Cuando mi sexualidad se volvió una prioridad

Sexualidad y maternidad
Maternidad y sexualidad

Cuando mi pareja y yo decidimos ser padres, nos dedicamos a esta tarea con toda la planificación que ameritaba: desde tomar vitaminas hasta cambiar la alimentación. Pasaban las semanas y yo estaba obsesionada con la aplicación Calendario de días fértiles y ovulación que había descargado en el móvil. (Yo aún no sabía cómo cambiaría mi sexualidad con la maternidad).

Casualmente, cuando estaba en mis días más fértiles, él llegaba agotado y sin ánimo de nada, por lo que mi frustración empezó a crecer.

Dado que ya teníamos un año dedicados a la incesante búsqueda y nada pasaba; decidí contactar a un amigo especializado en masajes tántricos. El objetivo era acudir juntos a una sesión para aprender algunas técnicas y así conectar sexualmente desde otro nivel.

La terapia tuvo su efecto. Luego de muchos intentos poniendo en práctica las técnicas aprendidas, quedamos embarazados de la manera más insólita y relajada posible, sin prestarle atención a los diferentes calendarios. No dudo que ayuden, pero en mi caso, lo que generó fue estrés y ansiedad.

El embarazo transcurrió con normalidad y sin episodios destacables. Pero una vez embarcados en la paternidad, algunas situaciones no previstas fueron surgiendo; entre ellas, padecí de depresión post parto, lo cual no reconocí sino pasado unos meses.

Cuando nació mi primera hija me sentía engañada. Había leído cuanto libro me recomendaban, pero lo que mi madre nunca me contó en palabras sinceras y sin florituras, fue lo interesante y retador que era la maternidad. Esto despertó en mí un sentimiento de enojo hacia ella los primeros meses. 

Sentía que mi vida ya no era mía, que todo mi ser estaba a la entera disposición de una pequeña personita, a la que amo con locura, pero que es la mayor responsabilidad que había tenido y tendré.

Pero apartando todo lo que implica ser padres, lo que más me dejó fuera de mi órbita fue el hecho de reconocer mi nueva sexualidad a partir de la maternidad. ¿Cómo podría retomar la intimidad con mi pareja?

Mi nueva sexualidad a partir de la maternidad

Después de algunos meses de abstinencia (por el cansancio y por el temor a sentir dolor), decidí tomar la iniciativa y cuando creí que estaba lista para entrar en faena, ¡mi sujetador y mi pijama estaban mojados de leche! Se imaginarán el momento… tuve que abortar la misión antes de llevarla a cabo.

Hubo varios intentos fallidos, pero aún así no desistía en mi propósito de recuperar la relación íntima con mi esposo. Finalmente, logramos reencontrarnos en la intimidad, pero de inmediato me di cuenta de que algo no estaba bien con mi vulva.

Sí, algo había cambiado. Cuando intentábamos tener relaciones o él buscaba estimularme, sentía un dolor intenso y el ardor era casi inaguantable.

Fue en ese momento, cuando empecé a preguntarles a mis amigas-mamás que habían tenido parto natural, si sentían lo mismo. Pero ninguna había tenido problemas y no le pregunté a las mujeres de mi familia, porque todas habían parido por cesárea.

Decidí acudir al médico de cabecera, quien me remitió a un ginecólogo y luego de una incómoda revisión, mi intenso dolor tuvo nombre propio: “vulvodinia”.

Quedé sumida en un mar de dudas, porque quería retomar mi vida sexual con mi pareja, pero no tenía muy claro si podría volver a tener relaciones sin ese intenso dolor y sobre todo, que fuesen satisfactorias.

Mi vida con vulvodinia

El caso es que seguí las recomendaciones del especialista, que incluían hasta una terapia especial para relajar los músculos y cualquier tensión. Leí sobre la vulvodinia en varias páginas web y hasta lo llegué a comentar, sin éxito, entre las madres que conocía, pero ninguna había escuchado sobre esta enfermedad.

Pasaron los meses y la incomodidad seguía. Sin embargo, poco a poco se fue desvaneciendo. Debo decir que la paciencia que tuvimos mi pareja y yo también fue determinante; pues logramos encontrar la manera de hacer de nuestra intimidad un momento de placer y de conexión. Sin duda, la comprensión fue la clave.

En mi curiosidad por conseguir alternativas para asumir esta nueva sexualidad después de mi maternidad, tuve la oportunidad de consultar a una sex coach que me hizo la siguiente pregunta: “¿Te has masturbado alguna vez?”.

Y yo, muy honestamente y de manera horrorizada, respondí: “¡No! ¿Tú estás loca?”.

Ella me explicó el porqué es importante conocer nuestros puntos de placer primero, el tocarnos, el descubrirnos, para así poder compartirlo con nuestra pareja.

Con un poco de temor, me he apuntado a esta tarea y debo decir que aún está pendiente. Es todo un reto, a pesar de conocer los beneficios que tiene para mí el masturbarme. De igual forma, seguí otras de sus recomendaciones: entregarme al momento con mi mente presente, relajada y probar otras maneras de conectar en la intimidad con mi pareja que no implicase la penetración.

Y es aquí cuando pude comprender el uso de varios juguetes sexuales, de cómo hacer del momento una experiencia diferente, haciendo que mi mente y mi cuerpo estén presentes. Bloqueando cualquier distracción como el temor de que mis hijos están casa, que las puertas no tienen seguro y que en cualquier momento ellos pueden aparecer en el cuarto.

No ha sido fácil y aún tengo asuntos por resolver, pero si algo he aprendido, es que ya me entrego al placer sin temor “al dolor o las molestias” y al temido “cuidado allí viene tu hij@”.

Lo disfruto y voy conectando cada vez más conmigo y con mi pareja.

 

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Foto: Pixabay.