El cuerpo que somos: «No estamos destinadas a vivir odiándonos por siempre»

Entrevista a El cuerpo que somos Asuntos de Mujeres

«Se me ocurren tantas cosas en este momento, incluso ahorita cuando nos estábamos conectando (a un instalive) y decías: ‘Levante la mano quién se ha preocupado por si tiene el pelo bonito, si está bien el maquillaje’. Y a mí me provocó decirte que yo también levanté la mano, porque ¡Claro que a todas nos preocupa nuestra imagen corporal y cómo nos vemos!», dijo Lili Gaviria de El cuerpo que somos, el día que hicimos juntas un instalive.

Con este encuentro, aclaré tantas dudas relacionadas con mi cuerpo y las presiones que pongo sobre él cuando no me siento conforme, cuando me latigo diciéndome cosas feas o cuando no me gusto y eso afecta el resto de mi vida.

Esta entrevista no quiere decirte que no te arregles ni te maquilles nunca más, no quiere hacerte sentir culpable porque deseas verte bonita o busques mejorar tu apariencia, no.

Lo que queremos es entender de dónde vienen esas ganas y cómo nos sentimos cuando no somos tan flacas como nuestra amiga, tan altas como la de la tele, tan esbeltas como la del instagram o tan arreglada como la señora de al lado. Cuando no nos sentimos suficientes o cuando hacemos dietas locas, para vernos flacas como una meta de felicidad, que generalmente no alcanzamos.

Con sede en la ciudad de Medellín, El cuerpo que somos es un centro de psicología, psicoterapia y coaching que nació para sensibilizar a la sociedad en torno a la relación que tenemos con nuestro cuerpo y nuestra vida. Está formado por Vanessa Uribe, María Elvira Tobón y Lili Gaviria, tres mujeres que se conocen desde chiquitas y que han vivido en carne propia lo que significa no querer el cuerpo que habitan.

En esta oportunidad, hablé con Lili Gaviria y María Elvira Tobón y esto fue lo que me dijeron:

¿De qué se preocupa El cuerpo que somos?

En El cuerpo que somos NO promovemos que no debemos estar enfocadas en vernos bien, al contrario, tanto Lili como a mí, dice María Elvira Tobón, nos gusta tener una buena presencia, vamos a la peluquería, nos gusta maquillarnos e ir de compras.

Cuestionamos los estándares y los ideales de belleza, y esto no significa que nos vamos a ir a lo opuesto: al descuido y a no querernos; es bueno saber que está bien ocuparnos, cuidarnos y preocuparnos por nuestro cuerpo, nuestra salud y nuestra imagen, porque nos gusta proyectarnos de una manera linda, agradable; nos gusta ser bien vistas.

Y esto no está mal…

Cuando inicia El cuerpo que somos, muy a la par con Asuntos de Mujeres, creo que era como un grito que hace mucho sentíamos, como un grito desesperado, que lo vivíamos cada una de manera individual.

Decíamos: «Tenemos que hacer algo con las mujeres». Que esta presión por la imagen y por la belleza no se convierta en un asunto de autodestrucción.

 

Agradécele a tu cuerpo el cuerpo que somos asuntos de mujeres
Agradécele a tu cuerpo…

Ustedes, que se conocieron desde jóvenes, ¿Qué han visto en las mujeres? ¿Qué es lo que más les preocupa a las mujeres en torno a su peso y apariencia?

El cuerpo que somos, inicialmente surgió para cualquier mujer con un dilema o un conflicto con su relación con el cuerpo y la comida, no necesariamente está dirigido a personas con desórdenes alimenticios; sin embargo, cuando lo creamos, nos llegaban muchas mujeres que tenían un desorden con su alimentación hasta el punto de tener un trastorno de la conducta alimentaria ¡Pero lo vivían en silencio!

Entonces creamos este movimiento como un primer acercamiento para disipar un poco eso que se vive tan en secreto, de una manera tan avergonzante. Este es el primer puente para abrir y salir de esa soledad con la que se vive en estas batallas del cuerpo y la comida.

