No es TINDER, eres tú

Tinder no es para mí

Lo siguiente que diré en estas líneas es una experiencia personal que puede ser el reflejo de muchas otras, como suele pasar.

En este periplo de cambio de país y de vida que me tocó como a muchos venezolanos (me mudé a Buenos Aires y luego a Madrid), yo también opté en algún momento por unirme a la famosa red social TINDER, para conocer gente nueva, salir en plan “muéstrame tu ciudad y dime secretos de ella”, y por qué no, encontrar a ese alguien que le pareciera lindo y romántico pasar el domingo viendo películas o echado en un parque viendo la puesta de sol.

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Y hablo en pasado porque mi usuario y password sólo fue usado tres meses. Antes quiero felicitar, en serio, a esa gente que ha tenido éxito en esta red, que ha logrado ir más allá del “match”, de la carita feliz, qué signo eres, del café, la cerveza, los besos, el sexo, etc.

Yo llegué hasta el “qué linda tonada tenés”, tomando en cuenta que esto era sólo por chat… ¡Escrito!

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Hay algo en mí que me arrastra a los 80, a esa década en la que nací dónde no existía internet, donde la gente debía esforzarse un poquito y recurrir a su galantería, a desarrollar esa necesidad de crear su propio método de seducción, de conquistar al otro sin saber si estaba disponible o no.

Y aunque fue realmente en los 90, ya estaba entrada en la pubertad y adolescencia, cuando comencé a hacerme la idea de que el amor es magia, ¡sí, magia! como lo diría Tito El Bambino en una de sus memorables canciones muchos años después; fueron las telenovelas y las baladas pop las que me enseñaron que para ganarte el corazón de alguien, debías “trabajarlo”, debías ser lo más tú, sin filtros.

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TINDER para mí fue un intento totalmente fallido, sentía que éramos productos exhibidos en un catálogo (recuerden que soy de los 80), que los perfiles con fotos de perritos, viajes, amigos y tocando un instrumento parecían el formato ideal para ligar, conectar y hacer match.

Eso sí, debo admitir que mi ego se alimentaba cada vez que mi “like” coincidía con otro, un pequeño triunfo que daba alguna esperanza de salir con alguien, pero no. Nunca pasó.

Después de tres meses de intentar ir más allá del “hola”, “por qué no vienes a mi casa a ver una película y nos conocemos”, “me gustas mucho (anexado a una foto en ropa interior) y de pensar y analizar el fracaso de mi “je ne sais quoi” en TINDER, caí en cuenta o más bien me di a la tarea de entender que no todos estamos hechos para este tipo de experiencias, no tod@s saben andar en bici, no tod@s están hech@s para usar sandalias con plataformas, no tod@s están preparados para tener un perro y mucho menos un hijo, y no tod@s, querida Sonia (hablando conmigo misma, claro está), tienen éxito para encontrar la magia en TINDER, y es simplemente porque tú, en el fondo, no la quieres encontrar ahí.

Creo que lo mejor es hacerlo como antes (alguien debe quedar que piense como yo). Salir, ver el mundo y, tal vez, tropezarte con la «magia…»

Por lo tanto, ni se molesten en buscar mi perfil en esa red, porque dicha cuenta ya fue cerrada para no ser abierta más (espero no morderme la lengua en un futuro)…

   Diagnóstico de mi yo psicólogo: No es TINDER, eres tú.

No te pierdas más historias de Sonia en: jugarajuntarpalabras.tumblr.com


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Fotos: Pixabay.