María Isabel Covaleda / Abogada y gestora cultural / Colombia

Directora de la fundación "Maísa Covaleda" y líder del movimiento #RomperElSilencio. Estudié derecho y he sido gestora cultural y curadora. Madre de Teresa, convencida de mi vocación de servicio y defensora de los derechos humanos.

Maísa Covaleda: Es obligatorio cambiar de mentalidad acerca de la violencia contra las mujeres

Maísa Covaleda: Es obligatorio cambiar de mentalidad acerca de la violencia contra las mujeres

Maísa Covaleda: Es obligatorio cambiar de mentalidad acerca de la violencia contra las mujeres

Que las mujeres somos inferiores a los hombres es una idea que se ha transmitido de generación en generación y esto hace mucho daño.

Cuando era estudiante de Derecho, me fui a trabajar en una beca de cooperación internacional a Perú, y allí atendía unos consultorios jurídicos.

Conocí a María, una mujer que por más de 30 años fue víctima de violencia por parte de su esposo, hasta tal punto de que el hombre asesinó a los hijos que llevaba en su vientre.

Yo solo intervenía cada semana para asegurarme de que María estuviese viva. Pero eso a la larga, me resultaba muy frustrante, así que decidí retirarme de mi carrera y comenzar un nuevo camino en el mundo del arte y la curaduría.

Lo que nunca imaginé es que tiempo después, tuve que regresar.

Regresé porque esta vez yo fui la víctima.

El 17 de septiembre de 2016, me preparaba para asistir a una fiesta. Esa noche, sin saberlo, me iba a encontrar con el resultado de haberme quedado callada. En esa fiesta estaba mi exnovio, que cuatro días antes me había golpeado.

Durante la noche empezó a tener actitudes amenazantes. Cada vez que le daba un no por respuesta, su rostro se transformaba. Me forzaba, quería que me fuera con él, por las buenas y por las malas; y en pocos minutos me di cuenta de que estaba corriendo peligro.

Dos horas después me desperté. Tenía el rostro ensangrentado, había perdido la consciencia, tenía mucha gente a mi alrededor y me dolía absolutamente todo el cuerpo.

Pedí ayuda y pedí que llamaran a la policía.

Al rato, la policía lo capturó y nos llevaron a los dos en el mismo auto rumbo al lugar donde iba a poner la denuncia. Ahí me tuvieron casi 4 horas a su lado.

Él no paraba de amenazarme. Me decía que si seguía con la intención de denunciarlo, me mataría.

No me dieron ni un vaso de agua. Las personas que me atendieron ni siquiera me miraron a la cara. Cuando salí de allí me esperaba su familia, y lo primero que me preguntaron sus padres es que qué historia me iba a inventar.

Me propusieron que dijera que había sido un accidente, también que me quedara en su casa hasta que se borraran todas las huellas de la agresión.

Cada minuto que pasaba me daba cuenta de las maneras en que estamos ignorando la violencia en Colombia, de la manera que lo ocultamos, de la actitud de las familias y de la indolencia de las autoridades.

Me sentí muy sola.

Mi agresor salió 36 horas después y hoy sigue en libertad.

Leonore Walker en 1979 descubrió que las víctimas de violencia respondían a patrones muy similares.

 

A eso le llamó El círculo de la violencia. Este círculo tiene tres fases:

La tensión: en esta fase se escala gradualmente hasta llegar a un conflicto o a un tipo de violencia.

La agresión: donde la tensión estalla en violencia sexual o física.

La conciliación: donde el agresor se muestra arrepentido y jura que no lo va a volver a hacer.

 

Esto yo no lo sabía, en mi casa no me lo enseñaron, en el colegio tampoco; incluso, nunca lo hablé ni con mis amigos.

Y me di cuenta de lo vulnerable que estaba ante la violencia. El círculo de la violencia crece en espiral.

Y casi nadie sabe que esto termina en feminicidio.

Decidí entonces actuar a través de lo que tengo: mis redes sociales.

Así que puse mi foto, tal cual había quedado, al lado de la foto de mi agresor y decidí hacer una denuncia pública.

Lancé esta imagen por Facebook y en pocas horas, se había replicado miles de veces. Los medios de comunicación, al ver lo que estábamos haciendo, decidieron investigar, mostrar el caso y unirse a esta causa.

Así que pasaron varias cosas:

  1. Aparecieron muchas víctimas del mismo agresor.
  2. Muchas mujeres que se sintieron identificadas y que pasaron por los mismos episodios de violencia, tomaron la decisión de romper el silencio y hablar.

Todo esto se fue convirtiendo en una fuerza cinética que estalló en un movimiento en el que muchos hombres y mujeres se fueron sumando en cosas muy simples, pero realmente significativas:

Eliminaron su foto de sus perfiles en redes sociales, como señal de protesta.

Acudieron a manifestaciones.

