Esto fue lo que aprendí de una relación tóxica

“Haces de tu más grande debilidad tu fortaleza en el momento que hablas abiertamente de ella”.

Es genial cuando encuentras algo escrito por allí que define algún pensamiento que tuviste, pero que nunca habías logrado formalizar en palabras. Lo mismo pasa con las relaciones: a veces no te das cuenta de que algo anda mal, hasta que alguien más te lo dice.

Y esto se los digo porque tengo dos teorías al respecto: Una, es que yo, a pesar de saber que las cosas no iban bien desde el principio, escogí ignorarlo, como barrerlo debajo de la alfombra, pensando que eventualmente eso podría resolverse solo con el tiempo. Mi otra teoría es que, producto del desconocimiento, de verdad no sabes que estás envuelta en una situación nada buena para ti y que, aunque tienes tienes el poder de cambiarlo, no haces nada lo digo también por casos cercanos).

Tengo 20 años y a mi corta edad, viví una de las experiencias amorosas más desagradables por la que alguien podría pasar.

No, no me fueron infiel (no al menos que yo supiera), pero haber estado en una relación nada saludable, me enseñó de manera forzosa lo que es el verdadero amor, el respeto y la libertad.

Todo comenzó cuando tenía 17 años, me hice novia de un chico 6 años mayor que yo, lo que me parecía genial porque pensé que alguien mayor tendría la estabilidad emocional para llevar una relación seria y sana.

NO PUDE ESTAR MÁS EQUIVOCADA…

No voy a decir que típicamente todo comenzó “color de rosa”, porque no lo fue. Antes de iniciar la relación, tuve un pequeño indicio de su verdadera personalidad; tuvimos una discusión y él me faltó el respeto negándose a pedirme disculpas después. Sin embargo, yo no hice nada…

Recuerdo que él estaba pasando por una situación “difícil” producto de una relación anterior, y me dijo que tenía que dejar de hablar conmigo por un tiempo (solo éramos amigos). Yo no entendía por qué, me parecía absurdo e innecesario dejar de hablar con un amigo solo porque estás mal por una relación, y se lo dije; que no teníamos por qué alejarnos debido a un tercero que yo ni siquiera conocía. Me puse bastante terca al respecto, y no sé cómo llegó el asunto a una discusión en la que él me insultó, yo me sentí bastante molesta y ofendida y decidí dejar de hablarle, pero ese silencio solo duró como 3 semanas, hasta que nos reconciliamos.

En mi ingenuidad, se lo dejé pasar, porque estaba comenzando a enamorarme. Primer error.

Sí, honestamente, creo que fue por eso. Aunque también mi ignorancia ayudó.

La relación fue avanzando, con momentos llenos de amor y ternura, y momentos llenos de lágrimas y amargura. Siendo tan joven, uno no sabe de verdad lo que es el amor y con tantos medios idealizando las relaciones problemáticas, se crea una idea retorcida de cómo debe ser una relación de pareja.

Como futura periodista, culpo en parte a los medios. Nos venden que una relación debe ser difícil, que hay que sufrir para saber si es amor de verdad; nos venden actitudes manipuladoras como algo normal y aceptable, cuando tendría que ser todo lo contrario.

Porque para mí, no importa cuántos gustos o disgustos tengas en común con una persona, lo ideal es que compartan los mismos principios y valores. Son los pilares de nuestra personalidad y si tienen muchos que chocan, eso crearía diferencias muy difíciles, porque son nuestras creencias más firmes las que nos definen.

¿De qué vale estar con alguien que le gusta la misma banda de rock que a ti, si él piensa que una mujer debe plancharle y cocinarle siempre a un hombre, por ejemplo?

Eso sí, por más difícil que sean las diferencias, nada, nada, nada, justifica violencia psicológica, verbal o física ¡NADA! Que les quede claro.

Les cuento que fui manipulada emocionalmente en diversos aspectos. Me decía que no usara tacones altos, porque él quedaba más bajito que yo y lo hacía sentir mal. Me decía que si algún día me hacía un tatuaje, por más pequeño que fuese, me iba a dejar. Me decía que tenía que hacer todo lo que él me dijera, porque solo él sabía lo que era mejor para mí.

