En mi rol de madre, este año aprendí…

Lo que aprendí de mi maternidad

Como mamá, este año me di cuenta de algunas cosas y aprendí muchas otras.

Mi mayor recompensa fue dejar la culpa a un lado y serle fiel a mi corazón. Asumir las responsabilidades de mi rol, desde mis creencias y no desde un «deber ser» que me hacía mucho daño.

Por eso, quiero compartir con ustedes algunas de las cosas que fueron fundamentales para mí como mamá, este año.

Para ser mamá se necesita tiempo…

Yo suelo pasar las tardes con mi hija. No todas las tardes, pero sí procuro llevarla a casi todas sus actividades y pasar tiempo con ella.

Quizá por la corredera o comodidad, muchas veces, aunque la tenga al lado, no estoy ahí. Estoy en mis pensamientos, pendientes, celular, computador… ¿Les pasa lo mismo? Y ella se da cuenta… Y me lo reclama directamente o hace cosas que no son chéveres para mí, es decir, todo (lo bueno y lo malo) que está a su alcance para llamar mi atención.

Muchas veces, pongo en sus hombros la responsabilidad de “portarse bien”, “ser juiciosa” o “aprender a gestionar sus emociones”. Pero eso, a sus 5 años, no se puede hacer en soledad, no se puede hacer sintiendo ausencia de los papás (aunque estén ahí).

Confieso que le he dicho cosas apurada, mientras miro el celular; que he gritado desde la cocina que se ponga los zapatos, mientras ella ve TV (y luego la regaño porque no lo hizo); que he sido impaciente porque quiero todo rápido y perfecto…

Y he tenido que parar y preguntarme: ¿Qué clase de tiempo es ese que digo tener con mi hija? Nada más hice la prueba de ofrecerle compañía, ayuda y contención en un momento en el que generalmente la he dejado sola, y el resultado fue distinto, fue mejor. Me llenó el corazón.

Pero ya hoy no me latigo, hoy me aplaudo por darme cuenta de esto una vez más. Para ser mamá se necesita ser consciente, no andar en automático… Para ser mamá se necesita tiempo, y este tiempo, nada tiene que ver con si estás todo el día con tus hijos o no, con si eres mamá 24/7 o mamá que trabaja en una oficina; esto tiene que ver con escuchar, acompañar, con mirarlos a los ojos… Y eso, a veces, solo requiere 15 minutos, los 15 minutos que tu hijo necesita para tener la certeza de que cuenta contigo.

 

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Hay que tener cuidado con lo que les decimos a nuestros hijos

Si miro hacia atrás, me doy cuenta muy avergonzada, de las cosas que le he dicho a mi pequeña, a veces, cuando le llamo la atención por algo. Lo sé, casi todas lo hemos hecho, casi todas hemos gritado y hemos dicho algo de lo cual nos hemos arrepentido después… No es para darse látigo. Lo hacemos por rabia, impaciencia y frustración ¡Somos humanas!

Y cuando oigo a otra mamá decirle algo a su hijo que me parece inadecuado, me oigo a mí misma, y cuento las veces en las que he pronunciado frases sin tan solo pensar cómo me sentiría yo si me las dijeran a mí…

¡Cuidado! Hay frases que te marcan para toda la vida… 

He escuchado cosas como: “Me tienes aburrida”, “Por qué no eres normal”, “Por qué no eres como las otras niñas”, “Pareciera que no tuvieras juguetes”, “Me haces gastar el dinero para esto” “Mira lo que me hiciste hacer…”

Imagina que te dicen esto a ti, te lo repiten y te lo recuerdan…

¿Hacemos un ejercicio consciente de fijarnos en lo que les decimos a nuestros hijos cuando nos enojamos o nos cansamos? Yo también lo haré…

 

Hay que hacer STOP para poder continuar

Sí… Es necesario parar, es necesario echarle gasolina al carro, repensar, replantear, tomar distancia.

Quedarnos ahí, en el cansancio, en la rutina o con lo mismo, solo hace que nos saturemos, y saturarse es interpretado muchas veces, como estar hartos de todo y querer renunciar; pero cuando lo miras en perspectiva, saturarse es simplemente un llamado a parar un momentico, a respirar, a tomar distancia y a volver: volver con otra energía, con otra forma de ver las cosas y sobre todo, volver después de haber descansado.

