¿Somos adictas al drama?

Estamos rodeados de adictos al drama, a lo negativo y lo terrible.

Es una de las adicciones menos evidentes, porque las escondemos detrás de preocupaciones, maneras de controlar o simple interés por dar una opinión.

Pero lo cierto es que si fuéramos conscientes de su efecto, buscaríamos la manera de evitarlo y superarlo.

En el teatro, se utiliza el drama para atrapar al espectador y envolverlo en la historia, pero a costa de perder por un momento su dominio y entregarse a eso que la historia le muestra.

Como éste eventualmente termina, esas horas nos ofrecen un viaje emocional que resulta entretenido. Pero incluso en el teatro, si el drama no se transforma, no es funcional.

Y con el drama cotidiano, nos envolvemos de tal manera que no sabemos distinguir lo que realmente sucede y la historia que nos estamos contando de eso.

Y enredados, caemos en su trampa.

Por eso, rara vez discuto un punto de vista con alguien que no está en calma, en paz. Porque esto último es el indicio de que está preso de su propio drama, en su adicción.

Y en esa pieza de la historia, cada uno ve y confirma lo que quiere o lo que puede.

Cuando estemos viviendo una situación, cualquiera que sea, que emocionalmente nos tenga enredados, tomemos un momento para sentarnos, escucharnos y poco a poco ir diferenciando la historia que nos creamos en nuestras cabezas, de lo que realmente sucede.

Porque muchos problemas cotidianos no están en lo que nos pasa, sino es las historias que nos contamos de eso.

TE PROPONGO ESTE EJERCICIO

Sentirlo para vivirlo

A menudo, cuando quiero algo o que suceda alguna idea, me pregunto ¿Qué quiero experimentar con esto? Y busco crear la experiencia en mí, antes de mover energía para crearlo.

Le pregunté a una amiga: ¿Para qué deseas tomarte el fin de semana en la playa? Me responde que para estar más tranquila. Le propuse que ese mismo día, en su casa, se sentara en quietud y visitara la playa con su imaginación.

Foto: Cynthia Magana/Unsplash.

Seguramente iba a encontrar la sensación que estaba postergando hasta llegar a ese lugar soñado. Luego, la seguí interrogando. ¿Para qué necesitas estar tranquila? “Para tomar una decisión importante”, me reveló. Le sugerí que luego de dedicar un tiempo a observarse en ese lugar hasta sentirlo, desde esa quietud, reflexionara sobre esa decisión.

Y, finalmente, pudo en dos días tomar acción y dejar de postergar algo importante por un viaje que le generaba más ansiedad sobre su ya existente cansancio y preocupación.

Muchas veces escucho que queremos no solo viajar, sino concretar muchos planes para vivir una experiencia que tiene que ver con nuestro mundo interno, no con la situación en sí. Desde sentirnos más valiosos, importantes, más de algo que creemos no tener y que si no lo vivimos, no lo sentimos, y sin sentirlo no lo creemos.

Aclaro que no estoy diciendo que nos quedemos inactivos y dejemos de disfrutar de las experiencias del mundo. Mi invitación es invertir nuestra energía en lo que realmente es importante y descartar aquellas que solo buscan reforzar algo que con dos preguntas sencillas podríamos resolver.

Así que dejemos el drama… Porque lo único que hace es tergiversar la realidad.

Este miércoles 22 de marzo estaré en Medellín con mi conferencia «Relaciones que funcionan»

Con este encuentro, los invito a transformar la manera en que entendemos y vivimos las relaciones con nosotros y las personas que nos rodean.

¡Aún quedan entradas! Te dejo la invitación con los contactos que necesitas para que puedas asistir.

Este artículo fue tomado de la página web de Julio Bevione.

Foto principal: Xavier Sotomayor/Unplash.