Cuando la culpa no me deja terminar mi relación de pareja

Últimamente pienso mucho en las relaciones. Me he encontrado con parejas que están juntas, pero a las que hace rato se les fue el amor.

Y me pregunto, ¿Por qué quedarnos donde no somos felices? ¿Qué nos frena?

Puede que sea porque vamos por la vida sin saber exactamente qué es la felicidad y nos conformamos con lo que tenemos, o quizá somos víctimas de la culpa. Sí, de la culpa, porque nadie quiere ser el villano de la historia, ¿Cierto?

 

Descubrir que tu “media naranja” en realidad está contigo porque se siente culpable es un golpe duro. Así lo fue para Priscila, que decidió contarme su historia.

 

“Cuando cumplimos 9 años juntos decidimos casarnos. Estaba muy ilusionada con la idea de la boda, casarme con mi novio de toda la vida, hijo de una de las mejores amigas de mi madre.

 Me moría por elegir mi cortejo, caminar hacia el altar del brazo de mi papá y celebrar la fiesta que siempre soñé.

 Comencé a organizarlo todo, fijamos fecha, salón de fiestas, incluso viajé con mi mamá y mi mejor amiga a comprar el vestido de mis sueños.

 Él no se involucraba mucho. Asumí que era un comportamiento masculino. Después de todo, a los hombres no les importa el color de los manteles, si decoramos con peonías rosadas o con flores silvestres, si el pastel es de vainilla o chocolate o a dónde nos iríamos de luna de miel.

 Una noche, mientras veíamos televisión, me preguntó si yo creía que estábamos haciendo lo correcto.

 Al principio no entendí la pregunta y él trató de cambiar el tema. Después de mucho insistirle la formuló de nuevo: “¿Tú has dudado si te quieres casar conmigo?”, me preguntó.

 Le respondí que no con el mayor de mis asombros y le devolví la pregunta. Se quedó callado por un par de segundos y luego me dijo que no. Comencé a llorar descontroladamente.

 ¿Por qué preguntarme eso cuando faltaban nada para el día más feliz de nuestras vidas?, ¿Quería cancelar nuestra boda? ¿Qué le diríamos a nuestras familias? Intentó calmarme, decirme que había sido una pregunta estúpida para buscar conversación, y que no se imaginaba el resto de su vida sin mí.

 Yo decidí creerle y fingimos que aquello nunca había pasado.

 Tres meses después había enterrado aquel asunto en lo más profundo de mi memoria y me encontraba feliz, casándome con el amor de mi vida.

 Nos fuimos de luna de miel y aunque la pasamos bien, no fue como yo me la esperaba. Ahora que lo pienso, parecíamos más un par de amigos que se habían ido de viaje juntos.

 Pensé que tenía demasiadas expectativas y que la vida de los recién casados no era como yo la imaginaba. Al regresar la cosa no mejoró. Discutíamos muy seguido y por cosas muy tontas.

 Después de cada pelea él se aislaba, podía pasar un día hablándome sólo lo necesario, para luego tratarme como si nada.

 Quise convencerme de que eran los típicos problemas de convivencia de los que me hablaron mis amigas, pero no. Dos años después, cansada de estar con alguien que no estaba conmigo, fui yo la que pidió el divorcio.

 Le tomó cinco años mirarme a la cara y decirme que no podía ser él quien terminara la relación. No quería romperme el corazón, ni tener que enfrentar a su familia. Creo que tuve suerte por haberme dado cuenta de que teníamos que separarnos y porque no tuvimos hijos juntos”.

 

La ecuación de la relación tóxica

La culpa es un asunto serio y -aunque ustedes no lo crean-, bastante frecuente en las relaciones. Por eso decidí resolver mis dudas con una especialista, y contacté a la psicóloga y terapista panameña Maritere Lee, autora del libro “Una cita conmigo misma”.

Marietere me dijo: “Es muy común que la culpa sea el motivo por el cual no se termina un noviazgo o un matrimonio. De hecho, existe una ecuación que determina cuándo estás en el nivel más enfermizo de una relación: miedo + culpa + lástima”.

Ella explica: “Generalmente, estas tres van de la mano y por eso es difícil dejar una relación que ya no va. No solo por la culpa o la resistencia a querer enfrentar la responsabilidad de una decisión, sino porque también nos enseñan que fracasar es tirar la toalla. También porque con la culpa, no toleramos el qué dirán”.

