo con las costumbres de ella? ¡Un rotundo sí! De las cosas más difíciles para mí, pero todo se aprende a manejar, tanto, que te terminas dando cuenta de que puedes hacerte coach en inteligencia emocional.

Con su mudanza comienzo a padecer de nuevo los gajes de ser “madrastra”, la lucha interna entre “quiero vivir mi familia normal-solo nosotros” Vs. “Son sus hijos, ¿Y si fuese al revés y son mis hijos los que quedan en un país difícil?”

Hay una delgada y delicada línea entre esos dos puntos, y es con la que toda mujer que se enamora de un hombre con hijos –y obviamente buen padre- debe aprender a vivir y a manejar. Sí, es el precio de ese amor, ¡pero ya va! Tampoco te desanimes, no es el fin del mundo, no son los 365 días del año de estrés, ¡no! Son momentos aislados, que, por el bien de todos, debemos tratar de manejar justamente, sin olvidar jamás que son “sus hijos”, y además que mi hijo tenga hermanos jamás puede ser algo malo, ¡al contrario!

Es la vida que decidí vivir, y agradezco que a pesar de todo tengo buenos hijastros… porque los hijastros de una de mis mejores amigas, no son muy cordiales con ella, por no decir que pueden llegar a ser groseros… ¡También tengo una prima con una madrastra difícil!, la trataba mal, hablaba malísimo de ella con el papá, y no le gustaba que el papá le regalara nada a su hija… En fin.

Entonces ahí me doy cuenta de que voy bien en el camino de ser una “señora madrastra”, y que lo mío es un paraíso comparado con lo que muchas madrastras tienen que vivir, porque en este mundo de “mi pareja viene con hijos incluidos” ¡hay de todo! hay madrastras malas y buenas, hijastros que se vuelven más hijos que los propios e hijastros del #^£\¥*%!

Hoy tengo una relación cordial con mis hijastros, ellos me respetan mucho; algunas veces me cuentan cosas, otras veces me siento ignorada, pero tenemos una relación cordial.

Así que madrastras, esto es lo que quiero decirles:

  • Jamás intentes ser mamá, porque la mamá es SU mamá, no tú.
  • Podemos ser amigas, pero no trates de ocupar el espacio de su mamá.
  • Respeta a la mamá de tus hijastros y las decisiones que tome, por muy loca que te parezcan.
  • Mantente dispuesta a… (no predispuesta a…) ganarte y darles cariño, a dar y a recibir. Para mí es clave. Si te predispones, pierdes.
  • Lo más difícil es lidiar con la crianza de ellos, entonces se complica la situación. Así que canaliza todo a través del papá.
  • Paciencia, comunicación sin atacar con tu pareja para expresar lo que sientes.
  • Nunca atacar a los hijastros, recuerda siempre que son los hijos de la persona que amas.
  • Muestra simpatía.
  • No le quites los espacios que ellos tienen con su papá.
  • Cada salida con ellos, deben ser centradas en ellos, en lo que quieren ¡Que se sientan importantes y respetados!
  • Si te nombran a la mamá, no les pongas mala cara ¿Por qué vas a hacer eso?

Foto: Pixabay.

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