Mi embarazo, mi parto y mi lactancia

Es curioso cuando uno es el papá… Porque todo el mundo cree que el embarazo, el parto y la lactancia es solo una preocupación de la mamá, pero no.

Creo que a nuestra manera, los papás vivimos todos estos cambios en una infinita y profunda soledad por dos cosas: no es nuestra naturaleza hablar de todo y desde el momento en que te das cuenta de que están esperando bebé, es apenas normal que todo gire en torno a la mamá: hay que cuidar a quien lleva a la criatura ¿no?

Entonces llega el momento: ¡la prueba sale positiva!

El embarazo

En nuestro caso era un embarazo buscado, así que lo que sentimos fue alegría infinita. Uno no sabe qué decir o hacer. Y así llegas al médico… en cero.

De entrada nos dijeron que era un embarazo gemelar: fue un shock de felicidad, risa, nervios e incertidumbre a todo nivel, seguido de la consabida búsqueda en Internet de toda la información posible.

Con mi esposa, después de tener este pánico informático, decidimos no buscar nada en Google y sólo creerle al médico… Descubrí que la mejor pregunta que le puedes hacer es: ¿hay algo que deba saber y no le he preguntado? esperando que te diga que todo va a estar bien.

El embarazo es raro: tu esposa es la que lo “padece” y ni siquiera sabe qué siente.

Uno de pendejo trata de ayudar y termina estorbando… Y tratas de no estorbar y terminas siendo un inútil que no se involucra…

Aparte, está la gente que te rodea, los cercanos y los no tanto, que cuando saben que estás en embarazo, sienten que adquieren derecho de opinión sobre todo lo que haces y te rodea. Toda decisión que tomas es controvertida y uno, el papá, es el paraguas de todo eso…

Para mí, el embarazo del hombre consiste en crear ambientes. Primero, para minimizar el efecto de la marejada hormonal que sufres en casa y segundo, al escoger y preparar el ambiente para los bebés que vienen en camino.

También en preparar el ambiente para las visitas, para el que se queda o el que va a ayudar; y saber que la mayoría de las cosas suceden de forma diferente a lo que te habías imaginado.

Y pasan los días y las noches…. Y llega el curso de preparación al parto…

Por inocente (léase pendejo) creí que al ser gemelas no había discusión e iban a nacer por cesárea…. Pero NO… Las hormonas llenaron de valentía a mi esposa y con el apoyo del ginecólogo, ella escogió el parto natural. Yo apenas balbuceaba si estaba segura y me miró con cara de: ¡obvio! no sé como se te ocurre pensar otra cosa…

Fuimos al curso, dictado por una doula que habla de cosas como parto humanizado. No se imaginan la cantidad de respuestas que he dado en mi mente a esa gente que te quiere imponer modelos de parto, lactancia y crianza que están hoy de moda y ¡que parecen predicadores!

Hagas lo que hagas, para algunos estará mal lo que estás haciendo y seguramente estamos traumatizando a las niñas de una manera irremediable.

El parto

Al final aprendí cómo es un parto, y que hay que hacer lo que quiera la mamá en ese momento, así ella no sepa bien lo que quiere realmente.

El día del parto, tienes el revuelto más grande en la cabeza, el corazón y el estómago…. Puedes estar tranquilo y calmado para todo mundo, pero adentro eres una montaña rusa de cosas que hoy, dos años y cuatro meses después, no ha parado.

En estos días leí que esto de la paternidad es como ser un GPS, que desde el inicio se encuentra ajustando la ruta. Así estoy yo.

Mis hijas nacieron prematuras después de 12 horas de labor de parto. Una de ellas se demoró en respirar y no tenía tono muscular. Creo que aunque no sentí el dolor por el que atravesó mi esposa al no usar anestesia (desde ese día aprendí a no quejarme de nada) ¡ese fue mi parto!

Sufrí toda una noche que se me hizo más larga que los siete meses que duró nuestro embarazo…

Pude estar con las niñas un rato en la unidad de cuidados intensivos neonatales, pero no dejaba de pensar en mi esposa.

La tensión interna bajó el día que tuve a mis dos hijas en la casa, pero volvió esa misma noche: cada cinco minutos revisando que estuvieran bien, que respiraran, que mi esposa durmiera, que no hiciera frío, que no lloraran… ¡En fin!

Último capítulo: mi lactancia

Mi esposa quería hacer lactancia exclusiva por un tiempo, pero no se pudo… A las niñas había que estabilizarlas de peso y empezar el proceso, no desde cero, (cuando arrancas con prematuros vas desde una escala negativa), así que entramos de una a dar fórmula y tetero (Ya puedo contar esto con calma, antes era un drama).

La lactancia duele, trasnocha y cuestiona: ¿comió suficiente? ¿Comió bien? ¿Que hago? Y de nuevo la misma reflexión del parto: hay que estar ahí para ayudar en lo que se necesite, siempre atento.

Con mi esposa siempre charlamos rico y somos cómplices en todo, así que nos apoyamos en lo que podemos y sabemos que cada uno hace por el otro las cosas con la mejor voluntad. Y esa es la clave: si no todas las críticas y cosas raras que hay en internet y el mundo exterior terminan por joderte la cabeza, al hacerte pensar que eres el peor papá del mundo (porque nosotros también lo pensamos).

Queridas mamás: los papás de sus criaturas también dudan y pasan por una que otra hora maluca. Ustedes no están solas en esto. También añoramos la vida que teníamos antes a ratos.

¡La vaina es de dos!

Foto: Pixabay