Lo que aprendí con la enfermedad mental de mi papá

Los padres representan un constante aprendizaje para la vida de cualquier hijo. En algunos casos son el ejemplo a seguir, en otros resulta lo contrario, pero sin lugar a dudas son una fuente de enseñanza permanente: en sus vitales años, en sus edades maduras y hasta con sus partidas físicas.

En mi caso, este año particularmente, nos enfrentamos a una difícil situación con mi papá: su demencia senil se apoderó de él, de su cuerpo y sus pensamientos.

Él había dejado de ser el padre que solía conocer para convertirse en una nueva persona a sus 87 años.

Fue duro, extremadamente fuerte, no voy a mentir. Confieso que lloré todos los días de marzo y abril. Sentía que el estado de salud de mi papá era más grande que yo, me sobrepasaba, se escapaba de mis manos.

Sin embargo, llegó un momento, luego de recluirlo en una casa de cuidados especiales, en el que sentí la fortaleza de hacerle frente a la realidad y a pesar de tener ayuda médica, fue él -mi papá- quien me dio la mejor terapia de vida.

Por eso hoy me atrevo a compartir lo que aprendí de los últimos meses de un hombre que ya había partido a otro plano aún teniendo signos vitales:

1- Vivir un día a la vez: con mi papá no se podía hacer una planificación. Un día estaba bien, al otro día no reconocía a sus afectos y otros tantos los pasaba en cama. Esto era como una bofetada para mí al ser yo una persona extremadamente planificadora. Conclusión: dejé de hacer «planes perfectos» para los próximos meses y enfocarme tan solo en el famoso «aquí y ahora».

2- Nadie tiene el control de nada: un tanto de la mano con el punto anterior, debo sumar que siempre he querido tener el control de todo. Cuando se lidia con un familiar con demencia senil te das cuenta de que cuando alguien no es capaz de controlar sus propios pensamientos o movimientos ¿cómo nos atrevemos a pensar que podemos «manejar» la vida como si se tratara de un automóvil?

3- «Apúrate que la vida ya se va»: esta es mi nota mental, pensamiento recurrente o mantra. El ver cómo una persona puede cambiar en meses y deteriorarse de un día para otro, me hizo recapacitar en que la vida es un ratito así que es mejor vivirla con menos drama y más emoción.

4- Aceptación: Cuando decidí aceptar la situación, dejando a un lado las lágrimas y atreviéndome a pedirle a Dios que me enseñara cuál era el camino que debíamos transitar, ese día las cosas comenzaron a fluir.

5- Toda adversidad, con el tiempo, se convierte en un aprendizaje positivo: cuando acepté la situación me enfoqué a pensar que esto iba a pasar, como todo en la vida, y que con la experiencia que obtuviera de ese momento iba a poder ayudar a otras personas en condiciones similares a la mía.

6- A dar las gracias más seguido: cuando se tiene a un familiar enfermo cualquier pequeño detalle representa una gran victoria; sus minutos de lucidez, las horas que podía dormir y hasta la pequeña porción de alimento que comía, las aprendía a agradecer como si se tratarán de una recompensa invaluable.

7- La humanidad es maravillosa: en Venezuela existe una gran escasez de medicinas -entre otras cosas- y el tratamiento psiquiátrico de mi papá no se conseguía en el país. Fue maravilloso hacer uso de las redes sociales como medio de búsqueda e inmensamente hermoso recibir ayuda de personas que ni conozco desde otros continentes.

8-Cada viaje es único y particular: no podemos cargar con los pesares, enfermedades o problemas de otras personas, aún cuando se traten de tus propios padres. Es necesario entender que solo trabajamos como acompañantes, que buscamos soluciones y hacemos todo lo que humanamente esté en nuestras manos, sin asumir la carga en nuestra espalda.

9- Desapego: cuando estás lista para soltar a una persona amada para que ésta emprenda su propio camino, ese día comprendiste el verdadero significado de vivir sin apego a nada ni a nadie.

10- La vida continúa: mi papá ya partió de este plano físico, pero para mí hace mucho tiempo que se había ido. Es necesario tomar conciencia de que la vida continúa y que ahora queda de mi parte poner en práctica todo lo que aprendí de él.

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Photo by Wil Stewart on Unsplash