¡Es necesario descansar! Y a veces no lo hacemos, no nos creemos merecedoras de descansar… A veces, simplemente no podemos… Pero ojalá que sí, ojalá que nos tomemos pequeños momentos para descansar, replantear y  mirar si vamos por el camino que queremos o no… Eso se vale.

Lo que no se vale es sentirnos culpables ¡Por favor! Lo que haces por ti, lo haces también por ellos, créeme.

 

 

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¿Por qué no podemos volver a ser niñas?

Piensa por un momento, en todo lo que te gustaba hacer cuando eras una niñita ¿Qué te divertía? ¿Con qué jugabas? ¿Con qué cosas te sentías feliz?

Yo, por ejemplo, he tratado de hacer estas cosas otra vez, unas sola y otras con mi hija:

Comerme un chicle ácido (y otro y otro y otro) para arrugar la cara.
Sacar la cabeza por la ventana del carro para sentir el aire.
Hacer arepas de tierra mojada.
Inventar guiones de telenovela rosa y ser yo la protagonista, el galán y la mala.
Usar los almendrones como micrófonos.
Hablar sola.
Pintar las paredes de mariposas.
Comer con las manos.
Usar los pañuelos de mi mamá como pelucas.
Escribir canciones de amor.
Comer nucita con el dedo.
Cantar Juana la Cubana usando cualquier olla de charrasca.

¿Te atreves a hacer tu propia lista?

 

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No críes con miedo, cría con amor…

A veces, queremos que nuestros hijos sean lo que soñamos.

A veces, queremos interponernos en su camino para que no encuentren obstáculos ni problemas.
A veces, queremos intervenir para que nadie los dañe.
A veces, no queremos que se ensucien la ropa, toquen las plantas, se trepen, salten o se aventuren, por miedo a que les pase algo.
A veces, peleamos con el mundo para defenderlos.
A veces, pensamos que los vamos a traumatizar con algún regaño.
A veces, creemos que no nos escuchan y no nos ven.
A veces, no entendemos de dónde vienen algunas de sus acciones.
A veces, miramos más el celular que a ellos.
A veces, estamos muy ocupados para escucharlos.
A veces, queremos hacerles la mejor fiesta, comprarles el mejor vestido, asegurarle la comida que les gusta, agua caliente y cero incomodidades… .

Pero…

Nuestros hijos son lo que son, e intentar cambiarlos, solo producirá sufrimiento y frustraciones en ambas partes. Edúcalos y guíalos, sin intentar cambiarlos.
Si no encuentran problemas, jamás sabrán cómo enfrentarlos cuando les toquen… ¿Eso quieres para ellos?
A veces, no hay que intervenir, hay que darles herramientas para que aprendan a defenderse con actitud y argumentos.
A veces es nuestro miedo, pero no el de ellos. Quizá tengamos que revisar eso en nosotros mismos.
Si los traumatizamos (que va a pasar de todos modos), ellos podrían hacer constelaciones familiares cuando sean adultos.
Y nos ven y nos escuchan más de lo que creemos. Así que cuida tus palabras y tus acciones, porque muchas de las suyas, vienen de lo que ven en ti.
Calcula cuánto miras el celular frente a ellos. Haz ese acto de consciencia.

Está bien la mejor fiesta y está bien procurar que estén cómodos y siempre felices… Pero un poco de incomodidad no les hará daño, y créeme: te lo agradecerán en el futuro cuando viajen, se separen de ti y les toque bañarse con agua fría. Porque así es esto, así es ser papás… Un eterno ensayo y error; un eterno y obligado acto de consciencia.

 

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Enséñales que el cuerpo no es lo único que les da valor

Y aquí quiero citar a mis amigas de «El cuerpo que somos»:

“No queremos sentirnos rechazadas. Ningún ser humano quiere ser rechazado, todos queremos pertenecer, todos queremos encajar. Queremos sentirnos pertenecientes a nuestra familia o a un grupo de amigas. Ojalá nadie hiciera bullying alrededor del cuerpo y la apariencia, porque eso genera unas cicatrices profundas en el ser humano ¿Qué tipo de comentarios tenemos que empezar a eliminar para que comience a cambiar esto de una vez por todas?, ¿Qué debemos dejar de decirles a las niñas?

