El parto como punto de partida de tu maternidad

¿Sabías que tu capacidad de disfrutar de tu maternidad empieza ahí, en el parto?

Voy a partir de la premisa de que tú, que me lees, te pareces a mí con respecto a la idea de parir: no te hace nada de gracia. No sé qué es peor: si el dolor inminente, los cambios que se producen en nuestros cuerpos, la incertidumbre o los cuentos de terror de otras mujeres, que hacen que pensar en el parto, te ponga los pelos de punta.

No eres la única, yo soy igual.

El tema con el parto, después de haber vivido dos y haber estudiado mucho el asunto, es que además de ser inevitable para tener un bebé (biológico), es un acto que representa un momento determinante en nuestra maternidad y feminidad. Que va muchísimo más allá que el simple hecho de traer un hijo al mundo. Es una experiencia transformadora a nivel espiritual, lo queramos o no.

Así que te quiero contar mis dos historias de parto. Dos partos vaginales y dos experiencias completamente diferentes y contrastantes.

En mi primer embarazo estaba tan aterrada con la mera idea de dar a luz que no quise informarme, leer, escuchar, ni ver nada que tuviera que ver con el parto. Estaba como en estado de negación. Mi objetivo era bloquear su existencia y “resolver” en el momento.

Craso error.

Llegué al hospital una mañana con contracciones seguidas sin dolor, y ya estaba pidiendo que me anestesiaran. Era como si la epidural me pudiera salvar de lo que estaba por vivir (pero no, no lo hace).

No sentí una sola contracción. Solo tuve dolor en la fase expulsiva (en la cual el bebé está saliendo de nuestro cuerpo). Fueron 15 minutos en los que no paré de llorar sumida en el miedo y la inseguridad. Estaba agitada, sin entender absolutamente nada de lo que pasaba. Tuve a mi bebé, me lo acercaron para una foto (que capturó a la perfección mi miedo y sentido del caos, es decir, salió horrorosa) y se lo llevaron por horas para “observarlo”.

Luego de la separación de mi bebé, naturalmente tuve muchas dificultades con la lactancia. Pero más allá de los problemas técnicos de la recuperación y la lactancia, me costó muchísimo conectar con mi bebé sus primeros meses. Sentía un agobio constante, una inseguridad infinita y una tolerancia bajísima a los retos propios de la maternidad.

Pasó un tiempo. Entendí que la maternidad si bien “no tiene manual” requiere que estemos preparadas en muchos ámbitos. Entre una cosa y otra nació mi filosofía: la Crianza Informada, que se enfoca en lograr que las madres disfrutemos más de la maternidad a través del empoderamiento.

Así que, para mi segundo embarazo, ya yo era una persona diferente, tenía una visión distinta de la maternidad y dirigí mis energías a empoderarme, no a bloquearme ante el parto. El miedo que antes me paralizaba seguía ahí pero no determinaba mis acciones. Apliqué mi Crianza Informada, estudié, leí, investigué y, por razones muy personales, decidí dar a luz sin epidural.

No vas a creer lo que pasó: no me dolió nada… ¡Mentira! dolió muchísimo (aunque fue maravillosa, confieso que no me quedan ganas de repetir la experiencia). Sin embargo, estaba conciliada con ese dolor, estaba presente. Cada acción que tomaban los médicos la consultaban conmigo porque me veían muy clara de lo que quería. Además, me aseguré de que no se llevaran a mi bebé, en fin, me adueñé de mi parto.

Me llamó la atención cómo luego de mi primer parto casi sin dolor me sentí tan derrotada e insegura y luego de otro sintiendo cada una de las contracciones, cada pujo y cada centímetro de mi bebé saliendo de mí, me sentía un tanto más estable.

Poner en contraste mis dos experiencias me hizo entender cómo, lo único que podemos controlar del parto (y la maternidad) es nuestra actitud. Y que, efectivamente, la manera como enfrentemos el parto determina en gran medida como enfrentaremos la maternidad.

En la crianza habrá muchísimas cosas que no nos gustarán. El parto es tan solo la primera y ni siquiera es la peor.

El parto es nuestra oportunidad de tomar eso que no nos hace gracia y asumirlo con actitud positiva, de forma proactiva y siendo partícipes de la experiencia, no meras espectadoras. Es asumir el reto con plena consciencia, sin vivirlo “anestesiadas” emocional y mentalmente (porque físicamente, puedes hacer lo que consideres mejor).

Luego de mis dos experiencias, me encontré con un libro que removió viejas heridas (inconscientes), pero que me permitió sanar. Me refiero a “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” de la psicóloga Laura Gutman.

Ella ofrece, entre otras cosas, una explicación del parto como ninguna que había encontrado antes y, luego de leerla, noté cómo mis dos partos manifestaron exactamente lo que ella describe. Laura expone que el nacimiento, que usualmente tiene una connotación puramente física/médica, tiene realmente otras dimensiones que son igual de importantes: la emocional y espiritual. Que este acto representa una ruptura, no sólo física del cuerpo de la madre, sino de su propia alma. Se refiere a un quiebre místico que es absolutamente necesario para funcionar de puente y dar paso a una estructura nueva de la madre.

Efectivamente, una mujer es alguien diferente antes y después de dar a luz, somos una “nueva persona” y estamos inmersas en un mundo emocional que no necesariamente sintoniza con el resto de nuestra realidad. Ella dice que las mujeres en el puerperio nos sentimos que estamos locas y que no, no es una sensación, es la verdad, estamos en otra dimensión.

Pero ¿Qué pasa cuando no estamos conscientes de esa ruptura emocional?, ¿Qué pasa cuándo estamos completamente desconectadas con la experiencia del parto, con nuestro poder femenino y damos a luz “anestesiadas” (en el sentido figurativo)?

Sucede que la ruptura se da igual, sólo que no es un corte limpio. Entonces, en el puerperio estamos (y parafraseo un poco a la autora): tan ocupadas encontrando y componiendo pedacitos emocionales de nosotras mismas que han quedado “regados” luego de parir, que nos vemos carentes de herramientas emocionales para lidiar con ese nuevo rol de ser madres, con esa nueva dimensión en la que nos encontramos.

Escribo esto y me erizo. Porque así estaba yo luego de mi primer parto: carente por completo de herramientas emocionales. Tardándome meses en recomponerme para realmente empezar a disfrutar de mi bebé, lo recuerdo y me da tristeza por haberme sentido así y sin saber por qué.

La idea de este artículo no es animar a todas las mujeres a dar a luz de forma natural, en lo absoluto. Es invitarte a que te adueñes de tu parto, sea vaginal, por cesárea, inducido o natural. Que seas parte consciente de lo que sucede con tu cuerpo y con tu alma. Te invito a que asumas el reto del parto con actitud positiva, que logres una ruptura limpia, que te permitas transitar la experiencia y que aceptes a esa estructura renovada en la que te convertirás.

Todas queremos disfrutar de nuestra maternidad y esto comienza desde el parto. Aduéñate de él. ¡Si puedes!, eres más fuerte de lo que crees.

Gracias por leer ❤️

Te invitamos a conocer el proyecto de Nicole: www.mamanicole.com