Anticonceptivos: Cómo tomé una decisión que me cambió la vida (para bien)

Como todas las buenas historias que nos hacen replantearnos la vida, la mía empezó con una ruptura.

Después de casi tres años en una relación muy bonita, mi historia de amor llegó a un inesperado fin en los últimos meses de 2018.

No fue una ruptura excepcionalmente traumática, pero sí hubo un aspecto de ella que me hizo reflexionar y fue que uno de los comentarios que surgieron en la conversación iba por la línea de “estás siempre cansada, como si estuvieses deprimida sin motivo y es muy difícil para mí tirar de ti todo el tiempo” (su fuerte no era la sutileza, eso está clarísimo).

Esas últimas palabras se quedaron conmigo porque, teniendo la certeza de que nada de lo que me dijo fue para herirme, me di cuenta de que la sentencia tenía algo de verdad: sí me sentía deprimida y no tenía ningún motivo de peso para estarlo.

El primer mes después de ‘dejarnos’ seguía mal y le atribuía mi tristeza a la Navidad, a estar sola en fechas tradicionalmente familiares y, además, a tener que afrontarlas con el corazón roto. Sin embargo, a medida que pasaban los días, sentía que mis razones para estar triste eran cada vez menos y mi estado de ánimo seguía igual.

Un buen día, haciendo un scroll infinito por mi feed de Facebook, me topé con un artículo en una revista digital que leo con bastante frecuencia, cuyo titular decía La píldora anticonceptiva, ese botón que apaga tu ovulación y enciende los efectos secundarios.

Por algún motivo, caí en la tentación de leerlo y lo que me encontré me hizo plantearme seriamente si la fuente de mi depresión podía estar en las pastillas anticonceptivas. Ante este posible escenario, decidí comprobar mi teoría sin correr muchos riesgos, “ahora que no tengo pareja ni prospectos en el horizonte, voy a dejar de tomar pastillas durante un par de meses», pensé.

 

 

Dicho y hecho.

Mi primer ciclo de ‘détox hormonal’ pasó sin mucho que reportar. Mi menstruación llegó en la fecha prevista, con algo más de dolor y algo de acné, pero sin problemas.

Ya entrando en el siguiente ciclo, fue cuando empecé a notar los cambios que en secreto esperaba ver: tenía mucha más energía, mi estado de ánimo había mejorado muchísimo, me reía más, quería socializar, no me saltaba ni un día de gimnasio y me sentía motivada. ¿Casualidad?

La mente es muy poderosa y antes de creerme que esta ‘nueva yo’ era el resultado de un cuerpo funcionando libre de hormonas sintéticas y no de autosugestión, decidí acudir a los especialistas y aclarar dudas, así que hablé con mi ginecóloga aquí en España, la Dra. Mónica Lozano (especialista en Ginecología y Obstetricia en HM Hospitales) y le comenté mi situación.

Su respuesta, aunque breve y sin entrar en detalles, fue que sí, que en muchas mujeres los anticonceptivos hormonales pueden ocasionar depresión leve.

¿Me pude haber quedado con la opinión de mi doctora y seguir con mi vida? Sí. ¿Haría honor a mi título de periodista y mi gremio si no hubiese buscado otras opiniones y datos? Hell no!

Así que contacté con mi ginecólogo de toda la vida, el Dr. Bartolomé Celli y le hice las mismas preguntas.

Lo que me contestó corroboraba mis sospechas. “Casi todos los ACOS (anticonceptivos orales) actuales tienen una carga estrogénica mínima, cincuenta veces menor a la que tenían los originales que aparecieron en los años 50 (…) Sin embargo, sí existe una estadística de que cerca del 5% de los casos asocia la ingesta de ACOS con algunos grados de depresión”, me aseguró el doctor Celli.

¿Esto qué quiere decir? Básicamente, hay algo de mito en el asunto, infundado por la tradición del boca en boca que se viene arrastrando desde hace décadas, cuando las pastillas anticonceptivas tenían una carga hormonal considerable y que no necesariamente tienen las de ahora. Por otro lado, sí hay algunos casos en los que los anticonceptivos hormonales juegan un papel importante en cuadros depresivos.

Sin embargo, el doctor Celli me aseguró que el riesgo a padecer depresión por ACOS no aumenta en función del tiempo que se tomen, sino que están relacionados con una susceptibilidad preexistente al cuadro. ¿Entonces yo estaba predispuesta a la depresión?

Sigo investigando. En Internet me encuentro cientos de resultados, estudios y testimonios de mujeres que (como a mí) han dejado de tomar anticonceptivos hormonales y han visto como su vida mejora, como este testimonio de la periodista Gena Steffens, publicado en el Huffington Post. Allí, Steffens destaca un estudio publicado en 2016 por JAMA Psychiatry, en el que los resultados revelan que las mujeres que toman pastillas anticonceptivas tienen un 23% más de posibilidades de tener depresión.

Sí, es mucha información. No, no hay aún una conclusión definitiva sobre si hay relación o no entre los anticonceptivos hormonales y el estado de ánimo. Pero lo que sí creo que se puede extraer de todo esto es que tenemos que aprender a ser amables con nuestro cuerpo, escucharlo y saber que nuestro bienestar está por encima de todo lo demás.

El no tomar pastillas anticonceptivas es tú decisión y eso no significa que debes renunciar al sexo, ni a practicarlo con seguridad.

Investiga sobre métodos anticonceptivos alternativos, pregúntale a tu médico y elige el que se adapte mejor a ti y a tus necesidades. En mi caso, seguiré descubriendo cómo son mi cuerpo y mi mente ‘al natural’, me seguiré cuidando con preservativos y veremos a dónde me lleva el experimento, ¡ojalá sea a la felicidad! Seguiremos informando.

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