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Vivi Febles / Persona normal / Madrid

Venezolana de pensamiento, palabra, obra y omisión. Emigrante madrileña y adaptada sin quejas. Soy madre de dos, esposa de uno, trabajadora de muchas horas y escritora desordenada. Me gusta bailar, asustar a mis hijos y hablarle sin parar a mi esposo. Escribo sobre mi vida, que es lo que mejor me sé, pero cuando leas... verás que se trata de la tuya también.

Los “estreses” navideños

Los “estreses” navideños

Los “estreses” navideños

Tengo que hablar con mi mamá sobre el estrés de la navidad, ¿Esto siempre fue así? ¿Soy yo? ¿Es la modernidad? ¡Qué pasaaaa!!!

Está bien, quizás sea yo, pero creo que a pesar de que cuando era niña no había Amazon, tengo la impresión de que hemos logrado adoptar las facilidades que nos da el mundo moderno y acto seguido, encontrar otras mil complicaciones sin necesidad.

Tengo un recuerdo navideño de armonía, villancicos, una cena, los regalos, el Mesías, todos muy bien vestidos y las cosas sucediendo a velocidad reducida.

No recuerdo para nada este corre-corre que empecé con la llegada del frío de Madrid, pero que debería haber planeado nada más acabar el verano.

Creo que la culpa es de internet, porque mi mamá jamás escuchó de “Elf on the Shelf”, una tradición de no sé qué país donde un Elfo hace travesuras todas las noches hasta que llegue navidad. Ahora yo tengo esa voz en mi cabeza que me dice: -¿Por qué no le haces ese juego a los niños? va a ser divertido… Enseguida reflexiono sobre el Elfo y lo descarto. ¡Menos mal! Pero en otras veinte “tradiciones” que surgen aquí y allá, ya no voy tan fina.

Es que te ves con la navidad encima cuando malamente has sobrevivido a Halloween, a ThanksGiving, BlackFriday y al CyberMonday . De pronto, desde tu balcón ves que en el edificio de enfrente hay seis arbolitos ya listos… ¡Coño!!!

El 1 de diciembre empieza el Calendario de Adviento que yo instauré en mi casa y que tengo que hacer con mis manos, porque no me valían los existentes; cambié bastante las reglas y lo hago a medida de mis necesidades.

Básicamente, armo el asunto con 24 pequeños regalitos que van desde un cromo hasta un chicle de toda la vida; eso va dentro de una bolsita colorida y navideña, junto con un mensaje y una promesa que cumpliremos todos a lo largo del año por venir.

Los mensajes son hechos por y para esta familia, no perdería por nada del mundo esta oportunidad de hacer repaso de los “No debemos decir mentiras”, “Aceptaré el NO de papá y mamá a la primera” y así, entre otras miles de inducciones paternales.

Luego está el tema de la carta y los regalos. Por fortuna, convencí a los niños de escribirle una sola carta al Niño Jesús, Papá Noel y Los Reyes, que entre ellos se ponen de acuerdo porque tienen una Corporación organizada y así funcionan esas cosas.

En esta materia nunca voy con tiempo, no tengo ni idea que van a pedir los niños así que jamás hay una oferta que yo pueda aprovechar porque voy de último minuto. Encima, este año que estoy a punto de ser desenmascarada, no puedo preguntar mucho o me voy a delatar.

Me rindo en cuanto a ese tema, sé que voy a correr, así que lo asumo y reviso cosas que sí tengo que ir haciendo ya.

Al final del año anterior tiré las luces del árbol porque están más quemadas que vivas y eso del bombillito que uno cambiaba ya no existe; ahora cuando se funde, se tira. Son inconvenientes de este consumismo indetenible, y yo que no las pedí en Aliexpres en julio, porque no, la verdad es que no soy tan organizada.

Tengo que comprar luces y musgo fresco, en Venezuela lo agarrábamos del techo de mi casa, da asco pero es práctico a matar; aquí tengo que ir buscando por todos los chinos de Madrid y conseguir el musguito de mierda, o el nacimiento queda feo, se sabe.

También tengo que cumplir mi tradición de comprar un adorno de navidad cada año. Vamos todos juntos, removemos, escogemos, decidimos, pensamos y votamos y sale un ganador anual. A veces mi influencia de gusto exquisito nos ha conducido a unos adornos preciosos y otras veces he quedado en minoría con algún Papá Noel con Purpurina y colores fosforito o unos Reyes con uniforme del Real Madrid. Muy grave, menos mal que siempre hay una parte de atrás del árbol, y allí es donde van a parar.

  • Luces
  • Musgo
  • Adorno del año…

Ah, y ¡las tarjetas!!! Desde hace años y sin motivo que lo justifique, hago tarjetas de navidad.

Creo que es para quitarme el clavo de que en mi país, el tema del correo ordinario era complicado, eso de ponerle un sello a un sobre y que llegue a su destino me parece alucinante todavía y entonces en Navidad, le mando una tarjeta a cuando bicho de uña conozco. Antes compraba las de Unicef y me quedaba tan tranquila, pero desde que los niñitos irrumpieron en mi vida las hago en plan manualidad profunda. Lo que me lleva el doble, el triple o ¡el cuádruple de trabajo! Así me gustan las cosas, ¡claro que sí! Hago una foto o una manualidad, la arreglo, la imprimo, compro los sobres, rectifico direcciones y hago un envío masivo en correos…

¿Sobreviví? ¡No! Ni siquiera he llegado a los regalos, tengo que hacer la listica y mirar presupuesto, porque tiempo para compra no tengo así que veo venir mucho Amazon y poco ahorro.

También me queda el calendario con fotos que le hago a mi mamá, como me parecía poca cosa, pues le casco un calendario lleno de fotos nuestras para que nos extrañe aún más, si es que eso es posible.

No se me ocurre con qué más me puedo complicar la vida, seguro que dejo algo fuera.

Hemos cambiado algunas costumbres, ya no estrenamos ropa en diciembre, pero aún sin eso la que armo es parda y seguramente que sin necesidad pero la verdad, no sabría de qué prescindir.

Falta organizar la Cena de Noche Buena, ver si vienen mis hermanos o no, si será menú hispano-venezolano, tooodo lo resolveremos justo antes y… #QueSeaLoQueDiosQuiera

Para el Fin de Año ya soy un despojo, me da igual todo, voy donde me digan, como lo que me manden y siempre uso vaqueros.

En realidad, desde niña he usado vaqueros, un DressCóde secreto de mi papá y yo para enloquecer al resto de la familia, que seguían una tradición que no sé bien en que se basa, donde todos se vestían de un color cada año, verde, naranja, morado y así.

28 personas monocolor y mi papá y yo en vaqueros. Él era muy de llevar la contraria y yo muy fan de él.

Seguro que yo recuerdo todo fácil porque cuando uno es pequeño el estrés se desplaza a diez centímetros por encima de tu cabeza y ni te roza… por eso tengo que hablar con mi mamá. No sé cómo he logrado complicarme la vida de esta manera. La Navidad me encanta, pero por el camino que voy me va dejar de gustar en breve.

¿A todo el mundo le pasa más o menos igual? ¿O están en su casa escuchando el Messias, regalos debajo del árbol y cena encargada?

Digo, porque si soy yo sola, el año que viene cambio radical y nos vamos de crucero.

Foto principal por: Markus Spiske en Unsplash / Fotos del texto: Dime tú que no.

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