En Londres, a partir de mis experiencias personales, dice María Elvira, decidí hacer mi tesis de maestría alrededor de la imagen corporal y cómo las mujeres, específicamente de la ciudad de Medellín, nos relacionamos con el cuerpo en esta era de la obsesión por la imagen corporal.

Cuando empiezo a estudiarlo, me doy cuenta de que no eran solo las mujeres de Medellín… Bueno, no era solo yo (porque yo antes creía que tenía algo raro en mí), añade.

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Pero algo raro cómo, cuéntanos un poco qué veías…

Mira, algo raro en mí era que yo entraba en conflicto con la comida, con el espejo, me tiraba muy duro, era muy crítica y severa. Casi había un maltrato interno psicológico hacia mí.

 

¿Qué te decías? ¿Qué pensabas?

Estoy tratando de recordar, pero hace tanto tiempo que ya no me trato así… Casi podía ser mi peor enemiga.

Es que creo que ni mi peor enemiga me hablaría de esa manera, como… “Gorda, así nadie te va a querer”, “Asquerosa”, hasta el punto de que lloraba y eso impactaba mi vida social, no quería salir, prefería no salir porque no había manera de que me sintiera bien, etc.

Era una batalla constante y con la comida también. “No, yo no puedo comer esto”, me confundía, porque claro, yo tenía un historial de hacer dietas, entonces ya llega un punto en que uno se confunde demasiado en qué es bueno, qué es malo, qué se debe comer… Hay mucha información allá afuera, entonces entraba en una confusión psicológica.

Cuando empiezo a estudiar eso, me doy cuenta de que yo no era la única, hay muchas mujeres que se sentían como yo… Y eso, de alguna manera como que me quitaba un poco esta presión… Con el tiempo me di cuenta de que no es simplemente un mensaje de ‘ámate’ y ya, sino profundizar en el cómo se hace.

Por eso, en El cuerpo que somos, hacemos un trabajo grupal y terapéutico donde tratamos todos esos temas.

 

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Lili, ¿Tú nos puedes contar un poco, de manera resumida, qué fue lo que pasó contigo y qué te hizo dar el salto para decir: ‘ahora sí me curé, ahora sí estoy bien’?

Bueno yo, como les he contado en ADM, en algunos de los escritos que he hecho, empecé con un desorden alimenticio a los 15 años.

Fui una persona vulnerable ante la presión social, ante la comparación con mis compañeras y mis hermanas; una presión también por ser delgada…

Empecé con dietas muy restrictivas, a obsesionarme demasiado con mi apariencia, a gastar mucha energía en mi cuerpo creyendo que cuando lograra tener X kilos o un cuerpo de determinada forma, iba a ser feliz, eso era lo que yo creía.

Entonces luché por eso dándome cuenta de que al llegar ahí, primero, nunca fue suficiente. Siempre quería estar más delgada o llegaba a tener cierto tipo de cuerpo y quería otro, nunca fue suficiente.

Esas dietas que empecé a hacer de manera restrictiva, me llevaron a obsesionarme con la alimentación al punto de tener un trastorno de la conducta alimentaria: bulimia.

Empecé a vomitar lo que comía y fueron muchos años de vivirlo en silencio, a escondidas, avergonzada, con temor… Hasta que llegó un punto en que dije “No puedo más, sé que estoy atentando contra mi cuerpo. Estoy viviendo una pesadilla” y levanté la mano y pedí ayuda.

Fueron muchos años de terapia, de conectar nuevamente con mi cuerpo, entender que podía pasar por esa enfermedad, que no era la única, que había otras personas que también padecían de lo mismo, entonces también comencé a estudiar esto porque no se conocía mucho el tema en ese momento; tratando de entender qué era lo que tenía.

