¡Las malas madres y las buenas madres nos tienen jodidas!

Mala madre o buena madre

Mala madre o buena madre


 

¿Quién dijo que existen las madres perfectas? ¿De dónde nos creímos tal cosa?

Vale decir que ante este imaginario de la perfección, salimos un montón de locas a gritar que somos malas madres. ¿Entonces también nos creímos este otro cuento?

Y… ¿Qué es ser malas madres?…

Mala madre o buena madre

Ser madre ha pasado por varios momentos históricos de la mujer. Inicialmente teníamos la responsabilidad de la reproducción y no teníamos derecho a decidir si queríamos o no ser madres.

Más adelante, aunque con un poco más de decisión, la maternidad era nuestro rol y a ello se debía nuestra entrega absoluta, una vocación donde nos convertíamos solo en madres y dejábamos de ser todo lo demás.

Ahora, con más capacidad para elegir y la voz más fuerte, estamos decidiendo ser madres como un complemento al resto de cosas que queremos seguir siendo.

Sin embargo, en este puente entre la mamá abnegada, completamente dedicada, que dejó todos por sus hijos, y aquella que quiere serlo sin renunciar a lo demás, se está produciendo una pelea en el que, cuando nace tu hijo, te entregarán una ficha en la que tienes que firmar de una vez el bando al que vas a pertenecer.

Instrucciones para diligenciar el formulario: Señala 1 si escoges el bando de las madres perfectas; señala 2 si sientes que serás una mala madre

 

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La mujer del medio

Y entonces aparece la mujer del medio, la humana de carne y hueso que se ha permeado de esta sobredosis de contenidos, que medianamente conoce lo que se le avecina con la maternidad, que viene con la información de las abuelas y su madre (claro… y la de la suegra); pero que además viene también con la de las amigas, los programas de crianza y lo que le dice el profesional que la está atendiendo.

Esta mujer solo ve crecer al bebé dentro de su barriga, y todo lo que le dicen resuena en ella unos minutos; después lo deja pasar porque lo realmente importante le está sucediendo en la panza, para lo demás… ¡Ya habrá tiempo!

Pero una vez que nace el bebé, comienzan los reclamos y las frases que minan su seguridad y capacidad como mamá; inician las comparaciones con su propia crianza y cómo ha cambiado todo hoy en día; aparecen también las mamás de las nuevas innovaciones de crianza que afirman que “no todo tiempo pasado fue mejor”.

Y es hasta que esa mamá, pasados unos meses y tomándose un respiro, toma consciencia de su propio lenguaje y comprende que ha caído en la red y ha firmado sin darse cuenta el bando al que pertenece.

 

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Preguntas que se hace una mamá

¿Cuándo empezamos a pensar que salir a tomar algo con las amigas es cosas de malas madres? ¿Quién nos dijo que conversar todo el día con nuestros hijos es de madres perfectas? ¿De dónde sacamos que querer tener un rato a solas es de malas madres?

¿Existe una madre perfecta que nunca se sature del ruido, las demandas y las interrupciones en el baño? ¿Quién dijo que regañar o no, nos hace perfectas o malas madres?

¿Quién dijo que hablar de nuestros hijos en cada conversación, nos hace madres perfectas? O por el contrario ¿Querer simplemente hablar del clima y no de los hijos nos hace malas madres?

 

El cuento que nos creímos

Que algunas no nos hayamos derretido cuando vimos por primera vez a nuestros hijos, es un asunto de hormonas ¿Eso nos hace malas madres?, ¿Y las madres perfectas son las que parecieron de comercial con lágrima y drama a bordo?…

Podría seguir con las preguntas, pero creo que mi punto quedó claro. Ni mala madre, ni buena madre.

Creernos las madres perfectas, solo es un juego en el que hemos decidido entrar para, muchas veces, complacer a nuestro entorno.

El asunto es que cuando nos damos cuenta de que no podemos ser perfectas, la frustración azota con toda, no tiene compasión y la culpa nos mueve aún más fuerte a entrar de nuevo en el interminable pero muy agotador círculo de la perfección.

 

Ni buena ni mala madre, eres la mamá que eres

Hemos elegido denominarnos “malas madres” ante lo que de fondo consideramos que deberíamos hacer, pero no hacemos; ante lo que la sociedad nos ha dicho que debemos hacer y no queremos; ante lo que las mamás “supermamás” hacen con sus hijos y a nosotras no nos sale de manera natural o no nos da la gana hacer.

Todo esto sin que nos demos cuenta de que nos estamos perdiendo de lo que sí hacemos, de lo que sí damos, de lo que sí sentimos y de lo que sí compartimos.

Cada vez que decimos que somos una mala madre o una madre perfecta, nos estamos perdiendo de conocer y aceptar a esa mujer que somos, tan mala como perfecta en nuestra propia humanidad.

Porque la mejor madre es la que se mira al espejo y se cae bien, la que no necesita compararse, la que no hace o deja de hacer por buscar aprobación, la que sigue conectada consigo misma, la que procura una coherencia entre lo que siente, piensa y hace, la que entiende que no debe escoger bando, porque ella es de los dos.

 

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