El test de placer
Entrevistas
Historias

Maricarmen Cervelli / Directora de Asuntos de Mujeres / Colombia

Soy ser humano, periodista, esposa, mamá, hija y hermana (todo al mismo tiempo). Me encantan los temas femeninos. Decidí transformar mi oficio de investigar, editar, hacer programas de radio y perseguir noticias, para hacer lo mismo, pero en Asuntos de Mujeres. ¡Bienvenidas!

5 cosas que extraño de mi país (Venezuela)

5 cosas que extraño de mi país (Venezuela)

5 cosas que extraño de mi país (Venezuela)

Hace casi 5 años vivo en Colombia, antes de eso, viví en Panamá. Me fui de Venezuela en 2010, así que he ido conociendo y cosechando costumbres y modos de vida de estos dos países.

Pero en esta Navidad, no sé por qué, me siento más nostálgica y melancólica. Recuerdo a mi país con mucha tristeza y desesperanza, y algunas veces, me siento ajena a la venezolanidad.

Me imagino que es en parte, porque a cada lugar al que me mudo, en vez de sentirme ajena o criticar, me asimilo sin hacer mucha resistencia; creo que es una herramienta que me ha ayudado a que el despecho y el duelo no sean eternos.

Aquí les dejo 5 cosas que extraño de Venezuela y los venezolanos. Extraño más cosas, pero estas son las principales ¿Me ayudan a completar la lista?

Mi familia y amigos

Es lo que más extraño. Lo peor es que muchas de mis amigas se han ido del país y cada una vive por su lado. Ya no será posible estar en el mismo lugar y al mismo tiempo con ellas.

Extraño nuestras conversaciones y lo tanto que nos conocemos y nos entendemos, nuestras reuniones en la casa hasta la madrugada hablando de cualquier cosa y emborrachándonos. También extraño ese lenguaje con el que nos comunicamos, los chistes fáciles, las intensidades de algunas y la conexión que tengo con otras.

 

Veo a muchas de mis mis amigas en su rol de mamás, y me muero de las ganas de compartir con ellas esta nueva faceta, ver jugar a nuestros hijos en el mismo lugar y sobre todo, poder ver crecer a sus hijos y ser parte de su vida.

Mi familia, bueno, qué puedo decir. Me angustia que vivan en ese país tan inseguro y deteriorado, sin comida, sin medicamentos y sin opción de salir de ahí. En Venezuela viven mis tíos y mis primos, gente con esperanzas rotas y desaliento por el día a día; gente a la que me gustaría ayudar más, pero no puedo.

Poder hablar con la gente como si la conociera de toda la vida

Aunque ya me acostumbré a mantenerme callada en público, extraño un poco las conversaciones repentinas en las colas del supermercado, decir “buenas tardes” y que me respondan con una sonrisa y tocarle el hombro a alguien, sin que crean que soy una atrevida confianzuda.

El otro día, conocí a una venezolana en una tienda naturista cerca de mi casa en Medellín, y le pregunté si la podía abrazar, me miró extrañada. No sé por qué me está dando por tener esta nostalgia, pero realmente extraño de mi país a su gente buena, conversadora y alegre.

Algunas costumbres que he ido abandonando

Poco a poco la cultura del país en el que vives te va absorbiendo, porque te vas a adaptando a ese lugar que es diferente, con gente y costumbres distintas a las tuyas.

Aprender a adaptarse con normalidad a un país que no es el de uno, sin criticar ni hacer resistencia, hace más ligero el camino; sin embargo, tampoco fue que se me olvidó quien soy; por eso,  debo decir que extraño comprar todas las tardes, pan sobao o canilla en la panadería de Santa Mónica en Caracas (o sea, la panadería del portugués, me hace una falta insólita); ya no llevo pasta seca a las fiestas, ya no celebro Reyes Magos, ya no tomo marrón (café con leche oscuro), ya no como galleta María, ya no escucho gaitas ni Guaco en Navidad, ya no estreno en diciembre, ya no uso palo en la piñata, ya no tomo ponche crema y ya no hago amigo secreto. Mi tía, la que hacía las mejores hallacas (después de mi mamá y mi abuela), ya no está con nosotros, mi tío se fue demasiado pronto y mi familia ya no es la de antes. No sé si volveré a ver a mis abuelos paternos, ni siquiera sé si volveré a Venezuela.

Eso sí, procuro hacer con mis papás y mi esposo, una cenita navideña al estilo venezolano, con hallaca, pan de jamón, pernil y ensalada de pollo (todo junto, sin que me importe la dieta), este año me voy a emborrachar sin remedio y voy a esperar que los reyes magos me traigan mi regalo (porque el de mi hija ya está listo).

La playa

Extraño los sábados en los que la playa quedaba a solo 45 minutos, uno iba ida por vuelta y regresaba bronceado y llenito de arena. Extraño sobre todo, Playa Escondida en la Guaira, y Morrocoy.

Nunca he visto un azul de mar tan perfecto como el de Los Roques, ni me he comido un pescado frito mejor que el de Chichiriviche, con tostón, porque esa vaina se llama tostón y me los como con salsa rosada. Punto. Me imagino que lo extrañaría igual si viviera allá, porque las cosas han cambiado tanto, que el pescado ya no es tan frito, ni el tostón tan bueno, ni el mar tan azul.

La democracia

Sí. Creo que esto lo extrañamos todos; bueno, no todos. Hay gente que le gusta vivir en semejante estado de caos y destrucción. Pero no me voy a poner a explicar este punto, porque no necesita explicación.

A todas estas, me gusta como vivo y lo que he aprendido. Mi esposo y mi hija son colombianos y a ellos les debo todo lo que he ido aprendiendo de su cultura y costumbres. Mi esposo dice que venezolanos y colombianos somos iguales, yo no lo creo.

Tampoco me quejo, honro mi nuevo país, acojo lo que me gusta con agradecimiento y le digo a mi mamá que me haga pasta seca.

¡Feliz año, Venezuela!

Foto: Pixabay y Maricarmen Cervelli

Nuestros aliados