Solemos sentir lástima por la persona a la que vamos a dejar. Esta alimenta a la culpa y finalmente al miedo.

“Miedo hacia el futuro, no solamente hacia uno mismo sino a una visión desesperanzadora de la pareja a la que se está dejando, pues muchas veces en los momentos de ruptura te dicen frases como: ‘Qué voy a hacer sin ti’, o ‘No puedo vivir sin ti”, explica la especialista.

 

Señales para detectar que alguien está contigo por culpa y no porque te quiere, según Maritere Lee:

 

  • Tu instinto te alerta: cuando alguien sigue en una relación porque se siente culpable, un bichito dentro de ti sabe que algo no está bien. En palabras de Maritere: “La intuición pita, pero la persona se rehusa a tratarlo de manera racional”.

 

  • Comportamientos de autosaboteo: estas personas suelen presentar momentos de vaivén afectivo o comienzan a ser pasivos-agresivos. Puede que no te digan directamente sus molestias y la manifiestan siendo más distantes o teniendo memoria selectiva, olvidando cosas que son importantes para ti.

 

  • Sientes que estás caminando sobre un campo minado: no importa lo que hagas o dejes de hacer, empezarás a pensar que no estás haciendo lo suficiente y que nunca eres suficiente para tu pareja, y por eso te trata como te trata.

 

En el caso contrario, podemos identificar si nos mantenemos con alguien por la culpa si la relación nos genera una sensación de cansancio o fastidio. “Cuando esto pasa, ocurre un arrastre físico, psicológico, emocional y sobre todo energético en las relaciones de pareja, que desgasta a niveles anímicos de una manera impresionante”, explica la psicóloga.

 

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Combate la culpa

Para salir de este agujero negro, Maritere aconseja buscar ayuda profesional que permita ver de una forma más fría y racional las cosas. “A veces nos ahogamos en las emociones del momento. Porque la cabeza puede llevarte al cielo o al mismo infierno dependiendo de los pensamientos que decides alimentar”, explica.

Para ella es importantísimo no aislarse. Y si en caso de no tener acceso a la orientación de un especialista, buscar refugio en nuestra red de apoyo social (amigos y familiares). “Se dice mucho que la culpa amarra más que el amor y es cierto; porque la culpa es como esa cadena que vas arrastrando y que puede ir entorpeciendo tu camino y tu avance por los siglos de los siglos”.

 

¿Hombres y mujeres vivimos la culpa de la misma manera?

 Como en casi todas las cosas, ellos y nosotras trabajamos las emociones de formas distintas.

“Las mujeres suelen acudir inmediatamente a trabajar su miedo, su culpa y su lástima, inclusive antes de salir de la relación. Son más abiertas a buscar ayuda tanto en su red de apoyo social como con los especialistas. A los hombres les cuesta más, quizás por el tema de que socialmente tienen metido en la cabeza que tienen que ser fuertes y que ‘a las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una rosa’, y por lo tanto asumir el rol de que están lastimando a una mujer les es muy difícil”, explica Maritere.

De hecho, es común que sus pacientes acudan a consulta por otro motivo y después de revisar el caso, descubra que llevan sintiéndose culpables por una ruptura o están atravesando un duelo afectivo y no se dan cuenta.

 

¡Los hijos no son una excusa!

 

Aunque era más común en la época de nuestros padres que las parejas permanecieran juntas por “el bien” de los hijos, aún hay casos en los que uno de los integrantes de la pareja se escuda detrás de estos para evitar terminar con la relación o divorciarse.

Para Maritere lo que se esconde en realidad es el temor a enfrentarse financiera, socialmente y con uno mismo tras la separación.

 

En eso hace mucho hincapié y de hecho me dio tres consejos para tomar en cuenta en una ruptura cuando se tienen hijos en común:

 

  • Nunca decirles a los hijos “Yo me aguanté a tu papá/a tu mamá por ti”.
  • Si hay que terminar, hay que hacerlo bien.
  • Recuerda que si eres hombre, la mejor forma de querer a tus hijos es mostrar respeto hacia la madre. Si eres mujer, la mejor forma de querer a tus hijos es mostrar respeto y cierto aprecio hacia el padre.

 

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Gracias a Maritere Lee por ser parte de este artículo. La puedes seguir en sus redes como: @mariterelee

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