Después de muchos años de terapia y de buscar ayuda, -porque me di cuenta que sola no podía-, a veces esto no es de decir ‘bueno, voy a salir de esto y voy a dejar de vomitar’, no, no es tan fácil. Después de eso logré tener un acercamiento y conocerme un poco más. Entender que no era simple vanidad, entender que no quería estar flaca porque sí, sino porque definitivamente había cosas más profundas.

Hoy en día, puedo decir que tengo una relación mucho más amorosa con mi cuerpo y con la comida. No puedo negar que tengo mis días difíciles donde hay dificultades frente al espejo, pero puedo decir que ya tengo herramientas que me ayudan a sobrellevar esta situación o a pasar esa dificultad frente al espejo; no devolviéndome a esos hábitos que tenía de destrucción contra mi cuerpo, sino entendiendo que es un proceso y que hay días en los que no nos sentimos bien y podemos tener herramientas para sentirnos de una forma más amigable y tratarnos de una forma más amorosa.

 

Bulimia el cuerpo que somos asuntos de mujeres

Uno las ve a ustedes, y creemos que están realizadas, que ya lo lograron todo; pero fíjense cómo son las cosas, hay bucles y bajones, hay días en los que de verdad, ellas, que están trabajando con esto, sí se ven al espejo y la cosa no es tan chévere. 

¿Qué pasa en los colegios y qué pasa en la casa con los papás con respecto a enseñarle a las hijas a quererse?, ¿O a la mamá, que las escuchas también diciendo lo mismo: ‘qué fea estoy’, ‘estoy gorda’, ‘tengo una llanta/un cauchito’?, ¿Qué pasa con las amigas, qué están haciendo?, ¿Qué presiones hay?, ¿De dónde viene toda esa presión cuando somos adolescentes?

Definitivamente estamos en una sociedad volcada hacia el cuerpo. Donde nuestra apariencia se convirtió casi en el ‘valor supremo’.

El cuerpo es muy visible, es como el primer contacto que tenemos con otra persona.

Cuando las personas hacen nuestros grupos, incluso cuando les enseñamos en universidades y hacemos charlas, hay veces que hacemos todo un análisis histórico y social, porque eso tiene que ver con muchos componentes, tanto de la industria de la belleza, como la industria de las dietas, la industria del modelaje, en Medellín -particularmente- la industria textil, donde todo ha girado en torno al cuerpo.

Inclusive, el narcotráfico que ha permeado y ha cambiado tanto nuestros valores como sociedad: el acceso rápido y fácil a todo, con dinero fácil se puede conseguir algo rápidamente… Entonces hay muchos factores que han permeado y van construyendo/han ido construyendo esta relación que nos acostumbramos a tener con nuestro cuerpo.

Esto no es algo reciente, yo diría que este boom se intensifica a partir de los años 70, un boom de cirugías plásticas, donde se nos promete esa felicidad y ese éxito a través de la apariencia.

Y nuestras mamás, incluso (sin entrar a culparlas, porque tampoco nos gusta culpar, sino que es más porque han sido participantes en nuestra historia), han sido influenciadas por una historia, por un contexto y de alguna manera esto de estar a dieta y de ‘cuídate, no te engordes, ¡ojo!’ se volvió un valor muy importante en los hogares de nuestras familias. Casi como si fuera lo único.

 

La apariencia como forma de pertenecer, de ser reconocida. La mujer flaca con el cuerpazo, con el pelo súper bonito… ¿Esa es nuestra manera de pertenecer? ¿Es más fácil conseguir pareja así?, ¿Es más fácil ser feliz así?, ¿Eso es lo que hemos aprendido?

Quizás no es algo de simple vanidad, sino que es algo más profundo. En mi caso y en mi experiencia, obviamente, yo creía que ser delgada me iba a llevar a tener pareja, a ser querida, a poder encajar en un círculo determinado, a ser exitosa; tendía a confundir que ese valor de la belleza era lo que me iba a permitir ser en el mundo, cuando realmente no necesitamos llegar a tener ese cuerpo para encajar, para ser queridas, para ser amadas…

 

Eso es lo que explica un poco que cuando hacemos dieta, en medio de nuestra confusión emocional/mental, hacemos la dieta, llegamos al peso, nos vemos divinas, pero hay un vacío existencial tan profundo… eso queda allí. O sea, el problema es otro. ¿Cómo se trabaja eso?