En noviembre de 2016 hicimos un día sin mujeres en Bogotá y llevamos un par de zapatos para representar el vacío de estas mujeres que entraron en círculos de violencia y no pudieron salir de allí.

Muchos faltaron a sus puestos de trabajo, para hacer sentir la ausencia de las mujeres en la ciudad.

Este llamado fue escuchado en varias partes del mundo.

Nos escribían de París, Italia, Estados Unidos, todos se sumaron a esta voz.

Pero, poco antes, también sucedieron otras cosas inauditas:

Tuve que huir de la ciudad, sacar a mi hija del colegio y reconstruir mi vida económica. Algunos artistas con los que trabajaba, desaparecieron y gente cercana y compañeros de trabajo se alejaron.

Sin embargo, eso no me frenó y emprendí este camino de romper el silencio. Lo más importante y lo que realmente queríamos con estas acciones, era poder hacer visible a la sociedad, familias y al Estado; a las propias víctimas y agresores, todos los errores culturales que tenemos y que debemos cambiar.

Es obligatorio cambiar de mentalidad.

Una de cada tres mujeres es víctima de violencia física.

Dos de cada 10 mujeres denuncian. De 100 mujeres, 20 han denunciado y 80 siguen en silencio.

El factor vergüenza prevalece…

La ONU ya declaró la violencia hacia las mujeres como una pandemia mundial, y en lo que vamos de año hay casi 300 casos de feminicidios en Colombia.

Y las cifras siguen aumentando.

Este es el futuro que les espera a nuestros hijos, sobre todo a nuestras hijas.

Porque a las mujeres las matan por el simple hecho de ser mujer

¿Qué pasa con nosotros, con las familias, con los amigos, con los colegios, con la sociedad?

No nos han enseñado a tener posiciones frente a los principios y valores, sino frente a los seres que amamos, independientemente de las conductas que tengan.

Así que les quiero hacer un llamado muy especial.

Muchas personas han empezado a denunciar.

Estamos llamando a hombres y mujeres, porque la responsabilidad de la denuncia no puede cargársele solo a las mujeres.

Romper el silencio no es solamente denunciar los hechos y las agresiones; también es quitarle la culpa a las mujeres, es llamar al Estado para que nos proteja, es hacer un llamado a los padres para que revisen qué le están enseñando a sus hijos, es un llamado a que cada uno de nosotros evaluamos dónde estamos siendo violentos y reconozcamos si somos víctimas o agresores.

No podemos seguir siendo tolerantes con la violencia.

Salimos a la calle e insultamos al vecino o maltratamos a los niños, enseñándoles a ellos a perpetuar la agresión como algo normal.

Las mujeres nos acostumbramos a volver un chiste los piropos morbosos, a ver nuestro cuerpo sexualizado y a sentirnos objetos sexuales desde pequeñas.

Vamos creciendo, aprendiendo que debemos callar, permitir y aceptar.

Una pelea con tu marido celoso en casa, que te aísla y te domina, es vista como normal. Todo los excusa a ellos y todo nos culpa a nosotras.

El primer paso es ver, el segundo se da después de ver lo que estamos haciendo: que es que todos en coro podamos romper el silencio.

#RomperElSilencio

Este testimonio forma parte de entrevistas a Maísa Covaleda realizadas por Maricarmen Cervelli, hecha para Asuntos de Mujeres, con apuntes de la revista Nueva, declaraciones recientes y la conferencia TED.

Hoy, 17 de septiembre de 2018, queremos actualizar esta historia con un manifiesto que acaba de publicar Maísa Covaleda a propósito de cumplirse 2 años de la golpiza que le propinó su expareja, quien aún sigue en libertad:

 

MANIFIESTO POR LA ERRADICACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN COLOMBIA

 

El 17 de Septiembre de 2016, luego de que mi ex-pareja atentara contra mi vida, entré a ser parte de una estadística alarmante en Colombia: ese día fui una de esas mujeres que cada 13 minutos es agredida físicamente.

Hoy, dos años después, esa cifra ha aumentado, porque una mujer es agredida cada 3,6 minutos y esto es calculado solamente con las mujeres que, por una u otra razón, intentamos incansablemente superar las múltiples barreras que se nos presentan en estos casos y logramos llegar al menos a la denuncia.

La realidad es que el número de mujeres que no logra llegar ahí, es mucho más alto y está indeterminado. Aún el silencio sigue manteniendo la realidad fuera de nuestro conocimiento.

Mi agresor me dejó inconsciente, fue capturado en flagrancia, denuncié inmediatamente, y aun así, quedó en libertad un día después. Estas situaciones, lejos de preservar nuestra vida e integridad, nos dejan vulnerables, revictimizadas, desprotegidas y el riesgo de muerte para nosotras aumenta considerablemente.

Mi caso no es el más grave, porque yo sobreviví al ataque; pero nos ha hecho reflexionar acerca de cómo el Estado y la sociedad mantienen normalizados estos episodios y hay una ausencia de medidas de protección para las mujeres.

