Lista de cosas “políticamente incorrectas” que me gustaría hacer algún día

Podría decir que quiero viajar más, conocer más y comer cosas diferentes. Sí, siempre querré hacerlo hasta el día de mi muerte.

Pero hay experiencias más específicas, pequeñas, sencillas y nuevas que me gustaría vivir, y que hasta ahora no he hecho por miedo, prejuicio, porque me parecen locas o porque simplemente las pospongo y se quedan engavetadas hasta nuevo aviso.

Me encantaría compartir algunas de ellas, y que a la vez, ustedes me cuenten las suyas.

Ahí van, pues:

 

Emborracharme

 

Ya lo he hecho muchas veces, sí; pero tengo tiempo que no lo hago. La última vez fue en mi despedida de soltera, hace 10 años. Recuerdo que un doble de Juan Gabriel fue invitado a aquella fiesta y yo tomaba pisco sour desquiciadamente, uno detrás del otro.

 

Bastó con que «Juanga» cantara “Hasta que te conocí”, para que yo perdiera el conocimiento y me despertara con el novio ayudándome a vomitar en un balde que me prestó un mesero.

Ok, tampoco quiero llegar a esto otra vez (sobre todo, porque ahora tengo que cuidar a una hermosa niña de 5 años); pero sí quisiera revivir las bondades de la borrachera y el desparpajo, del baile sin fin, de la risa descontrolada y de la fiesta loca… ¿Por qué no?

 

Irme sola a un bar

 

 

¡Ja! Siempre he querido irme sola a un bar a tomar algo. Confieso que me encanta la soledad, pero estar sola rodeada de gente me resulta fascinante.

Me imagino ser como Carrie Bradshaw de Sex and the City, sentada en la barra tomando un Cosmopolitan, viendo a los bartenders hacer su trabajo entre tragos y movimientos, a la gente que se besa, a los que conversan, a los que bailan, a los que se enredan y a los que se reconcilian.

Me encantaría llevarme una libretica, anotar todo y describir la escena.

El otro día tuve fantasías con hacerlo: visité el rooftop del Novotel (antiguo Hotel Atton) en El Tesoro (Medellín-Colombia). Su ambiente me recordó mucho a un bar que solía frecuentar cuando vivía en Caracas.

Hay una piscina en todo lo alto, desde donde se puede ver la ciudad majestuosa y alumbrada y una salsa brava que invita a cantar a grito pelao’.

Pero no, yo solo vi la barra, me imaginé sola, batiendo un mojito, mi libretica y mis reflexiones, sin el hombre que se acerca a preguntarte por qué estás tan sola, sin el grupo que te mira como bicho raro y sin la señora que piensa que eres una loca arrabalera por estar sola “buscando quién sabe qué”.

¡Definitivamente, sin que te importe nada de lo anterior!

 

Promover un proyecto de ley que nos dé a las mamás un día libre a la semana 

 

¡Sí! Para mí, las mamás deberían tener por ley, un día libre (con la terapia psicológica previa, para no morir de culpa innecesaria).

Yo quiero mi día libre, un día de descanso a la semana, de recomponerme y de cargar baterías. Ese día es para hacer lo que uno quiera: dormir, ver TV, mirar para el techo, hurgar Instagram, arreglar el clóset, irte de compras, ¡lo que sea, lo que sea!

El día libre también irá unido a un día extra de descanso (para mamás) después de las vacaciones con los niños. Me parece justo y nos lo merecemos. Es sano, es bueno y nos deja perfectas para el siguiente día y todos sus desafíos ¿Qué opinan?

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Irme a un retiro una vez al año

 

Me parece que va en consonancia con el punto anterior. No me iría muy lejos, pero lo haría.

Me encantaría desconectarme de todo y conectarme conmigo misma, y eso no es posible en medio del ajetreo ¡Al menos yo no puedo!

Entonces, voy a investigar dónde hay lugares maravillosos, llenos de naturaleza y silencio, para poder irme y retirarme, al menos por un día, ¡mi día libre! ése que voy a promover en mi proyecto de ley.

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Por último, me haría un par de tatuajes más

 

 

Uno aquí y otro allá. Bueno, esto no es tan políticamente incorrecto, pero ahora, casi entrando a los 40 años, sé que tiene ciertas implicaciones.

Lo importante es entender, también a mis cercanos 40 años, que este cuerpo es mío, que me pertenece solo a mí, y lo que haga con él es mi asunto, así como también es mi asunto, quitarme de encima los prejuicios, miedos y creencias que a veces no me permiten hacer cosas que no he hecho o probar cosas que no he probado y quiero hacer.

No hay edad para eso, solo hay ganas, solo hay que atreverse, hacerlo de a poquito, volverse un poco loca, dar el paso… ¿Por qué no?