Pues mira, ya ese trabajo es muy individual. De hecho nosotras en ECQS no somos prescriptivas, porque nos hemos acostumbrado a que: “tranquila, te tengo la dieta y con eso serás feliz”

Nosotras no decimos: “Tranquilas, si vienes a ECQS, serás feliz” . De hecho, nosotros no hacemos promesas porque la historia de cada persona es individual y el camino que cada una tiene que recorrer es individual.

Damos muchas estrategias y herramientas, facilitamos un espacio de autoconocimiento; pero es muy interesante cómo cada una de las que ha pasado por ECQS -que ya son muchas mujeres-, van a encontrando qué es eso que han querido lograr a través del cuerpo y la comida; qué es eso y qué función cumple, ese ‘para qué’, por qué fue tan importante en algún momento centrarse en el cuerpo.

 

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Y ustedes… ¿Qué han encontrado ahí?, ¿Qué es lo que más se repite?

Aceptación. No sentirnos rechazadas. Porque es que yo creo que ningún ser humano quiere ser rechazado, todos queremos pertenecer, todos queremos encajar. Hay muchas cosas de fondo, y eso puede ser querer sentirnos pertenecientes con nuestra familia o con un grupo de amigas; cuando tuvimos experiencias de rechazos chiquitas, muchas experiencias de bullying…

Ojalá nadie hiciera bullying alrededor del cuerpo y la apariencia, porque eso genera unas cicatrices profundas en el ser humano. Está muy relacionado con eso desde nuestra experiencia, si lo miramos desde el fondo del asunto.

 

Cuando ustedes trabajan por ejemplo con adolescentes, ¿Trabajan también con sus papás?, ¿Tiene el papá también que ver con esto?

Sí, yo creo que no con la intención de hacer daño…

Yo estoy casi segura y creo que todos los papás buscan lo mejor para sus hijos.

Los papás sí son muy importantes, porque siempre le digo: nadie causa nada; es decir, ustedes no son los causantes de que su hija tenga un desorden alimenticio, o un dilema con su autoestima o su cuerpo; pero ya que estamos aquí, sí nos podemos dar cuenta de qué maneras podemos contribuir a mantener el desorden alimenticio o no.

Porque a veces, desde nuestros comentarios inocentes, que pueden ser muy inocentes o hechos desde la ignorancia quizá, podemos incluso perpetuar una relación conflictiva con el cuerpo y la apariencia.

 

Me gusta mucho lo de los comentarios… ¿Qué tipo de comentarios tenemos que empezar a eliminar para que comience a cambiar esto de una vez por todas?, ¿Qué debemos dejar de decirle a las niñas?

En primera instancia, valorar a nuestros hijos por muchas otras cosas, porque hay veces que el cuerpo y la apariencia se vuelven el valor principal y tenemos que decir: Claro que es importante cuidar nuestro cuerpo, claro que es importante cuidar nuestra salud, claro que es importante cuidar lo que comemos; pero que eso no se convierta en el todo de una persona.

Entonces yo empezaría por ahí: empezar a valorarnos por muchas otras cosas, empezar a valorar a nuestros hijos por otras capacidades, maneras de ser, para otras cosas que somos buenos.

Ya en términos de comentarios específicos: primero, como papás, revisar mucho la relación que tenemos con nuestro cuerpo, porque a través de nuestro ejemplo también, así no digamos nada, proyectamos mucho.

