Bitácora de un Miss Venezuela que dejó huella

9 DE SEPTIEMBRE 2002

1:30 A.M.

El despertador suena una y otra vez. Parece increíble que sea hora de levantarse. A sólo 11 días para el Miss Venezuela, hay un evento a las 9 de la mañana. El llamado para las candidatas es a las 2 de la madrugada porque los maquilladores y peluqueros deben empezar a trabajar desde esa hora.

2:00 A.M.

Tarde como siempre. Salir de mi casa. En la parte de adentro de la puerta hay un papel escrito a mano: ¡Feliz Cumpleaños! Mi mamá dibujó un cocodrilo. Yo esbozo una sonrisa… pero tengo tantas ganas de romper a llorar. ¿Realmente hoy es mi cumpleaños?

Toda la madrugada esperando tu turno, luego los estilistas hacen su trabajo.

Estás lista para posar ante las cámaras.

8:30 A.M.

Alguien por ahí lee el periódico. Una gran foto de mis piernas y nalgas aparece publicada en la contraportada de El Nacional, con una leyenda: “Trabajo duro el del estilista Luis Enrique Urbano: ocultar las imperfecciones de las largas piernas de Melissa Wolf, Miss Miranda, bastante estropeadas por tantos masajes e inyecciones para combatir la celulitis. Luego vendrá la laca, gran endurecedora de todo lo que tiembla”.

A nadie le importó mi problema circulatorio (tenía flebitis). Mis vasos sanguíneos se rompían espontáneamente como resultado de las dietas y medicamentos adelgazantes cargados de anfetaminas. Además, me diagnosticaron fragilidad capilar y depresión severa, pero nadie nunca me preguntó cómo me sentía.

10:40 P.M.

Luego del evento hubo una prueba de vestuario. Cada chica almorzó lo que pudo, probablemente atún, porque todo gira en torno al atún. Después, clase de pasarela y a las 6 de la tarde ensayo en el Poliedro de Caracas. A esta hora todavía no hemos salido. Unos últimos detalles y habrá sido todo por hoy.

Tengo 16 llamadas perdidas en mi celular.

11:30 P.M.

Finalmente en casa. Mis padres y hermanas me esperan porque es mi cumpleaños. Mi mamá hizo una gelatina light con fresas y le puso una vela.

Tengo 22 años y soy candidata al Miss Venezuela.

*

Aproximadamente seis meses antes, unos agentes me dieron su tarjeta en el Metro. Nunca los llamé, pero volvimos a encontrarnos varias veces en la calle y ellos insistieron, así que un día se los di. A fin de cuentas, no tenía nada que perder.

Quince minutos después me llamaron y me propusieron ser mis representantes. Ellos quería llevarme al Miss Venezuela. A mí, una estudiante de Comunicación Social, a punto de graduarse con honores, totalmente acomplejada por su elevada estatura, tímida y sin ninguna afinidad con el mundo del espectáculo.

Accedí por curiosidad. Después de 7 horas seguidas de clases de pasarela, de hacer dieta líquida por una semana, esa chica que nunca se había montado sobre unos tacones, entró con los pies heridos a la Quinta Miss Venezuela e hizo una temblorosa pasarela en traje de baño enfrente de Osmel Sousa.

Éramos pocas en ese casting, pero yo fui pensando que no tenía posibilidad de quedar. Cuando todo terminó y nos volvimos a vestir, me llamaron aparte. Me llevaron a la oficina de Osmel y él me dijo que tenía que trabajar muy duro porque había quedado preseleccionada como una de las dos candidatas más fuertes del año.

*

No había pasado una semana desde que fui seleccionada, cuando Osmel me mandó al cirujano. Fue muy duro ese momento, uno de los más duros. Cuando entras allí imaginas que te van a hacer algunas transformaciones para acercarte un poco a la Barbie que esperan que seas. Pero cuando te dicen: “mañana te operas” no puedes dejar de sentir miedo.

Al día siguiente me metieron en un cuarto con una camilla, para que me quitara la ropa. Luego, pasé a una pequeña salita dentro del consultorio. Nada de quirófanos con luces azules y miles de aparatos que pitan… sólo un pequeño consultorio.

Una inyección en el brazo y ya no te enteras de nada. No era anestesia general sino sedación. Cuando desperté no podía parar de gemir del dolor, tenía un par de bolsas plásticas debajo de la piel, de los que ni siquiera conservo una etiqueta y había que recuperarse rápido porque después de mí, en el mismo consultorio, había otra concursante esperando por su operación: liposucción, senos, nariz y cejas.