En primera instancia, valorar a nuestros hijxs por muchas otras cosas, porque hay veces que el cuerpo y la apariencia se vuelven el valor principal, y tenemos que decir: Claro que es importante cuidar nuestro cuerpo, nuestra salud y lo que comemos; pero que eso no se convierta en el TODO de una persona.

Entonces yo empezaría por ahí: empezar a valorarnos por muchas otras cosas, empezar a valorar a nuestros hijos por otras capacidades y maneras de ser.

Como papás, revisemos la relación que tenemos con nuestro cuerpo, porque a través de nuestro ejemplo, así no digamos nada, proyectamos mucho.

Revisemos cómo nos miramos al espejo, cómo nos hablamos a nosotros mismos, cómo nos referimos a otros…

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Los estereotipos de género hacen mucho daño

Si a un niño le gusta bailar… ¿Por qué no puede? Porque tú, mamá y papá, tienes miedo de que lo matoneen en el cole y él sufra. ¿Qué hay detrás de ese miedo? ¿De dónde viene ese miedo?

Claro, los niños practican fútbol como actividad principal y el que no lo hace, es visto como un ser de otro planeta. Lo he escuchado en conversaciones de amigas: “A fulanito no le gusta el fútbol y sus amigos lo hacen a un lado”. Eso nos da dolor ¿no? No queremos eso para nuestros pequeños.

Entonces, ¿De dónde crees que viene ese bullying que le hacen a tu hijo en el colegio? ¡De tus creencias y de las cosas que él aprende y ve en su casa!

¿Por qué?

“Somos mujeres como nos han contado que deben ser las mujeres. Y los hombres son como les han transmitido que deben ser los hombres”, dice la escritora española Iria Marañón en su libro “Educar en el feminismo”.

¿Qué quiere decir esto? Que la sociedad, a través del tiempo, nos ha dicho a niños y niñas cómo debemos sentirnos y actuar, cómo tenemos que vestirnos, cómo tenemos que pensar y cómo tenemos que relacionarnos las mujeres y los hombres. “En la mayoría de los casos, las familias, el colegio y la sociedad educan a nuestras niñas desde que nacen para ser niñas (rosa, morado, princesas, muñecas, Frozen, maquillaje y baile) y a nuestros niños para ser niños (azul, futbolistas, camiones, superhéroes, Cars, pelo corto, mecánica, etc.)”. Lo que sale de ese patrón es raro…

Entonces, ¿Podemos cambiar esto o vamos a seguirle la corriente a estas construcciones sociales?

Preferiría vivir en un mundo con menos estereotipos, que tanto daño hacen. ¡Y estoy trabajando por eso!

 

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Y por último, este mensaje es para mi hija y para todas las niñas de este mundo…

Hija: Te prometo que voy a trabajar apasionadamente por crear un mundo mejor para las mujeres. Un mundo en el que puedas elegir libremente lo que quieres para tu vida, un mundo en el que las mujeres no solo sean criadas para casarse y ser mamás como ÚNICO camino válido y natural, sino también, para ser lo que quieran ser, sin que por eso sean juzgadas.

De todas maneras, voy a trabajar para que el juicio, que va a seguir existiendo, nos resbale cada día más, y voy a ser coherente con eso.

Voy a trabajar mucho más en mí, para respetarte y no subestimarte; para defenderte y dejar que te defiendas; para saber que, aunque yo no esté, tú vas a saber qué hacer y si no lo sabes y te equivocas, te vas a levantar ¡Porque lo que sí quiero es que seas capaz de levantarte!

Espero que cuando tengas pareja, entienda que eres un ser humano que piensa y tiene su propia personalidad, que mereces respeto, consideración e igualdad. Que haga equipo contigo y no intente separarte de tus sueños… Y si no lo consigues, lo cambies por otro y por otro, hasta que encuentres el “príncipe” que esté a tu medida, a la medida de lo que quieres en la vida.

Y si no te lo encuentras en el camino, espero que te sientas completa de todos modos y no necesites que alguien venga a completarte, porque te tienes a ti misma ¡Y eso es maravilloso!.

Que seas feliz como te dé la gana, pero que seas feliz .

¡Feliz Navidad y Feliz Maternidad para todas (y todos)!

Los quiero.


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