Entonces revisar mucho la relación que tenemos con nuestro cuerpo, cómo nos miramos al espejo, cómo nos hablamos a nosotros mismos, cómo nos referimos a otros…

Porque hay veces -esto es muy interesante- que nosotros podemos hacer un comentario de una amiguita del hijo: “Ay, pero… Mariana subió de peso… pobrecita”, y eso no le está diciendo nada a mi hijo, pero le está hablando de un valor que para la mamá es importante, como lo es: ‘pobrecita que otro sube de peso’.

Y qué pasa cuando, por ejemplo, viene una amiga y te dice: “¡Wow!, te ves muy bien” y tú respondes: “¿Bien?, ¿Tú no ves cómo estoy de gorda?, ¿No ves que me salieron pepas…?”

Claro, eso es demasiado común. Mira, nosotras hemos aprendido que cuando una amiga nos dice: ‘estoy muy gorda’, ‘estoy muy fea’, quizá nos está diciendo algo más… A mí me provoca muchas veces darles un abrazo a esas personas y decirles “¿Cómo te puedo decir que eres hermosa tal y como eres?”, “¿Cómo te puedes sentir más querida, más valorada?”, casi… “¿Qué puedo hacer por ti?”

¿Y cuando soy yo misma la que me doy duro?, ¿Qué tengo que empezar a hacer ahí? 

En mi experiencia, y es algo que también hablamos en ECQS, debes empezar por hacerte consciente de esos pensamientos y todo lo que nos decimos.

A veces vamos por la vida en automático normalizando el trato hacia nosotras mismas porque nos enseñan a tratar bien a otros; a tratar con respeto, con amor a otras personas, pero no nos enseñan a tratarnos a nosotras mismas de esa forma. Nos tratamos como si fuéramos nuestras propias enemigas, algo que no haríamos con una amiga o con un ser querido.

Es empezar a hacerlo consciente. Cuando te paras frente al espejo qué sueles decirte, qué te estás diciendo en este momento…

Cuando empiezas a elevar ese nivel de consciencia y a darte cuenta de la forma en que te tratas, primero creo que quedas asombrado (por lo menos en mi caso: “wow, me estoy tratando muy duro”). Segundo es qué puedo hacer con estos pensamientos o de qué otra forma me puedo tratar, que no sea tan negativo para mí.

Esa es mi experiencia, cada una encontrará su estrategia, su fórmula, su proceso, pero empezar a ser conscientes de esos pensamientos nos abre un abanico de alternativas para ver qué quiero hacer con eso, cómo me estoy tratando y de qué formas puedo tratarme para que no sea tan severa.

Nosotros vemos el tema del cuerpo como una relación.

Es decir, la relación con el cuerpo es como la relación que uno tiene con un buen amigo, con un papá, con otra persona; y eso nos ha ayudado mucho, y ha ayudado a muchas personas a decir: “Ah bueno, es que entonces no es como que yo llegué a una meta final y ya me amo y me acepto en mi totalidad y no voy a tener más problemas”, porque eso no es así.

Nosotras seguimos trabajando en esta relación, como una relación de pareja donde no hay un resultado final y de felicidad total como lo que nos venden en las redes sociales, ese ‘antes y después’, cuando antes tenías tus kilos y después por haberlos perdido… ahora te amas, eres feliz y tu vida se transformó.

Yo creo que nos lo han vendido muy bien, pero no es real, no es real. El cuerpo y la manera como nos tratamos, es una relación que debemos seguir construyendo día a día. Hay veces que me encuentro frente al espejo y me digo: “Ay, como que estoy muy fea…” Y ahí mismo remato: “¡Ay no!, tengo que prestar atención”

 

Porque la mente nos hace muy malas jugadas ¿no?, nosotras estamos en un proceso de recuperación y de trabajo y de repente nos paramos en el espejo ¡Y seguimos sin gustarnos!  Entonces decimos: “¡PERO ES QUE NOOOO! es que así no quiero estar”…

Y he leído que los grupos como los de ustedes, están presionando un poco a las que están en este plan porque ahora se están sintiendo mal por sentirse descontentas consigo mismas.

