¿El matrimonio mejora o empeora con hijxs? Cuestión de perspectiva

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¿Qué pasa con el matrimonio cuando llega un o una hija? La mayoría afirma que su relación se ve afectada negativamente y muchos terminan en divorcio. Pero, ¿estás segura de que no has vivido algún cambio positivo? Laura Strazzaboschi (@laustrazza) sí y quiso contarlo en este maravilloso artículo.


Cuando empecé a escribir este artículo, lo primero que hice fue preguntar a unas 20 personas cómo había cambiado su matrimonio después de tener hijos. Quería conocer puntos de vista distintos al mío, ya que mi matrimonio ha mejorado con la llegada de nuestro primer hijo.

Me sorprendió que una gran mayoría enfocó sus respuestas iniciales en los cambios negativos: “tenemos menos relaciones”, “estamos siempre cansados”, “casi ni salimos”.

En mi experiencia, mi matrimonio ha dado un cambio hermoso y muy positivo después de tener a nuestro primer hijo.

Visto esto, decidí indagar más preguntando a las personas si ha mejorado algo en el matrimonio tras la llegada de los críos, independientemente de los cambios negativos que todos vivimos y sentimos. Y en efecto, surgieron un montón de respuestas bonitas e inspiradoras, alineadas a mi experiencia.

Y es que los padres en verdad estamos todos cansadísimos y nos cuesta un montón verle el lado positivo a la maternidad de buenas a primeras, sobre todo, porque es cierto que hay muchos matrimonios que se ponen en riesgo con la llegada de un hijo, e incluso hasta terminan.

Yo siento que la desinformación tiene muchísimo que ver con eso. Por eso, siendo fiel a mi personalidad eternamente optimista, decidí darle la vuelta al tema y contar de forma positiva, las cosas que cambiaron en mi matrimonio cuando tuvimos nuestro primer hijo.

Con esto, espero poder inspirar a todas esas parejas a las que les cuesta darse cuenta de lo bueno. Y también empoderar a todas esas parejas que se plantean tener hijos, pero les da miedo al cambio que puede sufrir su relación.

Mejora en la comunicación

Cuando nació nuestro hijo, mi marido y yo empezamos a pelear más. Se hicieron más evidentes nuestras diferencias de personalidad con la crianza. Sin embargo, gracias a esto y a nuestras ganas de mantener la armonía, trabajamos muchísimo para mejorar nuestra comunicación.

Cabe destacar que nosotros somos una pareja sumamente trabajada, hacemos terapia desde hace años y ya teníamos herramientas de comunicación sólidas. Pero con la llegada del bebé se nos olvidaron.

Retomamos terapia en pareja online cuando conseguíamos un hueco (y con el bebé en brazos), y trabajamos esa mejora de la comunicación.

Ahora, en vez de peleas que podían durar horas o incluso días, logramos tener conversaciones intensas y apasionadas mucho más frecuentes, que liman asperezas y evitan terminar en una pelea.

También, una razón para trabajar la comunicación de forma consciente es que tenemos menos tiempo de pareja. Y honestamente, ¿quién quiere pasar el poco tiempo que se tiene peleando?


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Mejor intimidad

No, no es un error de redacción. Cuando tuvimos nuestro niño, también empezamos a tener mejor intimidad. Quédense conmigo.

Todos sabemos que cuando llegan niños a la pareja, esta tiene menos energía y menos tiempo para tener relaciones. Claramente, esto nos pasó a nosotros también, sin mencionar los cambios físicos en mi cuerpo durante el puerperio, y que durante el embarazo las hormonas me convirtieron en un ser prácticamente asexual.

Gracias a Dios esta etapa pasó, y cuando finalmente “volvimos a la acción” disfrutamos de una mejora incremental en nuestra vida sexual.

En otras palabras, como lo hacemos menos, lo DISFRUTAMOS MÁS INTENSAMENTE.

Por ejemplo, ¡nos sentimos como adolescentes escondiéndonos de nuestros papás cuando logramos hacerlo mientras el bebé duerme siesta!

Es cierto que quizás esto no dure para siempre. Después de todo, la etapa donde se tiene poquísimo tiempo en pareja pasará. Pero ese pico de “volvimos a ser novios sexualmente” (por el disfrute, no por la frecuencia) ha sido real y muy divertido en nuestro caso.

Creo que gracias a que aprendimos a identificarlo y disfrutarlo, también podremos aprender a mantenerlo en el tiempo.

Mejor trabajo en equipo

Cuando llegó nuestro hijo, la relación pasó de ser dinámica y libre a ser mucho más funcional y hasta transaccional.

Los dos trabajamos a tiempo completo y tenemos un perrito a lo cual se sumó el nuevo bebé. El poco tiempo libre que nos quedaba ahora pertenece al bienestar del crío (y del perrito).

Para lograr el balance de la familia, nos dimos cuentas que en la coordinación estaba el éxito. Esto ha resultado en mejor trabajo en equipo. Identificamos quién es mejor en qué tarea. Por ejemplo, mi esposo es el as del lavar y tender, yo soy genial organizando los menús de la semana y la compra.

Luego hemos sido muy honestos con respecto a qué disfrutamos y qué no, y hemos adaptado nuestras elecciones de crianza a eso.

Por ejemplo, yo quería hacer BLW para alimentar a Leo, pero a mi esposo le daba alergia nerviosa el desastre que generaba. Juntos decidimos adaptar la alimentación del bebé a un punto medio.

Y cuando hay un desbalance (porque los hay) invertimos tiempo en sentarnos y analizar cómo podemos distribuir mejor las cosas para que los dos estemos bien.

Más consciencia y esfuerzo para mantener la llama viva

Cuidar a un niño implica dejar de lado la improvisación. Buscar esas cosas que protegen la unión y nos dan tiempo de pareja se convierte en un acto consciente, planificado y que ahora conlleva mucha más creatividad que antes.

Antes salíamos a cenar los fines de semana y podíamos inventar viajes y aventuras espontáneas. Ahora salimos a comer mientras podemos dejar a nuestro hijo con la chica que lo cuida entre semana, e inventamos aventuras familiares los domingos.

Igualmente, antes nos hacíamos detallitos para alegrarnos: mi esposo me regalaba flores o yo le traía donuts. Ahora, adicionalmente nos hacemos detalles para mejorar nuestro bienestar, porque al ser mejor equipo, nos damos cuenta de que las partes del equipo necesitan cuidado más específico.

Por ejemplo, mi esposo me regala todas las mañanas de sábado para que yo haga lo que quiera y me cuide a mi, mientras él cuida al niño. Yo le regalo dormir hasta la hora que quiera los domingos.

Amor más profundo

Estos cambios han resultado en que en nuestro matrimonio el amor que sentimos el uno por el otro pasó a otro nivel. Un nivel más profundo, más consciente y que nos ha dado más seguridad de que estamos compartiendo la vida con la persona correcta.

No quiero generar falsas expectativas: estas mejoras han sido todas a punta de trabajo consciente y mucho esfuerzo. Las claves han sido aplicar el pensamiento positivo, y hablar constantemente de cómo podemos sacar mejoras y aprendizajes de los retos que nos presenta la maternidad.

¿Cuál es tu experiencia?

Me encantaría saber si lo que cuento resuena contigo. Comparte con la comunidad de Asuntos de Mujeres cómo cambió tu matrimonio después de tener hijos. Bien sientas que tu experiencia ha sido buena o mala, desde luego compartirla generará un debate positivo que nos ayudará a ver las cosas de forma diferente.

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