Buscando un príncipe azul, tropecé con un hombre de carne y hueso

Desde pequeña solía ver historias de Disney o escuchar a mi madre hablar sobre los príncipes azules apuestos y perfectos, cuentos con finales felices, esas fábulas que pintan una historia mágica, dónde no hay problemas y al final se consigue una felicidad para siempre.

Sin lugar a dudas, estas historias ideales en muchas oportunidades marcan nuestras vidas y se fijan en nuestro inconsciente sin previo aviso y sin darnos cuenta.

Eso lo aprendí después de haberme analizado durante muchos años.

Las relaciones amorosas se habían convertido en mi talón de Aquiles por alguna extraña razón; sin embargo, después de algunos años me he dado cuenta de que yo no era tan extraña, sino que había algo en mí que no me permitía avanzar.

Descubrí que solía autoflajelarme cuando las cosas no salían bien con esa persona que conocía y con la que comenzaba a salir, mis expectativas siempre superaban los resultados, yo deseaba o me había empeñado en vivir una historia con un final feliz y por su puesto con su respectivo príncipe.

Un buen día asistí a una psicoterapia o algo así, recuerdo que fui por un tema X y terminamos hablando del tema pareja. En ese momento esta persona comenzó a indagar sobre cómo mis ancestros habían manejado el tema, el resultado fue impactante para mí.

No nos fuimos muy lejos y comenzamos por mi abuela, ella había tenido 3 hijas de 3 padres distintos; luego vimos el caso de mi madre y una de mis tías, ambas habían repetido esa historia, mientras que mi otra tía había sido totalmente antagónica y había decidido quedarse sola.

La terapeuta me aclaró que no significaba que ésta sería o tenía que ser mi historia, solo significaba que era el momento de tomar consciencia de lo que yo he vivido, escuchado y visto desde pequeña y que al estar instaurado en nuestro inconsciente, solemos repetirlo.

También era un buen momento para honrar y no juzgar, cada quien es dueño de su historia y solo el hecho de juzgar y enfocar tu mente en no quererlo hacer así, podría llevarnos a terminar haciéndolo igual. Por ultimo, puedo decir que el hecho de hablar o recordar a mis antecesores fue un batacazo para entender que estas son las historias que pasan en la vida real.

Continué mi camino y con el pasar de los años confieso que la historia que más miedo me producía era la de quedarme sola, de solo pensarlo me hacía sentir muy triste, no lo aceptaba, así me explicaran que no todas las mujeres nacieron para vivir en pareja.

Durante mucho tiempo me tocó repetir las lecciones, pasar las páginas y retroceder en ocasiones para revisarme nuevamente; con frecuencia recordaba aquella terapia para detenerme a reconocer y honrar a las mujeres de mi generación, porque yo decidí hacerlo diferente y estaba en mi derecho.

Entendí que idealizar a los hombres era mi hobby y forzar las cosas para que funcionaran, siendo la chica perfecta, era mi desafío constante.

Pero, llego ese día totalmente inesperado en que me di cuenta de que el hombre que tenía muy cerca, que tropezaba con frecuencia y que no veía porque estaba siempre distraída buscando al príncipe azul; ese de carne y hueso, sí, ese que llevaba un largo tiempo esperando a que despertara para mostrarme lo que es el amor verdadero; el mismo que a veces bailaba mi música respetando mi ritmo y que a veces me dejaba bailar sola; sí, ese hombre que con paciencia, presencia y detalle estaba siempre para mí y que yo literalmente no veía, ese amigo de la infancia que logró enamorarme justo cuando yo estaba descuidada.

Ese con quien he decidido emprender un camino.

A mí me encantaría poder decirles algo diferente a lo que siempre solían decirme mis amigas o personas con las que profundizaba sobre este tema, ellas siempre me dijeron “llegará cuando menos lo busques, cuando menos esperes, cuando no te esfuerces, cuando definitivamente tenga que llegar”.

Yo, de testaruda siempre insistía en llevarles la contraria, diciéndome a mí misma: «cómo me voy a quedar aquí sentada de piernas cruzadas, tengo que conocer gente nueva».

Me da mucha risa recordar que una vez animé a un grupo de chicas solteras y nos fuimos a uno de estos sitios dirigidos por un sexólogo para conocer gente, evidentemente como yo era la que estaba más animada y por mi forma de ser extrovertida para conversar y conocer gente nueva, fui la que más amistades hice, pero nada de eso me llevaba a encontrar una pareja.

Así que en este instante tengo que reconocer que formo parte de las estadísticas, que justo llega en el momento que llega y ya, que sin lugar a dudas es importante estar en apertura para darte la oportunidad, haber sanado relaciones pasadas, estar literalmente con el tanque vacío refiriéndome específicamente a esa disposición de dejarte llenar por un amor diferente no porque sea tipo Disney sino porque es sincero, maduro, real y sobre todo de carne y hueso.

Algo que sí me genera tranquilidad y quizás me atreva a recomendarles es a nunca caer en literal DESESPERACIÓN, porque son muchas las locuras que uno puede hacer.

Inexplicablemente, en mi caso puedo decir que esa persona después de ser un amigo de la adolescencia al que yo siempre le gusté, pero que luego cada quien tomó su rumbo, pasó a ser una persona especial, a ser mi actual compañero, cuando es, no importa cuantas vueltas dan las manecillas del reloj. Él es un hombre de carne y hueso, si me preguntan cómo sé que es con quien quiero estar hoy y mañana, mi respuesta es sencilla; con él soy YO en mi máxima expresión, soy auténtica, loca, llorona, expresiva, bochinchera, consentida, imperfecta, ordenada para algunas cosas, desordenada para otras, parlanchina, enferma con la puntualidad y controladora; pero este no me dice que Sí a todo, me muestro tal cual soy, me descubro cada día y no guardo secretos.

Que si tenemos diferencias, pues claroooo, la buena noticia es que son totalmente manejables y equilibradas, y lo más importante, no me preocupo si es o no para toda la vida, aunque apostamos a eso.

Romy Elena Castro Blanco

Conferencista & Coach Personal

@Romye16

@AleteodeCambio

Romye16@gmail.com