Cuando sentirse “perdida” se convierte en una oportunidad

Desde pequeña, como creo que sucede en muchos hogares, me crié con patrones y “esquemas escritos”: estudiar en el colegio, ir a la universidad, graduarme, conseguir un novio, tener una relación estable, un trabajo estable, una vida social estable y hasta el comportamiento de mi perrita súper educado y correcto.

Así funcionan las cosas, así lo dicta la sociedad, esa es la norma y si no la sigues, entonces parece que tu vida se convierte en un fracaso.

Pero yo asumí la vida de manera diferente: terminé el colegio a distancia porque lo odiaba, fui a la universidad a regañadientes, aunque me gradué con honores; nunca he tenido una relación estable y me han roto el corazón, mi vida sentimental es peor que un viernes en hora pico: locura y desastre; mi perrita le ladra a todo el mundo y si me descuido puede hacer sus necesidades sobre mí y si hablamos de mi vida social, puedo decir con certeza que mi sobrinita de 9 años va a más fiestas que yo.

Y en ese camino, tratando de “alcanzar el éxito” según los estándares sociales, me perdí; sí, me perdí. Porque la sociedad te lleva, te encamina, te empuja hacia lo “correcto”, y eso incluye a los papás y hermanos, que “te sugieren” el camino que debes seguir.

Pero yo, medio rebelde, medio distinta, no supe cómo hacerlo, no estaba de acuerdo con algunos caminos y algunas metas, me estanqué y me sentí triste, impotente y sin rumbo,

Cuando no hice nada de lo que se supone que debía hacer… ¿Qué iban a decir de mí?, pensaba yo.

Mi vida amorosa iba en picada, aún no tenía idea de qué quería hacer después de graduarme y mientras casi todos mis amigos ya tenían sus metas claras, o eso parecía, yo no. Dejé el gimnasio y gané unos kilos.

Descubrí también que hay amistades tóxicas, que no todos los amigos merecen ese nombre; y que mi ciudad y mi país, se habían vuelto un caos.

Y después de varias noches cantando “Luna” de Ana Gabriel y otras canciones de Vicente Fernández, acompañadita de mucho chocolate; me di cuenta de que perderse no es algo malo, incluso, a veces es necesario, a veces pasa, es real y significa que estoy viva.

¿Y qué pasa si mi prima, mi amiga y mi vecina parece que tuvieran la vida ideal? No pasa nada, si vivo comparando mi vida con la de los demás o mi éxito con el de otros, estoy segura de que nunca, así sea la próxima Oprah Winfrey, voy a ser feliz.

Me perdí y vi una oportunidad para reencontrarme

  • Entendí que no se trata de cumplir estándares, de fingir que tengo todo resuelto, de aceptar un trabajo que no ame, porque algún vecino dice que tengo que hacerlo o de complacer a alguna tía que quiere que consiga un novio, así no me trate como lo merezco.
  • El éxito no significa tener una vida perfecta, donde todo lo que hagas te salga bien, el verdadero éxito de una mujer radica en entender que “estar perdida” está bien, porque eso significa una oportunidad de redescubrite, de conocerte y de hacer lo que te gusta, de aprender a llenar tus propias expectativas, en vez de llenar las de los demás.
  • Ser un poco irreverente, rebelde y FELIZ, me está dando una oportunidad de hacer lo que amo. Esto me ha permitido reencontrarme.
  • Estar perdida me permitió tomar las riendas. Comencé clases de baile para mantenerme activa, porque eso de Michelle Lewin y seis horas de gimnasio no son para mí, (con todo respeto al santo cuerpo de esa mujer).
  • También empecé a alejar de mi vida a las personas que no sumaran algo bueno, total, si tengo que cuidarme las espaldas de mis “amigos”, entonces realmente no son mis amigos y empecé a salir a lugares distintos con personas distintas porque era necesario abrirme a nuevas miradas y aprendizajes.
  • Mi vida amorosa empezó a cambiar porque me di la oportunidad de entender y conocer que lo que es para mí siempre se va a quedar, y mientras no llegue el príncipe, no tiene nada malo seguir conociendo sapos.
  • Así que me di la oportunidad de no engancharme con lo que me hacía mal, de identificar lo que realmente me hace feliz a largo plazo, y ahí fue cuando empecé a escribir, porque entre las letras siempre me encuentro.
  • Comencé a enfocarme en el tema de la moda porque me apasiona como nada en el mundo,
  • Empecé a leer entre las letras pequeñas del contrato, como dicen por ahí: que justo en ese lugar la vida te guía hacia ti misma.

Hoy creo más en mí y transito este camino más segura y menos perdida.

Foto: Pixabay.