¿Qué hay detrás de eso?, es decir, me dicen por ejemplo: “pero bueno, ¿Cuál es el problema con que quiera bajar 5 kilos? a mí nadie me está presionando. Soy yo. Porque cuando yo bajo 5 kilos me siento mejor”, “porque cuando me corto el pelo de tal forma me siento mejor”, o “cuando me hago una cirugía estética me siento mejor”.

No, esto no está mal. De hecho, nosotras no estamos en contra de que alguien quiera bajar de peso, se quiera cortar el pelo o incluso se quiera hacer una cirugía estética. No estamos en contra, ni a favor.

Es decir, cada persona irá encontrando, siempre y cuando se revise y analice si ese es el camino adecuado o si al contrario, eso lo va a llevar a seguir en ese círculo vicioso de crítica o de sentimiento de no gustarse constante.

Nosotras no decimos que estamos a favor o en contra de la cirugía plástica, o favor o en contra de adelgazar, no.

Es: revísate, analiza antes de tomar una decisión, porque a veces esas decisiones se toman muy a la ligera sin conocer las implicaciones o las consecuencias que eso pueda tener. Si una persona entra a una dieta estricta severa, quizás después su cuerpo no va a tener las herramientas para sostener eso en el tiempo y va a generar un efecto rebote que la va a hacer sentir peor, entonces ¿Sí es la respuesta una dieta estricta severa o es cuidar la alimentación de otra manera?

Hay personas que se sienten mejor y se hacen cirugía de senos, perfecto; pero revisa primero.

Nosotros hemos comprendido el amor propio como esa relación que yo construyo cada día, no es un resultado final, es una relación de día a día como la que yo debo construir con mi pareja, así es mi amor propio con mi cuerpo. Y cuando tú decías: “la mente nos hace muy malas jugadas”, sí, pero la mente es nuestra y esa mente no tiene un poder, no la maneja alguien más, esa mente la podemos aprender a manejar nosotras y ahí es donde está nuestra libertad y nuestra responsabilidad y la capacidad de decir “hasta aquí, no más”; porque hay veces que sí se nos meten unas voces muy severas…

 

O sea, que podríamos aplaudir de repente y decir: “¡Basta, no más!” como para ir parando esos monstricos/demonios que están ahí ‘tun-tun-tun’ dándonos tan duro, ¿no?

¡Total! Podemos elegir tener otra relación con nosotras mismas, pero eso requiere un trabajo constante, de callar esos monstruos y decirles: “bueno, ya está pues. Pa’ la porra. Ya no los quiero más”, y ellos vuelven y aparecen porque claro, son muy hipnóticos, nos dicen como: “yo soy quien te va a ofrecer esa felicidad, créeme, créeme”, porque así nos han educado…

Hay que decirles: “Monstricos ya. Gracias porque creyeron que me ayudaban, pero en este momento me quiero ayudar yo de otra manera”.

Un consejo para esto: «No sé cómo actuar frente a mi amiga que vomita y solo acudió a mí. Es muy difícil para mí, y creo que más para ella. Está pasando por un momento difícil, solo yo sé de sus vómitos, no sé qué hacer para ayudarla».

Hay que hablar de buscar ayuda terapéutica. Definitivamente si tenemos una amiga que está utilizando conductas que pueden ser perjudiciales para su salud, porque hemos creído que vomitar es una estrategia para eliminar peso y quiero aprovechar este medio para decir ¡NO ES UNA ESTRATEGIA PARA ELIMINAR PESO!, ¡NO AYUDA!, ¡TAMPOCO LOS LAXANTES!, hacen mucho daño.

Incluso, se pueden poner en riesgo vital cuando una conducta es muy persistente, nos pueden poner en riesgo porque cuando las personas vomitan, toman laxantes o hacen ejercicio en extremo, lo que eso hace -bueno, en el caso de los vómitos y laxantes- es una pérdida de líquidos, de minerales esenciales, especialmente el potasio que puede generar una falla cardíaca.

