No quiero tener hijos y esa es la vida que elegí

No quiero ser mamá No quiero tener hijos

No quiero tener hijos y esa es la vida que elegí. Es una declaración normal pero que trae tantas preguntas, juicios, opiniones y discusiones que prefiero quitármela del medio de una vez: No quiero tener hijos. Lo vuelvo a decir por si quedan dudas, aunque yo ya no las tengo.

La primera vez que me di cuenta de que no quería ser madre pensé que era una etapa, que se me pasaría (como me dicen a veces).

A medida que pasaba el tiempo me sentía más ajena a esa vida y, sinceramente, me dolía. Me sentí sola, incomprendida, rara y, sobre todo, me creí egoísta.

No era capaz de decirlo con seguridad, me daba vergüenza y, cuando lo hacía, cerraba con la coletilla “Uno nunca sabe lo que puede pasar, quizá cambio de opinión”…

Pero no era así, no cambié de opinión

Cuando lo decía tenía que contar mi vida entera para justificarme y odiaba (todavía odio) la típica pregunta: “¿Vas a ser feliz sin tener una familia?”.

Pero si ya yo tengo una familia hermosa que adoro y me adora como soy. Además, he aprendido, con muchísimo esfuerzo, que soy suficiente, tengo amor de sobra y estoy abierta para dar y recibir.

Entendí que no es necesario (ni justo) traer a una persona al mundo para calmar mis complejos cuando, en realidad, no es la vida que quiero.

No llevo una vida de aventuras y viajes todos los fines de semana a lugares exóticos (aunque, ojalá); no salgo todos los días a cenar ni me voy de rumba con mis amigas todos los viernes.

Tengo un nuevo trabajo que me ha devuelto la vida en casa. Sumado, pareciera la fórmula y el momento perfecto para crear una personita y criarla hasta que sea un ser humano decente.

Pero la vida no va de fórmulas y momentos perfectos

MI vida se trata de decisiones que tomo todos los días, pequeñas piedras que voy apilando para construir lo que quiero para mí y conseguir ser la mejor versión de mí misma. Y la mejor versión de mí misma es esta: una mujer poderosa, amorosa y alegre… Sin hijos. 

Hoy escribo esto sintiéndome una mujer plena, valorada, feliz y casada con el amor de mi vida con quien comparto planes de vida.

Ya no me da vergüenza, ya no me duelen las miradas de juicio, ya no me da fastidio contar mi vida y justificarme si ayuda a que la gente entienda que ser madre no es una obligación atada al hecho de tener un vientre; y que lo que necesitas en tu vida lo eliges tú. Y esta vida que yo elegí me encanta.