El día que entrevisté a mi papá y sané mi relación con él

Cómo sanar la relación con mi papá

Hay una frase que me persiguió toda la vida: “Eres igual a tu papá”. Cuando era niña me daba pena esa afirmación. No faltaba la tía que me soltaba esa perla cada vez que podía.

Yo pensaba que era una forma de decirme que lucía como un varoncito. Después de todo, yo quería ser como mi mamá, que era mujer. No como mi papá, grande y con bigote.

A mis 15 años me molestaba que me dijeran cosas como: “Tienes el carácter de tu papá”, “eres tu papá versión femenina”. Aquellas sentencias me hacían hervir la sangre.

Mi papá siempre ha sido un hombre amoroso y ha estado presente en mi vida, pero en aquellos años discutíamos por todo. Es, hasta el día de hoy, una persona sin filtros, con un sentido del humor particular.

No me daba permiso para salir, porque veía peligros en todos lados y para colmo, le parecía tonto que, teniendo las mejores calificaciones en el colegio, tuviera la intención de estudiar comunicación social y no ingeniería, como era su sueño.

Que te digan que te pareces a alguien a quien no entiendes, le explota la cabeza a cualquier adolescente.

Cuando tenía 19 años mi familia decidió emigrar a Panamá. Por esas cosas de la vida en la que no todo sale bien, primero tuvimos que irnos mi hermana, mi mamá y yo. La noche anterior al viaje me fui de rumba y llegué de madrugada. Jamás reparé en que mi papá se iba a quedar solo y mucho menos que lo extrañaría.

La distancia me mostró una nueva versión del hombre con el que yo creía que no tenía nada en común. En su ausencia física descubrí que muchas de mis mañas (y hasta de mis chistes) eran suyas y me di la oportunidad de tener una mejor relación con él.

Cuando, años después, finalmente pudo reunirse con nosotras, hicimos borrón y cuenta nueva.

Nunca nos dijimos nada, hasta que hace unos días, en vísperas del Día del Padre, me dio la entrevista de mi vida.

 

Y quiero compartirla con ustedes:

 

– ¿Recuerdas el día que te enteraste que serías papá?

– Claro. Tu mamá se hizo un examen de sangre, fuimos a la clínica. Habíamos tratado de ser padres por mucho tiempo.

– ¿Y cómo te sentiste?

– ¡Feliz! Mi primera reacción fue decirle a la gente que nos conseguíamos: “¡Estamos embarazados!”

 

Cómo sanar y mejorar la relación con tu papá
Mi papá y mi mamá ¡Embarazados!

 

– Papá, algunas mujeres dicen que la conexión con sus hijos empezó la primera vez que lo sintieron dentro de su barriga. ¿Cómo es en el caso de los hombres? ¿Cuándo me empezaste a querer?

– Cuando te sacaron del quirófano. Estábamos todos reunidos y yo sentí un… (suspiro), una sensación de que algo invisible me abrazaba.

En el embarazo no lo sentí tanto porque yo creo, y no hablo por los demás padres, que la mujer siente y ama al bebé desde que está en su vientre y que para el hombre es otra cosa. Cuando no se es padre, tener un hijo es como tener un carro o una casa.

No te das cuenta hasta que nace, que realmente es un ser que es parte de ti, que tiene piernitas y bracitos. Durante el embarazo crees que lo quieres, pero el amor lo sientes cuando lo conoces.

Cómo sanar y mejorar la relación con tu papá
Mi papá cargándome cuando nací

– ¿Que ha sido lo mejor de ser papá?

El amor. Descubrir que en la medida que pasa el tiempo siento que mis hijas me quieren más y que solo hay que pasar la etapa de la adolescencia…

– ¿Y lo más satisfactorio?

– Me siento orgulloso de mis hijas. En tu caso, porque nunca creí que el periodismo era una carrera tan completa que requería de tanto conocimiento y tanta destreza.

Y que mi hija menor descubriera desde pequeña lo que le gustaba, que es cantar, me llena de orgullo. Además, aprendió su segundo idioma sola y lo habla bien. Eso me da mucha satisfacción, porque hace honor a nuestro apellido, que en hebreo antiguo significa “el traductor”.