Por favor, no nos creamos ese cuento que alguna vez, de alguna manera, aprendimos como si eso fuera una estrategia útil, no es útil, es dañina. Además, nos da una “sensación” (y pongo eso entre comillas) de perder peso, pero en realidad lo que perdemos es líquido, no perdemos peso.

Doy fe, yo tuve bulimia por más de 10 años y nunca estuve en bajo peso, o sea, realmente, vomitar no fue la mejor estrategia. Me trajo muchos problemas de salud, muchos problemas psicológicos y en realidad la fantasía de tener un peso bajo, nunca llegó.

Yo creo que cuando nos encontramos con una amiga que está haciendo eso, no la juzguemos, porque muchas veces, aunque una dieta puede precipitar un desorden alimenticio, es decir, lo puede detonar, no significa que la dieta en sí es la causante del desorden, o que es un asunto solamente para bajar de peso y ya, o es un asunto superficial. No.

Muchas veces hay más cosas de fondo y a veces vomitar y tener estas conductas compensatorias se vuelven casi una manera para aliviar o manejar la ansiedad o los problemas de la vida.

Se vuelve una manera de afrontar las situaciones, casi el único medio para afrontar las emociones, entonces por favor, si se nos acerca una persona querida o cercana, que no se sienta juzgada, que se sienta que la aceptamos aunque a veces pueda ser incomprensible, que estamos ahí para ellas.

Porque como viven esto tan en secreto, necesitan que las escuchen, que no las juzguen, que las reciban… Aún si nosotros no sabemos qué hacer como personas, como amigos, decirle que estamos ahí, así no sepamos mucho qué hacer, para escucharla y tratar de entender y busquemos ayuda. Puede ser un profesional de la salud, un psicólogo, un psiquiatra, en lo posible alguien que ayude de la manera terapéutica para hablar de eso.

Nos comparamos todos los días con lo que la sociedad nos dice que es lo bonito y es un bombardeo continuo del que no podemos escapar, ¿Cómo se lucha contra eso?, ¿Cómo desaprendemos eso?, porque eso va a seguir existiendo…

 Bueno, nosotros en ECQS tenemos un principio que es: Redes sociales vemos, corazones no sabemos. Seamos críticos con los medios de comunicación. Los medios de comunicación no son buenos o malos, es lo que hacemos con ellos.

Los medios de comunicación van a seguir existiendo, nos van a seguir bombardeando con imágenes de ideales de belleza, etc., ¿Qué hacemos con esos medios de comunicación? Van a seguir ahí, pero ¿Qué hacemos con ellos, cómo podemos ser más críticos?…

Porque yo creo que como seres humanos es una tendencia natural compararnos con el otro, porque en la medida en que nos comparamos con el otro, nos conocemos; de alguna manera afianzamos la identidad. Es decir, “él es así y yo soy así”, es una manera para construir nuestra identidad. Entonces, nos vamos a seguir comparando pero tenemos que ver cómo lo hacemos, de qué manera, ¿Es constructiva o destructiva?, ¿Voy reconociendo que el otro es así y yo soy diferente?

Hay veces que las comparaciones pueden ser muy dañinas porque usualmente nos comparamos con el que es mejor, entonces siempre estamos destinados a perder.

Si para nosotras es importante ser inteligentes, nos vamos a comparar con LA MÁS inteligente y siempre va a haber una más inteligente; siempre va a haber una mejor red social que ECQS y ADM; siempre va a haber una persona más linda que nosotros. Entonces, si siempre nos estamos comparando con eso que es mejor, nos vamos a sentir mal.

Entonces es comenzar a decir: “Bueno, hay otros mejores, bien por ellos. Yo soy yo, y yo soy otro”…

Es que yo creo que ahora con este boom de Instagram, también tendemos a normalizar y automatizar lo que vemos. Empezamos sin consciencia a seguir cuentas que en algún momento nos pueden hacer sentir mal…

La invitación también es no solamente a ver, analizar, fijarme cómo estoy interpretando lo que veo en RRSS, sino también, qué es lo que estoy siguiendo, qué es lo que estoy día a día viendo constantemente -porque se ha vuelto casi un vicio, que cuando nos levantamos lo primero que hacemos es ver Instagram, desde que nos despertamos- cómo nos estamos alimentando en términos de RRSS y medios de comunicación.

