Lo que me hicieron creer las monjas de mi colegio

Les quiero contar la historia de lo que nos decían las monjas de mi colegio…

Respeto profundamente las diferentes corrientes de educación y no pretendo atacar ninguna. Este es solo mi testimonio.

Así que aquí va la historia…

Tuve la fortuna -o el infortunio-, de estudiar en un colegio de monjas. Fortuna, porque posiblemente de algo me sirvió (risas); infortunio porque es un tipo de educación con la cual no estoy de acuerdo y ¡la odié!

Las monjas reprimieron mi vida. Me enseñaron la cosa más horrible de la existencia: Solo hay una manera de pensar y es la de ellas.

Soy una persona que todo se lo cree. Hasta el año 2012 me creí que el mundo se iba a acabar. ¡Lo juro! y eso que ya estaba grande, adulta y con hijos. Lo que sea que me dicen me lo creo. Entonces, cada palabra de las monjas quedó como un tatuaje en mi cerebro. ¿Ustedes saben que los tatuajes no se pueden quitar?

 

Algunas cosas que decían las monjas de mi colegio:

 

  • Sentarse en la manga (grama) es malo porque sientes sensaciones.
    Traducción: No puedes sentir cosquillas en tus partes íntimas nunca ¡porque es MALO!
  • Bañarse y tocarse las partes íntimas es malo.
    Traducción: Es mejor ser cochina y no hay arrimadero a las partes íntimas.
  • Si no fuiste a misa el domingo pasado, estás en pecado MORTAL. Traducción: así seas una buena persona, en la misa reparten los pasaportes de entrada al cielo.
  • Hay que ir a misa todo el tiempo.
  • Uno se puede embarazar en una piscina con el semen que flota y nada sobre el cloro. Traducción: ¡Todo embaraza! (incluso «blujinenando»).
  • Nadie te puede tocar una teta y, obviamente, nada más.

 

Todo eso es pecado. Todo es pecado.

 

Después de que las monjas me dijeron eso (por muchos años) y obviamente me lo creí, empieza mi rayón (trauma) en la vida que incluye:

 

  • La religión católica (la manera de entender a Dios o a la divinidad)
  • El concepto de sexualidad (misterioso y pecaminoso)
  • La imposición (no puedes pensar, ya todo está dicho)

 

En los últimos 20 años he tenido un proceso de desintoxicación y luego de consciencia. Desintoxicación, porque quedé saturada de las monjas, de sus ideas, de sus conceptos. Consciencia, porque empecé a pensar por mí misma y concluyo que que no hay una única manera de pensar, sino hay muchas verdades que dependen del punto de vista de cada persona.

Sí, empecé a pensar por mí misma después de los 30 años. Todo me llegó con la maternidad. Y en parte fue porque al querer enseñarles un mundo a mis hijos, me di cuenta de que nunca había pensado de manera neutra o por lo menos de manera libre.

Hoy quiero enseñarles que no hay una única manera de ver las cosas y que no podemos creer todo lo que nos digan.

Prefiero que aprendan a pensar y a desarrollar su criterio… Eso lleva tiempo. (Yo, por ejemplo, estoy ahora mismo ensayando pensamientos).

Para poder explicarles, me he cuestionado todo lo que me han enseñado… El concepto de la vida, de Dios, de la familia, del amor, de la libertad. De la felicidad, de la unidad y el colectivo, de la fidelidad, del autoamor.

Eso y mucho más.

Las monjas de mi colegio me traumatizaron y a mis amigas también. Es más, mucha gente que estudió ahí quedó con ese rayón. Aunque a veces me da rabia y siento a mi niña interior violentada por esa imposición de conceptos, entiendo que es la manera de educación que existía y trato de no juzgar.

Pienso que tenía que llegar este momento para yo abrir mi mente, tener más consciencia en una edad adulta y tomar mis propias decisiones respecto a lo que quiero creer. Todo es perfecto y si yo tenía que estar ahí, era porque mi proceso de vida así lo requería. 

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Ilustración: Natalia Mesa.