*

Después de seis castings y una segunda cirugía de nariz y liposucción de mejillas (sí, eso existe), sólo falta un día para que caiga a tus pies la cortina dorada. Para que comience el final.

Durante tres meses recibes la más exhaustiva preparación: clases de pasarela, clases de oratoria, horas y horas en el gimnasio, clases de baile. Pero nadie te dijo cómo sentirte esa noche, a qué tenerle miedo, qué esperar. Durante tres meses mucha gente te dijo que ibas a ganar, que tenías que trabajar más y más duro. Pero en ese último ensayo sabes que cualquier cosa puede pasar.

Tienes miedo de ganar… y le tienes tanto miedo a perder.

*

Lloré tanto durante el Miss Venezuela. Me sentía tan diferente a las otras chicas. Un periodista me preguntó qué me gustaba leer y al decirle Stephen King, me sugirió que mencionara algún libro de Deepak Chopra, así de abismal sentía la diferencia. Levanté una barrera porque quise mantenerme aislada.

Pero eso no me mantuvo a salvo de las intrigas y murmuraciones. Alrededor de ti pueden tejerse las historias más crueles para perjudicar tu imagen y hacerte quedar como una prostituta. Basta que alguien te ponga una etiqueta de “favorita” para que pasen cosas como que desaparezca misteriosamente todo tu vestuario para ensayos en el Poliedro.

*

Cuando era candidata odiaba la forma en que me trataban allí dentro. Todos los días te pesan y cuentan los gramos que adelgazas o engordas. Hay momentos en que aquello se convierte en una verdadera pesadilla. Te presionan, te regañan, te vuelven a presionar.

Es una experiencia muy dura. Tienes que lidiar con miles de cosas y tal vez la más difícil sea lidiar con tu propio ego. Un día eres nadie, al día siguiente tu cara, tus piernas, lo que haces y dices, está en los periódicos. Conoces a cientos de personas, gente que te quiere ayudar y gente que se quiere aprovechar. Pero se vuelve tan difícil distinguir entre ambos, que empiezas a desconfiar de todo el mundo.

De repente todos quieren algo de ti. Te vuelves mercancía. Gente dentro y alrededor del Miss Venezuela juega a una especie de trata de blancas. Lo sabe todo el mundo pero parece ser mejor mirar hacia otro lado.

*

No puedo negar que hubo cosas hermosas: el descubrimiento de que la belleza tiene mucho que ver con la actitud, la primera vez que me puse un vestido largo diseñado por Hugo Espina especialmente para mí, cuando Goizeder Azúa me donó todo su uniforme porque ella ya no lo necesitaba, mi madre bordando canutillos a un vestido la mañana del concurso porque si ganaba, seguro la iban a entrevistar, la gente de Santa Elena de Uairén llevando una pancarta al poliedro para apoyarme. Podría seguir párrafos y párrafos.

Pero se resume en que crecí como mil años y descubrí cosas de mí que todavía me sorprenden.

*

20 DE SEPTIEMBRE DE 2002

CERCA DE LA MEDIANOCHE:

Faltan sólo segundos para que todo acabe. Ya sólo quedamos cinco finalistas y van a empezar a mencionar el orden de la clasificación.

“La tercera finalista es: Miss Miranda, Melissa Wolf”.

Mi primer pensamiento fue: “No llores en el escenario”.

Cuando entré al Miss Venezuela me veía tan lejos de la corona, pero a medida que van pasando los días la gente empieza a decirte que vas a ganar y poco a poco te obsesionas con eso.

No gané y fue muy duro aceptarlo. Mi mamá decretó que había que alejarme de todo aquello o me iba a enloquecer, así que me fui un par de semanas a mi pueblo. Fue muy duro volver a la realidad, sobre todo porque me había perdido mi graduación y mi metabolismo estaba tan enfermo que empecé a engordar sin control.

Un detalle gracioso: el único premio que recibí como tercera finalista fue una paca de atún light Margarita.

*

13 DE JUNIO DE 2017

Han pasado 15 años y releo esto mientras armo un portafolio como redactora. Sentí muchas ganas de compartirlo. Como dijo Ortega y Gasset: “yo soy yo y mi circunstancia”. Todo lo que soy hoy, todo lo que me gusta de mí, lo debo a no haber ganado el Miss Venezuela.

Y cuando oigas a una niña decir que sueña con ser miss, háblale de esta historia, dile que la belleza es otra cosa y que las coronas ya no están de moda.

Fotos: Melissa Wolf.