Son muchos los muros que tenemos que escalar en búsqueda de la justicia ante casos que, en su mayoría, quedan impunes, otra cifra que cada vez aumenta y escandalosamente ya supera el 90%, llevando a que muchas mujeres mueran a manos de sus agresores.
Por lo tanto hoy podemos concluir respecto a LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN COLOMBIA, los siguientes puntos:

1.      Estamos ante una CRISIS DE DERECHOS HUMANOS, pues se trata de la vida de las mujeres y las niñas de nuestro país. La violencia contra las mujeres en la gran mayoría de los casos, deja graves secuelas que las afectan psicológica, emocional y físicamente, y en los casos más graves, las pueden llevar a la muerte.

2.      No hemos logrado en Colombia conocer toda la realidad de este grave problema por FALTA DE DATOS REALES de la población, por falta de asistencia y seguimiento en todas las áreas requeridas para reconstruir los entornos de las víctimas y porque no se ha priorizado en la agenda pública su erradicación y prevención.

3.      Existe una completa DESINFORMACIÓN SOBRE CUANDO SE CONFORMA UNA VIOLENCIA DE GÉNERO, cual es su gravedad y quien la padece, generando todo tipo de especulaciones, no solo en la ciudadanía, sino en los mismos funcionarios que deben atender y proteger los casos y las víctimas, haciendo que no se entiendan claramente los roles que tiene una víctima y un victimario, ni la manera de abordar adecuadamente estas situaciones.

4.      Se hace evidente la necesidad de que la justicia empiece a IMPARTIR CASTIGOS EJEMPLARIZANTES y con celeridad, además de crear programas que les permitan a los agresores, entender, resarcir y redirigir sus acciones, para no seguir perpetuando la violencia. El estado no puede permitir que la ausencia de mecanismos de justicia, estén aumentando las cifras y lanzando el mensaje de la permisividad de estas conductas.

5.      Tenemos una deuda urgente con la población más joven en INSTRUCCIÓN SOBRE PREVENCIÓN Y DETECCIÓN DE LA VIOLENCIA, pues las cifras más altas en casos de violencia sexual, la están viviendo nuestros niños en sus hogares a las edades más tempranas, y sigue siendo el hogar el epicentro de la violencia contra las mujeres.

6.      La comunicación en los medios, campañas y publicidad sobre este tema, está banalizando su realidad, no la está enseñando en sus verdaderas dimensiones y se muestra de manera que permite que sigamos DESINFORMANDO A LA POBLACIÓN y relegando la violencia a planos íntimos y personales.

7.      Agregarle juicios de valor a quienes están involucrados como actores en estos episodios, solamente nos desvía de su real dimensión, de su verdadera naturaleza y del foco que debe tener cada uno de estos actos y es que: ¡Es una violación de Derechos Humanos! no un capítulo donde podemos entrar a juzgar sobre la forma de ser y otros atributos de la personalidad.
Esta situación conlleva la JUSTIFICACIÓN DE LA VIOLENCIA y bajo ninguna circunstancia, podemos permitir seguirle lanzando ese mensaje a la ciudadanía.

8.      La violencia contra las mujeres no tiene un perfil definido para una víctima, ni para un victimario, CUALQUIER PERSONA PUEDE SER VÍCTIMA o estar involucrada en cualquiera de los bandos, independientemente de su raza, sexo, condición social, inclinación sexual, ideológica o religiosa. Es un flagelo y por lo tanto a todos nos compete y a todos nos debe responsabilizar de una u otra forma.

9.      LA RESPONSABILIDAD EN EL TEMA DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES ES COLECTIVA, no debemos esperar que sean solamente los órganos del Estado quienes actuen, ni tampoco quienes han sido víctimas, cada uno de nosotros somos parte de este Sistema y como tal, tenemos una obligación social de detenerla y erradicarla.

10.     Colombia y el mundo tiene una deuda histórica con las mujeres, ya que subyace en nuestra cultura la normalización y perpetuación de estos esquemas de violencia, condenando así a las generaciones futuras a ser víctimas y victimarios entre sí, impedirle cada vez a la mujer, el espacio que como ser humano tiene con plenitud de derechos a su libre desarrollo, a su integridad y dignidad, con garantías de respeto. Es necesario de inmediato no seguir aplazando el conjunto de acciones, recursos y programas para que, de una vez por todas, podamos ponerle un freno a esta situación.

Mi compromiso con la erradicación de la violencia contra las mujeres, nació un día como hoy y esta declaración, es una invitación abierta a dejar de mirar a otro lado, para ver de frente esta realidad que tenemos enquistada en las raíces de nuestra cultura, es una invitación a que todos de una buena vez actuemos y podamos #ROMPERELSILENCIO

Te invito a usar hoy estos hashtags: #RomperElSilencio #FundacionMaisa #2añosmaisacovaleda

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Fotos: Omar Jaramillo / Sumi Printing / Maísa Covaleda

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