Venezuela: Cómo mantener la luz encendida en medio de la oscuridad

Para nadie es un secreto la situación reciente que atravesamos los venezolanos al estar hasta cuatro días o más sin luz.

Todavía lo escribo y no me lo creo y me asombro de nuestro gran poder de resiliencia ante situaciones extremas. Los venezolanos definitivamente estamos hechos de templanza.

Sin lugar a dudas, es una situación para la cual no te preparas. Y es común y natural que se active tu cerebro reptil y no sepas cómo vas a reaccionar, porque tus pensamientos se anclan en la supervivencia.

Lo importante es no dejar a un lado toda la parte emocional relacionada con esto, porque las emociones juegan un papel muy importante ante el caos o las crisis.

Por lo tanto, es básico, desde mi punto de vista, reconocer la emoción, revisar el pensamiento que la detonó y permitirte expresarla.

No es momento de sentirte mal si no logras controlarte ante sentimientos de ira, desesperación o angustia; lo que sí es fundamental entender, es que para poder pensar en supervivencia y encontrar soluciones, es necesario que la emoción no se quede a vivir dentro de ti durante todo el periodo del acontecimiento, porque sencillamente te sumergirás en ella y eso no te permitirá pensar en frío y prepararte.

Después de varios días donde se ha restablecido el servicio de electricidad, les confieso que mis emociones han estado a flor de piel, he quedado sin energía y simplemente necesito mi tiempo y mi ritmo para recargarme.

No he tenido ganas de hablar por teléfono con detalle, no me he dedicado a trabajar, no he usado mis redes sociales para postear cosas; he visto noticias difíciles de digerir.

Pero hoy me he levantado con unas ganas inmensas de compartirte lo que a mí me funcionó para mantener encendida mi luz ante tanta oscuridad.

Durante esas largas e interminables 84 horas sin electricidad y las posteriores interrupciones intermitentes, quizás puedan aportar valor para ti en una situación de caos, ya que no fueron días fáciles.

En lo particular agradezco enormemente haberlos manejado de la forma en que lo hicimos mi esposo y yo. No digo que fue perfecto, porque hubo hasta momentos tensos, pero decidí no quedarme con lo malo, porque sencillamente saco lo mejor de cada uno y nos mantuvo con una llama encendida ante la adversidad.

  • Aceptación

Es difícil practicar esto en medio de un apagón de cuatro días. Lo importante es que no relaciones aceptación con conformismo; no se refiere a que sea justo o no, se refiere a aceptar aquello que no podemos controlar.

Cuando aceptas que estás en una situación de crisis o caos que no controlas y no te enfrascas en pensar cómo debería ser, comienzas a pensar en soluciones; así surgieron ideas de cómo ahorrar las velas y hacer velas nuevas con los restos derretidos de las ya usadas.

Quizá suena lógico, pero nada hubiese sido posible si nos hubiésemos quedado sumergidos en la no aceptación.

 

Esto fue vital para mantenerme en el aquí y en el ahora, agradeciendo todo lo que teníamos para afrontar ese momento, porque fuimos privilegiados.

Pedir por los que contaban con poco o nada, respirar ante momentos de angustia, desesperación y conectarme con la paz que solo Dios puede darnos en esos momentos.

 

  • Distraer la mente

En nuestro caso, no teníamos ningún tipo de juegos de mesa pero nos reinventamos, volvimos a los juegos del pasado stop, la vieja, piedra papel o tijera: sí, jugamos todo eso aunque no lo creas.

 

  • Contar historias de nuestra infancia

Nos conecta con nuestro niño interior. Yo no sabía que las peleas de bachacos eran uno de los juego preferidos de mi esposo en su infancia, ni siquiera sabía que existían como un deporte extremo; él agarraba sus bachacos y los de su hermano -a quien no le gustaban esos juegos-, para poder jugar contra los otros niños del vecindario.

Adoré cada historia, yo también conté las mías; incluso recordé canciones de juego de la infancia como Periquita, Periquita… y síiii, se las canté a mi esposo.

 

  • Leer durante el día bibliografía que aporte valor ante la situación

En mi caso repasé las 7 leyes espirituales del éxito y aplicarlas en ese momento fue de grandísima ayuda. Aunque hubo una ley en particular que me hizo llorar: la ley del menor esfuerzo, su segundo componente es responsabilidad, y se refiere a no culpar a nada ni nadie de la situación, ni siquiera a nosotros mismos.

Les confieso, esto fue imposible para mí.

 

  • Escribir

Nosotros llevamos un tiempo planeando una meta pero que hasta ese momento no la colocábamos en lápiz y papel, ni tampoco le habíamos puesto fecha. Ese día comencé a escribir, le pusimos fecha y nos planteamos acciones para cumplir nuestro objetivo.

Luego no podía parar, la emoción era tan real que sentía que ya estábamos cumpliéndola; lo mejor es que mientras yo escribía y leía en voz alta, mi esposo también le iba dando forma y aportaba a lo que construíamos.

 

  • Visitar familiares o vecinos

Somos seres sociales por naturaleza. Tantos días de encierro y desconectados del mundo, pueden sumergirnos en mayor ansiedad, frustración o desesperación; compartir con otras personas, quizás ayudarlas, aportar, contribuir o pedir ayuda, nos hizo más fácil el proceso, así que compartimos nuestras velas, recibimos agua, conseguimos mas fósforos, cargamos agua para unas vecinas, trasladamos personas y sobre todo la pasamos bien.

Ese día aprovechamos de jugar Ludo con otras personas, y la verdad, las horas pasaron más rápido que el día anterior.

 

  • Momentos de silencio

Hubo momentos en los que cada uno necesitaba su espacio. Yo en lo particular, para revisar y vivir mis emociones con conciencia, ya que se me había desatado una gripe, y era necesario mantener mi salud; mi esposo usó su espacio para, entre otras cosas, intentar cargar su celular a toda costa.

 

  • Planear un viaje

Sí, hubo un día en el que planeamos un viaje por Europa, yo pensaba en todas las personas con las que me quiero reencontrar y mi esposo en todos los países que quiere visitar.

Íbamos haciendo juntos el recorrido, mi esposo se detuvo por un instante y me decía que ese viaje era muy largo, allí me di cuenta de cuánto hemos limitado nuestra imaginación. Le dije que podríamos tomarnos seis meses sabáticos, me preguntaba cómo era posible, y le dije: tú solo piensa en lo que quieres, que después nos encargaremos del cómo, y así fue como dimos un recorrido por los países de Europa que queremos conocer.

Estas fueron nuestras acciones, las que deseo conservar. No puedo estar más agradecida con Dios y con mi esposo por ser un buen acompañante, sé que ha sido un gran trabajo para ambos y sobre todo para él, que no suele ser tan diligente con sus emociones.

Aunque él no quedó tan descargado como yo, de no haberlo logrado en conjunto, esto habría sido un caos, yo tratando de mantener la calma y él llenándose día y noche de incertidumbre, que he de resaltar pudo haber sido totalmente válido.