¿Y qué es lo más difícil de ser papá?

– Que nunca terminas de ser padre… Muchos hombres se convierten en papás más jóvenes de lo que yo lo hice. Yo fui padre por primera vez a los 32 años de edad y luego a los 42 (casi abuelo para el estándar de donde vivimos, donde la gente a los 18 años ya tiene hijos).

A esa edad uno siente la inseguridad del futuro porque en 20 años tendrás 62. No es lo mismo tener 30 y tener la fuerza para luchar por una persona, que tener 60. Aunque esa persona sea independiente, porque vas a pensar que siempre tienes que estar ahí para ella. Es complicado, especialmente cuando empiezan las enfermedades.

¿Eso lo ves ahora en retrospectiva o era algo que pensaste en su momento?

– Siempre lo he pensado, lo pienso todos los días. Lo difícil que es no poder hacer nada en el caso de que pase algo. Hasta en un caso extremo como una inundación, ¿Cómo hago yo en una inundación, si no sé nadar?¿Cómo protejo a mis hijas?

– ¿Qué sabes ahora sobre ser papá que te gustaría haber sabido antes o qué te gustaría que otros padres supieran?

– Me preocupaba mucho por las enfermedades. A pesar de haber estudiado medicina, no sabía mucho sobre enfermedades infantiles. Si les daba una gripe yo imaginaba cien mil cosas distintas y sus complicaciones y resulta que no, que enfermarse es ser parte de ser niño.

– No creo que pensaras que los niños no se enfermaban.

– Pensaba que las mías no se iban a enfermar.

– ¿Los papás se autoevalúan?

– Sí, claro. Yo he pensado que no he sido todo lo buen papá que debo ser, que todavía tengo que dar más y no puedo.

– ¿Y qué más tienes que dar si tus hijas son adultas?

– Aunque sean abuelas, para mí siempre serán mis niñas.

– ¿Sientes culpa o te arrepientes de algo?

– Sí. De ser tan sobreprotector. Porque no he debido y sin embargo no pude evitarlo.

– ¿Y cómo has hecho para dejarme vivir y cometer mis errores?

– ¿Yo? Sufriendo mucho. Es que hasta el día de hoy creo que te sobreprotejo.

Cuando eras niña te llevaba a los parques y quería montarme en el carrusel para acompañarte, pero no lo hacía, obviamente, porque qué raro hubiera sido meterme en un carrito de 50 cm midiendo 1,85 m. Pero ganas no me faltaron.

En algunos casos es conveniente, porque evitas muchos accidentes, pero en otros no, porque luego los niños no saben nadar, caminar solos por la calle o crecen creyendo que todas las personas del mundo son como sus padres, que no hay maldad.

– Papi, ¿a ti gusta ser papá?

– Me encanta serlo. La forma ideal de ser papá es como dice el poeta libanés Khalil Gibran: “Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas son lanzados”. Yo lo interpreto como que mientras más estires el arco para tenerlos cerca de ti, cuando lo sueltes, más lejos se irán. Pero yo, en ese sentido, soy un anti Gilbran. A mí me gusta vivir recogiendo a mis flechas.

– Y a mí me gusta mucho ser tu hija.

 

Nunca es tarde

 

Yo nunca he ido al psicólogo, aunque les confieso que estoy plenamente convencida de que habría sido de mucha ayuda haberlo hecho hace 10 años.

Pero, después de una conversación a corazón abierto, donde me enteré (aún no tengo hijos, así que hay muchas cosas que desconozco en estos menesteres) que los padres pueden sentir miedo, reconocer sus errores y hasta sentirse culpables, decidí buscar a una especialista y profundizar en el tema.

Así que conversé con la psicóloga venezolana radicada en Colombia, Ruth Mendoza.

Resulta que sentir miedo como papás (y en otros aspectos de la vida) es muy común y hasta sano. Porque esta emoción te hace conectarte con tu lado más vulnerable y es en ese lugar donde encontramos realmente nuestra fortaleza. Sin embargo, Ruth me advirtió que hay que aprender a manejar esta emoción porque no se puede vivir aterrado e inseguro todo el tiempo.

