Confesiones de peluquería: El matrimonio infeliz

La periodista venezolana Corina Díaz, nos cuenta acerca de la conversación que tuvo con una mujer en una peluquería. Esta mujer le confesó que vivía en un matrimonio infeliz, pero que no podía dejar a su marido. En este texto, Corina te explica por qué.

 

 

 

Sentada en un salón de belleza en Caracas leía con atención un libro, cuando de pronto alguien me preguntó: “¿Qué lees?”. Me volteé y apenas, conteniendo las lágrimas, le mostré la portada del libro “Inteligencia Migratoria”.

 

 

“Mañana me voy de Venezuela”, alcancé a decirle escuetamente. “Sé cómo te sientes, yo soy de Perú”, me respondió mientras me sonreía comprensiva.

En ese mismo momento se creó un lazo instantáneo entre aquella inmigrante y yo, que estaba a punto de convertirme en una.

De esa forma, y mientras esperábamos que nos atendieran, le conté mi historia. Aunque originalmente emigraría en pareja a Inglaterra, un rompimiento abrupto me hizo replantearme todo. No obstante, decidí continuar con el plan de emigrar, pero ahora sola y a un país que no conocía.

La mujer se alegró por mi determinación y me dijo que admiraba mi valentía de “echar pa’lante sola”, cosa que agradecí; sin embargo, no esperaba lo que siguió:

“Yo en cambio, por años he querido dejar a mi marido y volver a mi país, pero no me he atrevido. Y aquí sigo, en un matrimonio infeliz”, confesó.

Quedé atónita. Aquella hermosa mujer blanca, espigada, de cabello largo y bien ataviada, lo menos que parecía era alguien que pudiera estar en una relación tóxica, sintiéndose en minusvalía. Pero resultó ser así.

Infeliz por decisión

 Entre lágrimas, me contó que llegó a Venezuela siendo muy joven y, tras conocer a un venezolano al que le iba muy bien en los negocios, se casó y tuvo hijos.

Su esposo le daba gusto en todo lo que realzara su belleza (peluquería, gimnasio, ropa y joyas), pero fue cercenando cualquier aspiración de trabajo o estudio, pues – según le decía – su único deber era atenderlo a él y a sus hijos.

Sin darse cuenta pasaron los años. Los hijos crecieron en un hogar con un padre proveedor y una madre con una “cómoda” rutina que consistía en llevarlos al colegio, ir al gimnasio, a la peluquería y a comer con las amigas.

Pero, en el fondo, todo estaba lejos de ser tan maravilloso como lucía.

“Entre nosotros no hay amor, sólo sexo”, señaló la mujer entre el asco y la resignación. Cuando oí eso no podía entender cómo accedía a satisfacer los deseos del marido. Ante mi cara de asombro, me explicó que las veces que amenazó con dejarlo, él la aplacó con una sola frase:

“¡Vete pues! Eso si: ¡Los niños se quedan conmigo! A ver cómo te vas a mantener…”

Un inesperado llamado por parte de la peluquera, dio fin a estas insospechadas confesiones, en la que dos extrañas se contaron sus tristezas y temores ante la posibilidad de comenzar una nueva vida fuera de la zona de confort. Para mi pesar por ella, una se atrevió a salir de esa zona y la otra no, por lo que la realidad cambió para mejor sólo para la primera.

Esto me hizo concluir lo que sigue…

No compartas el poder sobre ti

Han pasado más de dos años desde ese domingo en la peluquería y, aunque no recuerdo su nombre, esa mujer me enseñó una lección de vida: sólo tú debes tener poder y control sobre ti.

Como ella, hoy vivo en un país distinto al mío, mi pareja es local y está mucho más establecido que yo en lo económico. Sin embargo, desde que empezamos a salir, siempre he pagado mis gastos y compartido las cuentas en común. No lo hago como un acto de reafirmación feminista, sino porque elijo sentirme libre y autónoma.

En el momento en el que nos hacemos dependientes económica o emocionalmente de otro, nuestra libertad y felicidad sufren inevitablemente. Una relación de pareja peligra cuando uno se siente con poder sobre otro o cuando alguno permanece en la relación por otro motivo que no sea amor (llámese conveniencia, temor o resignación).

Así que como aquella maestra me dijo al despedirse: “Tú que puedes, sé feliz”. Yo decidí ser feliz.

Sigue a Corina Díaz en su cuenta de Instagram: @corydial

Fotos: Pixabay.