Cómo sanar tu niña interior para tener la vida que quieres

Cómo sanar tu niña interior
– Cómo sanar tu niña interior-

 

Si creías que tu infancia no afectaría tu desarrollo profesional, pues estás equivocada, tu niñez está directamente relacionada con los obstáculos que estás teniendo para alcanzar tus metas.

Las heridas de nuestra infancia influyen en la imagen que tenemos de nosotras mismas y también en las creencias que tenemos respecto a lo que merecemos, a lo que podemos lograr y de lo que somos capaces (o no).

Identificar qué heridas de tu niñez están afectando actualmente tu desempeño, permitirá ir hacia adelante con confianza

¿Te pasa que has hecho miles de talleres, terapia o coaching; has leído miles de libros e incluso te sigues preparando más cada día, y sin entender por qué, aún sientes que algo te frena, que todavía tienes miedo al rechazo o a equivocarte, y que por más que lo intentas, aún no puedes manejarlo?

Te cuento que lo que está pasando es que está interfiriendo tu niña interna herida.

En nuestra infancia tenemos experiencias que afectan nuestra confianza cuando somos adultas

María recuerda aquella navidad cuando tenía siete años, y su padrastro les regaló a sus tres hijas aros de oro y a ella una muñeca. Recordarlo le causa tristeza y toma consciencia de que sintió mucha tristeza y se sentía inadecuada.

Lo interpretó a esa edad como que ella no lo merecía, no era importante; si lo hubiese sido, habría merecido lo mismo que ellas.

Por otro lado, a ella le pasaba que cuando se equivocaba al hacer las tareas, sus cuidadores se enojaban con ella y le decían: “Deberías saberlo, fulanita se lo sabe y tú no”.

Desde aquel momento, María comenzó a compararse con las demás amigas, compañeras y colegas, era algo habitual y no consciente.

En el trabajo, al sentir que no estaba logrando sus metas, se latigaba, se veía a sí misma como inadecuada, se comparaba al sentir que algo no estaba bien en ella y que no podía hacer lo mismo que las demás; al mismo tiempo, se sentía insuficiente, que no tenía nada para dar como lo hacían los otros o que no era tan genial.

Cuando en nuestra niñez tenemos experiencias -incluso sutiles-, en las que no somos validadas, no somos consideradas, no nos sentimos importantes o inclusive, tenemos la sensación de abandono, persiste una herida en nuestra autoestima y se construye toda una realidad desde la creencia de no ser importante, o de que si las cosas no salen «perfectas», mami se enojará o papi nos rechazará.

 

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Estas son creencias que van determinando cómo te sientes, te miras y ves el mundo, por tanto, van construyendo también, una visión de lo que eres capaz y de lo que no, muy sesgada desde la herida; sin observar los verdaderos recursos que tienes.

Si viviste en un entorno en el que tus cuidadores fueron exigentes, duros criticándote, te exigían todo perfecto, eran hirientes, competitivos o burlescos, es probable que hoy manifiestes conductas que manifiestan el modo de protegerte o adaptarte para que te apreciaran y para obtener el amor y validación de los demás.

Así que no te extrañes de que hoy no pongas límites a los demás, que seas complaciente y te trasgredas en tus necesidades.

Que no te atrevas hacer cosas nuevas donde no sientas la seguridad de que estarás bien o te irá bien, o que busques constantemente aprobación de los que te rodean (jefes, amigos, pareja, padres, etc.), incluso, dejando de hacer cosas por miedo a perder esa aprobación.

Aprendiste que para que no te critiquen o para obtener algo de aprobación, o para que mami o papi, u otro, no se enojaran contigo, tenías que ser sumisa, callada, no expresar lo que sentías o tan sólo asumir que así eran las cosas y punto.

Se creó en ti tal vez la creencia irracional de que si haces las cosas lo más perfectas posibles o si eres lo más “perfecta posible”, no “molestas a los otros” y obtendrás su amor.

Se fue instaurando probablemente en ti una tendencia al perfeccionismo y la crítica interna constante por no alcanzar eso que se “espera de ti”, como un modo de autorregularte y no ponerte nuevamente en riesgo de abandono y rechazo.

Comienzas a funcionar, por ende, con altos niveles de autoexigencia para que te quieran, suficientemente perfecta, suficientemente inteligente, suficientemente bella y atractiva, y así, obtener el amor de los que te importaban.

En pocas palabras, aprendiste a dejar de ser auténtica, dejaste de ser aquella que muestra lo que realmente sabe y conoce, de opinar, decir lo que quieres y lo que no, poner límites.

Sin decir lo que te es aceptable o no, no muestras tu inteligencia y menos destacas antes los demás. Vas aceptando descalificaciones, malos tratos o relaciones abusivas; todo ello para sentirte vista, amada, apreciada, considerada y validada.

No todo está perdido ¡Tu niña interior puede sanar!

La buena noticia es que no importa si tienes 20, 30 o más, se puede trabajar y sanar. ¡La confianza se gana! Yo te digo cómo sanar tu niña interior.

Para ello debes comenzar a sanar en primeras instancias, aquellas heridas de tu infancia, es decir, expresar aquello que no has dicho. Es dejar atrás la herida y concentrarte en el presente, para ser esa mujer que realmente puede ser lo que desee en lo laboral, profesional o personal.

Cuando sanas, ya no vas en búsqueda de la aprobación, vas en búsqueda de lo que eres capaz de lograr y crear. La valoración propia ya está dada, sabes lo que vales, no está en cuestionamiento y ahí recién comienzas a florecer.

Si deseas realmente lograr tus metas y de sentirte entrapada, comienza por trabajar a tu niña interna.

Te invito a que te inscribas en este enlace para que te llegue un audio que hice para ti, con el que puedas trabajar en tu niña interna.

Y si quieres saber más de mí, puedes encontrar en Instagram como @clubmujeresosadas