Hay que aprovechar que el miedo nos mantiene alerta. Quizás es por eso que durante mi niñez era prácticamente imposible que me cayera si mi papá estaba en el mismo cuarto que yo. Su miedo le hacía estar dos o tres pasos delante de cualquiera de mis movimiento y eso lo llevó, más de una vez, a atajarme en el aire. Sí, como el más ágil de los superhéroes.

La culpa también es un sentimiento frecuente cuando se habla de la paternidad.

Pero esta, a diferencia del miedo, paraliza. “No se construye nada a partir de la culpa”, me aclaró la psicóloga. Y es que, como me lo imaginaba, no hay una “Guía para la paternidad perfecta”.

Los padres van aprendiendo sobre la marcha, las cosas no siempre saldrán como se espera y es fácil creer que no lo estás haciendo bien. La psicóloga me dijo que la forma de trabajar la culpa en la paternidad es haciendo consciencia. Hay que aceptarlo, ser compasivos con nosotros mismos (de nuevo, no soy madre pero este es un consejo que quiero guardarme para el futuro) y entender que siempre puedes rectificar, evaluar dónde has fallado y conversarlo con tus hijos. Nunca es demasiado tarde. Yo ya no tenía reclamos hacia mi papá, pero escucharlo decir que hay cosas que pudo hacer mejor me conmovió y me acercó aún más a él.

En mi caso, fui una niña sobreprotegida. Para la psicóloga, los hijos sobreprotegidos tienden a pensar que el mundo no es un lugar seguro a menos que se esté bajo el ala paterna. Así que lo difícil fue asimilar que no todo el mundo es bueno o quiere lo mejor para mí.

Cuando un niño es sobreprotegido tiene menos posibilidad de cometer errores y vivir esas situaciones que hacen que formes carácter. A mis 30 años me ha tocado darme los estrellones un poco tarde y es algo en lo que trabajo todo el tiempo. Especialmente porque me he dado cuenta de que tiendo a asociar el amor (en todas sus aristas) con la sobreprotección.

Por ejemplo, una vez mi novio estaba resfriado y después de prepararle un té, llevarle la medicina a la habitación y asegurarme de que estaba cómodo, me senté en el borde de la cama a verlo descansar. Después de 20 minutos, en medio de su malestar, me preguntó si necesitaba algo y mi respuesta fue clara: “Nada, te estoy cuidando”. Cuando me dijo con todo su cariño que no tenía que estar ahí, que me fuera a ver televisión y que él me llamaba si necesitaba algo, me dolió y hasta me molesté. Pero, honestamente, ¡No podía hacer más nada por él! Pero yo soy así, sobreprotectora.

Hoy en día ese episodio es motivo de chistes, pero me hizo comprender que había preguntas que debía hacerme. Cada quien debe vivir sus procesos (y sus gripes).

Lo mismo deben hacer los padres sobreprotectores, así que contéstense ¿por qué estoy respondiendo a estos patrones de crianza?

 

¿Cómo sanar la relación con papá?

 

Ruth me aclaró que dentro de la psicología no hay una fórmula mágica, respuestas únicas, recetas o píldoras milagrosas que sirvan para superar situaciones difíciles que se han tenido en la vida, como por ejemplo haber tenido una mala relación con tu padre.

via GIPHY

 

Sin embargo, me explicó que haciendo consciente el inconsciente, haciendo psicoterapia, visitando a un especialista que te guíe y oriente, es posible lograr avances importantes. Desde luego, no es algo que se logra de la noche a la mañana.

Tener un mal vínculo con tu papá puede afectarnos como adultas, pues cuando esta relación no fue sana, se tiende a repetir en la relación de pareja. Repetimos patrones porque esa es nuestra historia personal, nuestro equipaje. Y de forma inconsciente, vemos a nuestra pareja como fue nuestro papá y tratamos, sin darnos cuenta, de repetir el guión. Es decir, si tuviste un padre ausente o maltratador, “casualmente” buscas hombres abandonadores o maltratadores.