Esa también es una invitación que hacemos en ECQS: evalúa, sé consciente de cuando sigues algo, alguien, lo que sea, qué impacto tiene en ti y cómo te estás sintiendo tú siguiendo esas cuentas.

Empieza a tomar decisiones o a evaluar cómo quieres seguir teniendo esa relación con los medios de comunicación, porque igual aclaramos: los medios de comunicación no son los culpables ni son malos ni está mal lo que hacen… es lo que nosotros hacemos con ellos. Es mi relación con ellos y cómo interpreto yo lo que estoy viendo día a día.

 A veces, esa toma de consciencia amerita de verdad alguien al lado que te ayude. Hacer terapia ¿Cuándo creen que hay que pedir ayuda?

Si tu vida está siendo dominada por este tema, es decir, si no hay espacio en tu mente… no hay tranquilidad mental, emocional, si eso te genera una mortificación constante, busca ayuda.

Y ayuda sobre todo psicológica, porque hay veces que se nos ha limitado la atención, es decir, no es suficiente ir a la nutricionista, no es suficiente ir al gimnasio, no es suficiente la cirugía plástica… porque muchas veces ni siquiera va por ahí.

Muchas veces no es necesario modificar nuestro cuerpo, es yo cómo me estoy relacionando conmigo misma, cómo aprendí. Y eso es otra lección importante que nos gusta compartir en ECQS, y es que esa manera en que nos tratamos a nosotras mismas es aprendida, así que se puede desaprender. Requiere un proceso y un acompañamiento pero se puede desaprender. No estamos destinadas a vivir odiándonos por siempre.

Me gusta mucho: ¡Se puede desaprender! Creo que es el principal papelito/post-it que tenemos que pegar en el espejo o en la nevera: “Hola Maricarmen/Lili/María Elvira, ¡Esto se puede desaprender!”, ¿Sí o no?

Aprendamos a valorar nuestro cuerpo también por todo lo que nos permite, no solo por la apariencia. El cuerpo es nuestro vehículo para poder existir en este mundo, es como nuestro contenedor de quiénes somos. Este nos permite ser en el mundo, nos permite ser con otros, nos permite vivir en esta vida.

Porque si yo no tuviera este cuerpo ustedes no sabrían quién es María Elvira, para empezar.

Pero también este cuerpo tiene un montón de funciones: me permite cargar a mis sobrinos -que los amo y los adoro-, me permite darle un abrazo a mi esposo, me permite bailar, me permite moverme, mi estómago me permite hacer todo un proceso digestivo asombroso para eliminar lo que ya no quiere y preservar lo que sí necesita, este cerebro me está permitiendo en este momento poder hablar, pensar; o sea, si nos ubicamos, parte por parte, todo lo que este cuerpo nos permite y empezamos a valorar desde allí, la apariencia no sería EL FACTOR más importante, sino que sería uno de los tantos.

Yo creo que esas son las estrategias fundamentales, más que decir “me amo” y “me gusta esto de mí”.

¡Agradece! Hay partes que HOY no me gustan de mi cuerpo, pero le agradezco… A mi barriga, porque pude tener dos hijos; a mis senos como quedaron después de alimentar a dos hijos los valoro, porque los pude alimentar; y así. Entonces más que me guste y que ame esa parte de mí, es también agradecerle por su función y eso cambia la perspectiva en cómo nos vemos y la forma en que nos amamos.

 

O sea, “Esto se puede desaprender” y «¡Gracias cuerpo, Gracias cuerpo!» son dos papelitos para pegar en la nevera.

 

¡Gracias El cuerpo que somos por esta entrevista!