La importancia de aceptar nuestros polos opuetos

Reconocer nuestros polos y aceptarlos

Si pensamos en el día, no podemos evitar imaginarnos la noche. Y en el medio de esos dos polos, transita la vida diaria de cada uno.

Si elegimos la justicia, la honestidad o la belleza, es porque en algún lugar habita la injusticia, la deshonestidad o la fealdad.

Puede que estos polos (un tanto reprochables para algunos), los veamos fuera de nosotros porque nos duele reconocer nuestras cualidades oscuras, pero ellas habitan en nuestro fondo, reservadas secretamente para sorprendernos en el momento menos pensado.

Muchas personas se describen a sí mismas como “blanco o negro” para decir que son claros, decididos, concretos o auténticos, pero en el quehacer de sus vidas, esta manera determinada de ser, los limita y los detiene en extremos.

 

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No tener medias tintas, ser lo uno o lo otro, sin grises, resta el sinfín de posibilidades que existe entre un polo y otro, y convierte a los seres en individuos predecibles y con poco encanto.

Sin embargo, si nos detenemos a observar, no es que no tengan matices intermedios, sino que no los han desarrollado, o el tránsito de un polo a otro es tan violento que pasa inadvertido.

Podemos sentir furia o calma y también podemos sentir molestia, enojo, rabia, indignación, ira y cólera. Podemos sentir miedo o tranquilidad y también podemos experimentar desconfianza, sobresalto, susto, miedo, pavor, terror y pánico.

Ahora imaginemos la vida solo entre el pánico y la calma o la cólera y la tranquilidad; o el amor y el desamor, o la alegría y la tristeza, o un mundo solo de hombres, o solo de mujeres.

Un mundo sin colores es inconcebible, aburrido y escaso.

Los movimientos que se producen entre la vida y la muerte son los que le aportan riqueza a la existencia

Así como nos movemos, vivimos, y si nos detenemos, literal o psíquicamente, morimos.

Los procesos humanos son intrapsíquicos, (cambios, conflictos, movilizaciones internas entre diversos aspectos de un individuo) e interpersonales (entre dos seres diferentes que se encuentran, complementan y diferencian).

La comunicación es el puente vinculante, el punto de enlace. Lo que da sentido a un polo, es el intercambio con el otro; así se nutren, así enriquecen sus experiencias, así cambian y crecen.

Un árbol puede terminar siendo un hermoso o utilitario mueble mediante el proceso que aporta el carpintero a través de su oficio; los ingredientes en la cocina pasan por el proceso de cocción hasta convertirse en un delicioso plato en manos del cocinero; las siete notas musicales nos regalan una infinidad de momentos melódicos gracias a la dedicación del compositor. La naturaleza, el deporte, las redes sociales, el aprendizaje, el arte, la literatura, todas las obras humanas están plagadas de procesos.

La psicoterapia descubre el proceso entre los polos “psicoterapeuta” y “paciente” (sea este un individuo, una pareja, una familia o un grupo), y es en el encuentro entre ellos donde se produce el autoconocimiento, la expansión de la conciencia, la expresión de vivencias o emociones, la confesión de verdades ocultas, el descubrimiento del potencial de cada uno, el intercambio de experiencias, el cambio. En definitiva, el crecimiento.

 

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El proceso psicoterapéutico es como un columpio habitado por un niño en el cuerpo de un adulto que al principio necesita ser empujado por otro adulto, hasta que ese “niño-adulto” descubre que lo puede impulsar solo, y para que sea divertido, es importante estar acompañado.

Mientras tanto, el psicoterapeuta espera que el columpio se desocupe, para poner en práctica lo que fue aprendiendo de su discípulo… y ponerse en su lugar.

Victoria Robert es parte de nuestra red de bienestar y sus artículos son buenísimos. Te invitamos a seguirla en su Instagram: @mavirobert y @TerapiaYa