Luego venían las peleas. Lo que yo sabía sobre cómo enfrentar las discusiones es que se debe conversar con la otra persona y llegar a un acuerdo. ¿Qué pasa cuando intentas resolver un problema y la otra persona comienza a atacarte? ¿Qué pasa cuando, en cada discusión, esa persona decide terminar la relación? Y me refiero a una ruptura que duraba poco, porque nos reconciliábamos unos días después, como si nada.

Lo que puede suceder, en el peor caso, es que comienzas a debilitarte emocionalmente. Joseph Goebbels decía: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”, y cuando te dicen incontables veces que eres “inútil”, “inmadura” o “miserable”, uno termina creyéndolo.

Y uno termina creyéndolo por múltiples razones: Baja autoestima, falta de personalidad y extrema susceptibilidad. En mi caso, no sabría definirlo totalmente. Se podría decir que era baja autoestima, pero yo consideraba tener una autoestima relativamente alta y estable, así que creo que era la susceptibilidad, porque no hallo todavía otra razón para haberme sentido tan desdichada más que la repetición de sus afirmaciones.

Yo pensaba que si él era la persona que más me conocía, la que más compartía conmigo, “por algo me lo decía, y algo de razón tenía que haber en eso”. Con el tiempo, me di cuenta de que solo lo hacía para que yo me sintiera mal y responsable de los problemas que teníamos, eso le daba más control sobre mí, y eso le gustaba.

Hasta llegó a decirme más de una vez, que me decía esas cosas porque “me las merecía”, para luego llorar pidiéndome disculpas diciendo que nada de eso era cierto.

Finalmente, todo empezó a desmoronarse, comenzando conmigo misma. Poco a poco fui creyendo todas las cosas malas que él decía de mí, pero tenía un conflicto muy grande: no podía dejarlo porque lo amaba y sentía que lo necesitaba. No podía imaginar mi vida sin él, aunque eso significara soportar todas las cosas horribles que me decía.

Llegó un punto en que yo misma justificaba sus acciones. Decía que era la forma como lo habían criado, que él era alguien complejo, que solo yo lo entendía, y que solo yo podía ayudarlo a mejorar con el amor que le tenía. Viéndolo de lejos, es en ese momento cuando te das cuenta que todo está mal.

NO HAY FORMA VÁLIDA PARA EXCUSAR EL MALTRATO.

Eventualmente, abandoné esa relación. No fue nada fácil, literalmente tuve que decirle a una amiga que me ayudara a no echarme para atrás en mi decisión. Necesité mucho apoyo moral, porque ya había intentado terminar todo antes, y apenas lo hice, me sentí mal, arrepentida y más confundida.

Comencé a deprimirme. Tanto así, que mi abuela y una tía se dieron cuenta, y yo soy súper cerrada con mis sentimientos. Mi abuela me dijo: “¡Estás deprimida! No sales, lo único que haces es estar encerrada, apenas comes ¡Mira lo delgada que estás!”.

Y todo era cierto, ahí fue cuando empecé a caer en cuenta. Bajé mucho de peso porque no tenía ganas de comer, me dormía a las 4 am escuchando música y llorando, para levantarme a las 2 de la tarde, medio comer y alistarme para salir a hacer yoga.

Fue en ese tiempo cuando comencé a hacer esa actividad, porque me dije: “no quiero caer en un hoyo de emociones, tengo que hacer algo que me saque de la casa”, y en el yoga sentí una satisfacción personal que no había experimentado nunca antes.

Fun fact y flash back: cuando yo le comenté que quería hacer yoga, él no quería que lo hiciera porque “era un gasto innecesario de dinero”, pero yo no lo hice caso (afortunadamente).

EL DESENLACE

Hoy, 6 meses después de cortar esa relación, me siento feliz. ¡Al fin! Trabajé arduamente en mi amor propio, ya que me di cuenta que mi relación más importante es conmigo misma.

  • Comencé a hacer yoga, una excelente disciplina que le recomiendo a todo el mundo, porque te enseña paciencia, fortaleza mental y tranquilidad.

