Tatuada y profesional… ¡Claro que es posible!

Según estadísticas recogidas en el sitio web Harris Poll, en Estados Unidos tres de cada diez personas llevan un tatuaje. La mayoría de esas personas se encuentran entre los 26 y los 40 años, y según un estudio del psicólogo francés Nicolas Guéguen publicado en Psychology Today, 23% de esas personas son mujeres.

Históricamente, las mujeres nos hemos tenido que enfrentar a una serie de obstáculos impuestos por la sociedad para entrar y surgir en el mundo laboral, y si a esos antiguos estigmas le añadimos lo mal visto que está llevar un tatuaje, se hace prácticamente imposible ser una profesional exitosa, ¿cierto?

¡FALSO!

Antes de hablar un poco de mi experiencia en este tema, quiero ilustrar mi opinión con algunos argumentos.

mujer tatuada asuntos de mujeres

En 2013, la vocera de Bank of America, Ferris Morrison le aseguró a la revista Forbes que su empresa no tiene ninguna política en contra de los tatuajes y agregó: “valoramos nuestras diferencias y reconocemos que la diversidad es buena para nuestra compañía, nos hace más fuertes”.

Al igual que Bank of America, muchísimas empresas se han pronunciado a favor de la política de inclusión y entre las más tattoo-friendly están: GoogleAmazonIKEAPetcoUPSFedExMAC CosmeticsForever 21Ticketmaster, Inditex, y muchas más. Aunque el espectro de industrias de estas compañías no es muy amplio, muchas otras empresas simplemente no tienen una política que prohiba los tatuajes y no son un factor determinante al momento de contratar a un profesional.

Soy pro-tinta y explico por qué

Antes de hablar de mi experiencia, debo acotar que tengo 28 años, cinco tatuajes y un piercing, de los cuales el más viejo tiene siete años (el piercing tiene 12 años de antigüedad).

Desde muy pequeña siempre he tenido muy claro que mi cuerpo es mi lienzo, no mi cárcel. Por eso, es que he decidido cambiarlo, perforarlo y pintarlo a mi antojo, para expresar quien soy, lo que siento y sin pensar mucho en lo que pensarán los demás.

 

mujer tatuada

 

Me hice mi primer tatuaje cuando ya tenía mi segundo trabajo, pero solo 21 años. Decidí hacerlo tras la muerte de mi abuelo paterno, un hombre con quien siempre tuve una maravillosa afinidad y una de las personas con la vena artística innata más interesante que he conocido. Mi abuelo me escribió muchos poemas y al morir, decidí tatuarme mi frase favorita de uno de los escritos que me dedicó. Ese fue el primero de mis cinco tatuajes.

Afortunadamente, nunca me he sentido estancada profesionalmente y mis tatuajes siempre han sido visibles. He sido productora, locutora, coordinadora de una radio online y experta en redes sociales. He trabajado con Coca-ColaTrident y la BBC, y he conseguido trabajar en lo que me apasiona sin aún haber cumplido dos años desde que vine a España.

Tengo una carrera universitaria y estoy estudiando mi segundo posgrado. He estado trabajando sin parar desde los 19 años y considero que tengo suficientes logros en mi haber para demostrar que las marcas de mi piel no suponen un obstáculo en mi (aún incipiente) carrera profesional.

 Exitosas y tatuadas

Ahora, para no seguir dando la idea de que me considero el mejor ejemplo de éxito, debo decir que mi actual jefa es una mujer de 46 años, está casada, es madre, es dueña de una de las agencias de comunicación con mayor crecimiento en Madrid y tiene tatuajes. En mi lugar de trabajo, somos 43 personas, 36 somos mujeres y 28 tenemos al menos un tatuaje.

¿Casualidad?

Para finalmente hablar de algunos claros ejemplos de éxito profesional, algunas de las mujeres que más admiro, personal y profesionalmente, son exitosas y llevan tatuajes. Entre ellas, hago mención especial a Jean Mary, animadora y humorista venezolana, y a dos de las creadoras de Asuntos de Mujeres: las periodistas Maricarmen Cervelli y Patricia Rosas-Godoy.

Si algo tenemos las mujeres es que nos adaptamos, pero antes de cambiar tu cuerpo por un puesto de trabajo, pregúntate a ti misma si realmente le quieres dedicar tu valioso tiempo, tu esfuerzo y tu talento a un lugar en el que no aprecian ni tu originalidad, ni las marcas que te hacen única.

Fotos: Pixabay.