Hay buenas noticias. Todo, en teoría, se puede superar.

La psicóloga me explicó que existen personas muy resilientes (la resilencia es un término que por estos días suena mucho y que viene de la física, se trata de la capacidad que tiene un material para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había sido sometido).

Las personas resilientes tienen recursos internos que les permiten superar crisis y situaciones difíciles. También es posible sobreponerse cuando el entorno te ha dado el afecto, la fuerza y la comprensión que necesitas. Ese entorno puede ser tu mamá, tu familia (ya sea pequeña o grande) u otra figura paterna, que puede ser un tío, un padrastro y hasta un hermano mayor.

Algunas veces la relación padre – hija se fractura cuando este tiene comportamientos machistas. Si es tu caso, la especialista aconseja que trates de conocer la historia familiar de tu papá. ¿Cómo era su mamá y su abuela? Estas preguntas son importantes pues para ella gran parte de la responsabilidad del machismo descansa en las figuras femeninas de la familia. Alguien tuvo que enseñarle a tu papá que el rol de la mujer era de cierta forma y él responde a su crianza. Pero tú, como hija, puedes ser distinta y cambiar el patrón que él no pudo.

Y sí, yo sé que soy una mujer con suerte, no solo porque las diferencias con mi papá estuvieron muy influenciadas por la adolescencia (que es una etapa que afortunadamente se termina), sino porque pude sentarme a hablar con él cara a cara y hacerle todas las preguntas que se me ocurrieron (recuerden que soy periodista, así que fueron muchas, pero muchas preguntas).

Entiendo que para muchas mujeres hacer esto sería imposible, porque sus padres fallecieron o porque nunca estuvieron presentes en sus vida y no saben dónde esta.

En este escenario, lo mejor es buscar ayuda. Ruth me recomendó una técnica que me gustaría compartir con ustedes: se trata de escribir una carta y volcar todos esos sentimientos en papel y lápiz (no en computadora). El hecho de escribirlo tiene todo un soporte y ayuda mucho para cerrar el capítulo y hacer las paces con ese alguien que ya no está o que nunca estuvo y que no puedes confrontar.

Finalmente, si de verdad, no logras reconciliarte con tu papá, es importante que trabajes en ti para estar en paz con esa decisión. No eres “mala” porque no te reconciliaste con él. No perdonar es válido, pero debes evitar que ese sentimiento se apodere de ti y de tu futuro, tienes que entender que puedes y que mereces tener una vida mejor.

 

¿Cómo mejorar la relación con papá?

 

  • Busca ayuda profesional, puedes ir a un psicoterapeuta o trabajar tus constelaciones familiares. Hay muchas herramientas.
  • Trata de entender de dónde viene tu papá, que él también pudo ser una víctima de su crianza y que con los elementos que tenía hizo lo mejor que pudo porque no conoció otra cosa.
  • En los casos en los que la historia personal de tu papá no te arroje que tuvo una mala infancia o algún trauma que explique su comportamiento, acepta que tu papá era o fue una mala persona. Date permiso de avanzar en tu vida y construir lo que deseas, dejando a un lado sus errores. ¡No tienes que repetir su historia!

 

via GIPHY

 

 

¿Saben una cosa? Me gusta ser como mi papá

 

Tener sus ojos grandes y su carcajada contagiosa, ser aplicada en los estudios y acumular datos curiosos que para muchos son inútiles y a mí me parecen que hacen más interesante cualquier conversación.

Me gusta ser intuitiva, no tener sentido del ridículo y hacer payasadas con el único fin de conquistar las risas de mis seres queridos.

Amo sentirme una persona diferente al resto del mundo, pero igual a un hombre que es lo suficientemente valiente para decirle a su hija que todos los días siente un poquito de miedo, que es tan noble que puede reconocer que se ha equivocado y cuyo motor de vida no es otro que el profundo e infinito amor que siente por mi hermana y por mí.

 

Gracias a la psicóloga Ruth Mendoza

¡Aquí te dejo su info!

https://www.ruth-mendoza.com/

Instagram: @ruthpsicoterapia

Fotos: Dani Truzman.