  • Comencé a hacer todas las cosas que estando con él sentía que no podía realizar.
  • Empecé a salir más, a probar cosas nuevas, a preguntarme “¿Por qué no?” cada vez que se me presentaba la oportunidad de algo que no había hecho antes.
  • Quería ver de qué era capaz, y ver cómo me sentía con ello. Me di cuenta que, haciendo lo que uno quiere y sin hacerle daño a nadie, uno se fortalecía, y llegas a hacerlo a tal punto que no solo lo sientes, también lo proyectas.
  • Conocí muchas nuevas personas, y me sentía tan bien cuando varios de ellos me decían “Me gusta tu forma de ser tan libre”, porque eso es un aspecto que siempre he querido alcanzar, y que siento que todavía me falta más por escalar en esa montaña de mi vida.
  • Rodearte de personas positivas ayuda MUCHÍSIMO. En mi grupo de yoga, somos muchas mujeres, la mayoría 10 años mayor que yo; pero su ánimo, su buena vibra, su perseverancia, todo eso me llenó mientras pasaba tiempo con ellas durante las prácticas.
  • Y por supuesto que no tiene que ser solo yoga, es la que más recomiendo porque fue la que me sirvió a mí, pero en cualquier actividad donde puedas desenvolverte y tengas personas que te motiven a avanzar, me parece imposible no quererte a ti mismo un poco más.
  • Aprendí que la libertad es necesaria para poder tener una buena autoestima. Sal a bailar, canta muy fuerte, realiza actividades al aire libre, olvídate de las penas y los miedos, ellos solo nos frenan el proceso de crecer emocionalmente. Sé feliz a tu manera, y veras como tu luz comienza a florecer.

CUANDO UN NUEVO NOVIO ES UNA NUEVA OPORTUNIDAD

La próxima vez que tenga una pareja he pensado en lo siguiente:

  • Creo que sería un poco más recelosa al respecto. No me voy a lanzar de cabeza con el primero que se me cruce por el frente. Siempre tendré de referencia esa mala relación para recordarme todo lo que (ahora) sé que no quiero.
  • Trataría de estar con alguien que no me haga sentir que lo necesito, pero que sí es la mejor persona para compartir mi paso por esta vida, y que quiera estar con él por sentir esa dicha.
  • Hay un montón de cosas que no toleraría, y ya lo estoy poniendo en práctica. No permitiría a alguien irrespetuoso, no permitiría a alguien mente cerrada, no permitiría a alguien que sienta gusto o placer en minimizarme. No me permitiría estar con alguien que quiera llenarme de energía negativa que termine afectándome a mí, y yo afectando a los que me rodean.
  • Me parece que lo más sano es estar con alguien que siempre quiera sacar lo mejor de ti de la mejor manera. Que te apoye en todos tus planes de crecimiento personal y profesional, que te motive, siempre con amor y constancia, a lograr cualquier objetivo que te propongas, y que si fallas, sea la persona que esté de primera para decirte que continúes, que cambies el plan, pero no la meta.
  • Con respecto a cultivar el amor propio, pasar tiempo al aire libre siempre te hará sentir mejor. La naturaleza tiene mucha energía positiva, es gratis y está al alcance de todos. Tomarse un tiempo al menos una vez al mes para ir a un parque natural, ir a la playa, etc., resulta extremadamente beneficioso para el alma.
  • NUNCA “resolver” los problemas con sexo. Eso no soluciona nada. Que el sexo sea una recompensa de haber logrado superar un inconveniente entre ambos, no un camino para evitarlo. A la larga, el problema persistirá, y puede que se convierta en algo más grave.
  • Tener siempre en cuenta la importancia de la familia y los amigos. Saber que ellos son tu apoyo primordial y no subestimarlos.
  • No esconder tus emociones, sobre todo las negativas. Si estás pasando por una situación poco agradable, lo mejor es contárselo aunque sea a una persona, puede que te despeje ciertas dudas y eso te ayude a avanzar.
  • También tener presente que, a veces, cuando muchas personas te dicen que estás en una mala situación, es porque tienen algo de razón. Puede que ellos ven algo que tú no ves por estar en el medio del asunto, y si son tus familiares o amigos de verdad, no te dirán eso para perjudicarte.

Ten presente que lo más importante es que te sientas bien contigo mismo, con quien eres y con lo que haces para crecer. Si no te amas lo suficiente, es difícil lograr lo que te propones y sentirte satisfecho con ello.

Y que si persistes en una relación que te hace mucho daño, la responsabilidad ya no es de él, sino tuya.

Fotos: Pixabay.