Cómo se tambaleó mi matrimonio con la llegada de mi primer hijo

Y finalmente llego ese día, nos sentamos y con lágrimas en los ojos, pensamos que la decisión correcta era separarnos; nunca habíamos hablado de divorcio, pero ese día esa palabra llego a nuestra conversación.

Durante un tiempo trabajé con psicólogos y dentro del programa tenían una charla que se llamaba “La llegada del primer hijo”. Básicamente consistía en preparar a las parejas para la llegada del primer hijo, afianzar la relación y aprender a mantener la pareja unida pase lo que pase.

Por esa época yo quedé en embarazo de mi primer hijo, y me ofrecieron esta “terapia”, pero la verdad me pareció algo aburrido, ¿Para qué necesitaría yo una charla donde me digan como conservar mi relación? llevaba 5 años casada, y de verdad, mi esposo y yo no peleábamos, éramos súper felices, todo lo resolvíamos fácil y dialogando. Nada cambiaría para nosotros con el primer hijo.

Llegó ese día mágico y soñado, nació nuestro bebé. Los primeros meses para mí fueron durísimos, sentía tantas emociones que no podía controlar, era feliz pero lloraba, sabía que era lo más lindo que me podía pasar en la vida, pero sentía que había dejado atrás mis proyectos profesionales. En ese momento, con esa carga emocional, mi esposo estaba ahí para escucharme y darme animo…

Pasaron unos meses y las emociones se regularon, ya todo parecía volver a la normalidad, me dedique a ser mamá, vivía feliz con mi bebé; éramos un familia feliz.

Pero esta historia cambió de un día para otro, por lo menos para mí. Porque 14 meses después del nacimiento de mi hijo, mi esposo explotó, ya no aguantaba más y tuvimos la discusión más difícil de nuestra vida. La mujer con la que él se había casado ya no era la misma, el deseo sexual era muy poco, los espacios que antes compartíamos solos, las salidas a comer, las idas al cine o simplemente quedarnos en la casa hablando y riéndonos hasta tarde, ya no existían en nuestra vida.

Yo vivía cansada o con sueño o me hacía la boba para que no me buscara. Aunque yo sabía que me estaba comportando así, no le veía importancia, primero era nuestro hijo.

Esa noche que discutimos y lloré hasta el cansancio, entendí que un hijo es una prueba tenaz para las parejas, que muchas se separan cuando tienen hijos,  porque definitivamente ese voltaje no lo aguanta todo el mundo. Tanto al hombre como a la mujer nos cambia absolutamente todo, y si no sabemos llevar la situación la convivencia se vuelve imposible.

Finalmente la solución no fue el divorcio, decidimos ir a una terapia, sí, esa terapia a la que yo le huía cuando estaba en embarazo, esa terapia que me parecía una bobada para nosotros, hoy nos tiene juntos, más maduros y más conscientes.

Ahora entendemos que el ritmo de nuestra vida cambió, pero que nuestro amor es más grande y aprendimos que somos él y yo, formando futuro para nuestros hijos, pero que primero somos nosotros, tenemos nuestros espacios, nos divertimos juntos, hacemos planes mientras los niños están dormidos, nos reímos y nos dormimos juntos las películas.

De eso se trata esta vida ¿no? de aprender a disfrutar el camino con todos sus tropiezos.

Hace poco leí un artículo que decía que la causa de divorcio que más porcentaje se lleva es el nacimiento del primer hijo, cuando estamos en embarazo nos preparamos para ser papás, hacemos todos los cursos para saber qué hacer con nuestro bebé, nos asesoramos con todos los expertos en niños; pero por lo general, nadie nos habla de cómo seguir amándonos como pareja (a mi sí, pero no es lo normal).

Así que entre esos planes de prepararnos para la maternidad, metamos ese de “la llegada del primer hijo y la pareja”. Ese mismo al que yo le huí.

De pronto, se puedan salvar algunos matrimonios…