De cómo me liberé de mi historia de abuso sexual infantil

El poder de la mente es impresionante. Cuando quise elaborar un recuerdo reprimido,  me costó mucho hacerlo.

Hace unos años fui a un evento religioso con mis hermanas y mi mamá, y en medio de la reunión, un recuerdo llegó claramente a mi memoria. No sabía cómo expresarlo, porque a la fecha, había pasado 25 años desde ese día. Yo solo recordé ese episodio en mi adolescencia, cuando les conté a mis dos mejores amigas y después lo borré, lo saqué de mi memoria.

Después, con un nudo en la garganta, decidí contarles a mis hermanas, con mucha vergüenza, pero con una necesidad avasallante de expresarlo.

Yo era una niña, tenía 6 años. Él era un “buen amigo de la familia”. Yo era una niña inocente, ingenua y muy confiada…

 

Un día que estábamos reunidos en mi casa, él me llamó a una habitación solitaria. Aunque mi familia estaba en otra área, yo no sentí temor porque él era un amigo y confiaba en él. Él estaba viendo un partido de fútbol y yo me senté a su lado. Entonces, me dijo: “Ven Yuya“, (como me dice mi círculo más íntimo). Me tomó de su mano y me dijo: “Mira, esto es un juego. Yo te voy a tocar jugando… Es algo que nunca has hecho”.

Inocente de todo, accedí. Él tocó mi vagina con sus dedos, me besó y fue algo brusco conmigo. Hasta que le dije que no me gustaba ese juego.

Pero él continuó tal vez por unos minutos más, le pedí que parara, lo llamé por su nombre: “¡Déjame!”, le imploré.

Él me respondió: “No pasa nada. Ahora no puedes contarle a nadie lo que sucedió, esto es un secreto y tú tienes la culpa de que haya pasado”. 

Yo no entendía nada, eso se quedó así. Y por temor no se lo conté a nadie, pero más nunca volví a aceptar nada de él.

Y cuando iba a mi casa yo me retiraba o me alejaba.

Ese día se encapsuló en mi mente por años, se bloqueó hasta mi adolescencia, cuando se lo confesé a mis amigas. Y otra vez el recuerdo pasó a un cofre secreto de mi memoria y regresó el día en que se lo conté a mis hermanas, porque se me ocurrió preguntarles si ese hombre había hecho lo mismo con ellas.

Su reacción fue de rabia, tristeza, molestia y lágrimas; me preguntaron por qué no lo había confesado y debo decir que fue por miedo.

Mi mamá aún no lo sabe, pero con mis hermanas drené eso que afectó mi vida en muchas áreas, incluyendo mi presente.

Gracias a Dios, perdoné a esa persona, pero siento temor por sus hijos, porque él tiene hijos. Hoy creo en el perdón como un camino para sanar. No lo justifico, porque el daño que me produjo fue grande: él violó mi inocencia, quebró como un cristal al suelo mi ingenuidad, me hizo sentir culpable de lo que sucedió y me llenó de miedo.

Me sentí horrible ese día, porque experimenté culpa, asco, vergüenza y pensaba que ya no era una niña. Después, con mi adolescencia y muchos patrones parentales más, esta experiencia hizo que me aislara y postergara por años mi primera experiencia sexual.

Aunque nunca quise contarle a casi nadie lo que me sucedió, hoy quiero compartirlo con ustedes por varias razones: porque la niñez tiene que ser cuidada y protegida, mi inocencia no se debía romper entonces, el abusador, en la mayoría de los casos, es muy cercano o hasta de nuestra familia; yo superé esto con mucha terapia psicológica y porque creo que mi desarrollo emocional, personal y sexual vale más que una experiencia negativa y dolorosa de mi pasado.

Quiero que esta historia sirva para que chequees si a ti también te pasó, para que se lo preguntes a tus amigas o hermanas, para que cuides a tus niñas y a tus niños y para poner por delante el respeto y la protección en todo sentido.

Esta experiencia ingrata forma parte de mi vida y ya la acepté. Hoy me siento con dignidad para decirte que si te ha sucedido algo similar, cuéntalo; si has vivido una de esas experiencias, trabájalas; cuida tu mundo, tu cuerpo y sobre todas las cosas, cuida tu corazón.

Yo siento que fue liberador expresarlo, porque el abuso no es sólo físico sino también psicológico. Saber de dónde venimos nos ayuda a ver mejor hacia dónde vamos, no estoy sola y tú tampoco lo estás. La confianza en ti misma también es base para integrar las historias de luz y sombra que hayas vivido.

Hoy en día, soy una mujer completamente responsable de mi proceso, y poder compartirlo contigo, que eres parte de esta comunidad y que somos las que hacemos que los asuntos de mujeres cobren valor para apoyarnos unas a otras, te ayudará a ti también en tu proceso.

Porque te digo que sí, que a mí también me pasó, pero sí podemos salir de esto y superarlo.

Infórmate acerca del abuso sexual infantil con este artículo.