Cómo empecé a criar a mis hijas sin gritos (Parte II)

Cómo criar a mis hijos sin gritos

En el post pasado, les conté cómo comencé a educar a mis hijas sin gritarles.

Me encantaría decir que los gritos desaparecieron en mi casa, pero no, la realidad es otra. Me siento como una atleta que se ha esforzado mucho: no va en la mitad del camino, está cansada, está en subida, con el viento en contra y en medio de una tormenta.

Por momentos pienso en desistir, pero aparece alguien haciéndome barra y continúo.

 

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Los últimos meses en mi vida no han sido fáciles. Malas noches, mi hija enferma, algunos temas familiares complicados y el proceso que emprendí de educar sin gritos me han llevado a modificar muchos de mis comportamientos y rutinas, y me generan un desgaste emocional, físico, traducido en estrés, impaciencia y tristeza.

Así que decidí buscar ayuda profesional, porque no estaba logrando lidiar con tantas cosas (sentimientos) al mismo tiempo. Confieso que no fue fácil tomar la decisión. Sin embargo, tenerla ha sido una gran bendición.

Me ha ayudado a mejorar mi salud emocional, al trabajar en mi inteligencia emocional. He logrado entenderme y logré desempolvar algunas heridas y traumas del pasado, que estaban afectando mi presente.

Este tema no es nuevo en mi vida, ya había practicado algunas cosas, pero no tan profunda e intensamente como ahora.

Fue sorprendente darme cuenta de que mi niña interior estaba muy herida. Pasé por algunos procesos de sanidad interior; sin embargo, hay cosas que están tan profundas en nuestro ser que no son tan fáciles de detectar. Pero en la medida que queramos mejorar y evolucionar, esas cosas van saliendo.

No voy a decir que es un proceso fácil, porque es doloroso y fuerte. Hay que estar dispuesto a pararse frente a frente con el pasado, con el dolor, la rabia, la impotencia, la frustración, con recuerdos, etc. Pero desde mi experiencia, vale mucho la pena invertir tiempo y ganas en este tema.

“No hay niño que requiera más atención que aquel que un día fuiste. Recuérdalo. Acógelo. Sánalo.” Rafael Vídac

 

¿Cómo está tu niña interior?

Muchas veces nos sentimos frustrados porque la maternidad no es lo que esperábamos. Sentimos que es difícil y que es una carga muy pesada. Creo que lo que no nos permite disfrutar este hermoso viaje, es el cargamento tan pesado que tenemos dentro: nuestras heridas, miedos, frustraciones, odios, traumas e inseguridades de la infancia.

Ser mamá no ha sido fácil para mí.  Lo que más deseo es disfrutar este viaje, con los altos y los bajos. Es por esto que emprendí este proceso de cambio y mejoramiento. Como padres, estamos tratando de hacer nuestro mejor papel, pero hay algunos patrones de comportamiento que no son saludables y que pueden cambiar con un poco de esfuerzo y dedicación.

Paremos por un momento, observémonos, analicémonos y tengamos un poco de misericordia con nosotros mismos. Con nuestra niña interior. Haz las paces con tu pasado y dale un abrazo a esa niña que tanto lo necesita.

 

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Esto es un proceso de paciencia, constancia y, sobre todo, de ganas de cambiar y trascender. Sin tantas cargas, falsas creencias y miedos que a lo largo de la vida se han ido sumando. Es un proceso que nunca acaba. Siempre hay algo que mejorar y aprender.

Siempre necesitaremos más paciencia y tolerancia para las situaciones que se nos presentan en la vida.

Ahora que la marea esta calmada, veo el paisaje diferente. Ya no veo las cosas desde mi desespero, mi impaciencia, mi deseo de control y mis heridas. Trato de ver las cosas como son.

Sufrimos porque las cosas no son como las imaginábamos y no logramos disfrutar la realidad como es. A pesar de los momentos dolorosos que este proceso me trajo, solo puedo agradecerle a Dios por pasar por esto y por haber puesto en mi camino esas situaciones que me han ayudado a crecer y a esas personas claves que me han ayudado de alguna u otra forma.

Hoy estoy completamente convencida de que nuestros hijos vienen a cambiarnos. No somos nosotros los que los cambiamos a ellos. Nosotros somos sus guías, sus compañeros y muchas veces sus brújulas. Si no entendemos esto y nos aferramos a nuestro deseo de control, nuestro viaje por la maternidad puede resultar en una lucha de poderes, llena de frustraciones.

 “Los niños son maestros que vienen a enseñarnos con sus acciones y emociones, son una guía para nuestro despertar”.

En los últimos meses he trabajado mucho por oírme, entenderme, consentirme y darme la importancia y el lugar que merezco. Esto es algo que nadie puede hacer por nosotras y les aseguro que nuestros hijos nos lo agradecerán.  Ellos merecen mamás sanas que les den lo mejor que tienen y no lo peor.

Nosotros merecemos disfrutar este viaje de ser padres. Estoy segura que todos queremos un mundo mejor para nuestros hijos. La mejor forma de hacerlo es criando generaciones sanas, libres, que se conozcan y se preocupen por alimentar su interior.

En conclusión, los gritos y la agresividad en mi día a día disminuyeron considerablemente. No porque mis hijas estén haciendo lo que yo esperaba que hicieran o que tengan un comportamiento excelente. Mucho menos porque encontré el método perfecto de crianza.

Sencillamente CAMBIÉ YO y esto hizo que todo cambiara. Sé que me falta mucho camino por recorrer, pero me siento muy a gusto con lo que he logrado hasta ahora.

Hoy lo único que quiero decirles es que vale la pena emprender este cambio. Todo empezó porque no estaba a gusto con mi forma de corregir y sobre todo de reaccionar frente a mis hijas. Eso se convirtió en un interesante viaje de sanidad, aprendizajes y de entender la grandísima responsabilidad que como madres tenemos de dejar un buen legado.

En mi caso esa es mi mayor motivación. Quiero transmitirles a mis hijas lo mejor de mí y ayudarlas en su camino para que sean personas libres, auténticas y felices con ellas mismas. ¿Y tú? ¿Qué le estás dando a tus hijos?

“Áquellos que son capaces de sacarnos de quicio y encolarizarnos a la menor provocación son nuestros verdaderos maestros espirituales” Wayne Dyer