El duelo y lo que hay después de perder dos bebés

Perdí a mi bebé

La periodista Sara Armas ( @searmas ), conoció a Evelyn, una mujer que le contó la historia de sus dos abortos, de su vida después de eso y de cómo se necesita más empatía social y médica ante esta experiencia tan dolorosa.


Evelyn tiene una energía incansable, no se amilana por nada y además vive con ilusión. La conocí hace algunos años en una cena y escuché cómo alguien le preguntó ¿Vas a tener hijos? Su cara fue de incomodidad, prefirió no dar muchos detalles, además ella tenía prisa, así que la conversación quedó en el aire.

Unos años más tarde me enteré de que Evelyn estaba embarazada, al día siguiente cuando me disponía a enviarle un Whatsapp para felicitarla, alguien me alertó de que había tenido una pérdida. De inmediato mi mensaje de felicitación se transformó en uno de duelo.

Por mucho tiempo me quedé con la duda de qué había pasado y me sorprendía al verla, porque no entendía cómo alguien que había pasado por semejante dolor, no una, sino dos veces, pudiera seguir adelante con tanta alegría y emoción por el futuro.

 

Por eso me atreví a hacerle algunas preguntas

 

¿Siempre habías querido ser mamá?

No, hacía más parte del pack del matrimonio. Mi sueño era casarme, coleccionaba vestidos de novia que encontraba en las revistas. Con el tiempo dejó de ser la prioridad, pero sí había un sueño: era el de casarme más que el de ser mamá.

Me casé con 36 años y sabía que no podía dejar pasar mucho tiempo para ser madre, entonces mi marido y yo empezamos a hablar del tema y decidimos buscar.

 

¿Cómo fue el primer aborto?

Quedé embarazada a los 38 años, compré la típica prueba de farmacia y salió positivo, pero yo tenía un afán muy grande porque me lo confirmara un médico. Además, experimenté un miedo muy profundo a perderlo, no sé si a todas las madres les pasa.

Ese embarazo duró tres meses, los meses en los que te advierten que hay riesgo de pérdida.

Algo muy duro para mí fue tener que lidiar con los comentarios de la gente: “No te preocupes, es normal, eres mamá primeriza, eso les pasa a todas”. Yo no quería escuchar eso. Para mí, que lo estaba experimentando por primera vez, no era normal.

Un día empecé a manchar y fui a urgencias. El bebé seguía allí, pero a las dos semanas sentí que algo me bajó. Fui al médico y me dijo que ya no había feto, que me tenían que hacer un legrado y como estaba dentro de los 3 meses reglamentarios, pues fue como hacer un trámite más.

Desafortunadamente, en España los médicos son bastante fríos. Me explicaron que me sedarían, me vaciarían y me podía ir a mi casa a hacer vida normal. Una cosa es el procedimiento médico y otro es el proceso personal y emocional y para mí fue muy duro.

Recuerdo que tuve mucho apoyo de mi familia y mis amigos. En paralelo, mi hermana había tenido un bebé y yo no lo podía ver, me ponía a llorar con un llanto profundo porque yo no iba a poder cargar al mío.

 

¿Cómo fue el proceso para sanar tu dolor?

He aprendido que tenemos que hacer procesos de desapego y de entrega. Un fin de semana me fui con mi marido a un pueblo lejos de la ciudad, lloramos todo lo que teníamos que llorar y agradecimos a Dios por la oportunidad que nos dio de haber tenido esa ilusión.

Siempre me he caracterizado por ser una mujer muy fuerte y esa situación me enseñó que no era tan fuerte, que se valía llorar, yo misma me ponía el estándar de “todo tiene que estar bien”. Fue un proceso que me enseñó que no tiene nada de malo llorar y reconocer que no tenía fuerzas en ese momento.

Pero también tengo la opción en mis manos de sufrir eternamente o pasar página, no podía seguir triste y deprimida.

Es un proceso y no todas somos iguales, por eso es un asunto que hay que hablar y compartir con mujeres que te transmitan paz, seguridad, confianza. Cuando sientas temor, como fue mi caso, lo puedas compartir con alguien sabio para aliviarte y estabilizarte.

Tanto en la primera como en la segunda oportunidad, quien me levantó fue Dios.

En la segunda pérdida tenía sentimiento de culpa y muchos “qué hubiera pasado si…” en mi cabeza.

Además de los comentarios de la gente una vez más: “No te preocupes, lo vuelves a intentar”. Pero yo misma empecé a tener una duda en mi corazón de si iba a ser madre o no, así que le pedía Dios una señal y me llevó a buscar en la biblia en Isaías 56:5: “Yo les daré algo mejor que tener hijos e hijas: haré que el nombre de ellos quede grabado para siempre en los muros de mi templo. Les daré un nombre eterno que nunca será borrado”.

Para mí fue una confirmación de que no iba a ser mamá y en ese momento sentí paz.

 

¿Qué pasó en el segundo aborto?

Dos años más tarde, con 40 años volví a quedar embarazada. Siempre quedé embarazada muy rápido, no tenía ningún problema para eso.

En el segundo embarazo, cambié de ginecólogo, ya se escuchaba el latido del bebé y empezamos a hacer el seguimiento. Pasé la etapa difícil de los tres meses. Pero en mí seguía habiendo un temor de si esto iba a salir bien o no. Si había algo muy fuerte en los dos embarazos era eso, no sentía tranquilidad.

Por la edad me enviaron hacer una prueba para descartar que el niño viniera con alguna malformación. En ese momento el médico nos dijo que había posibilidades bastante bajas de aborto, un 1%.

Luego de la prueba fuimos a la cita con el médico y daba vueltas y vueltas con el ecógrafo y no había latido. Ahí me quebré. Me dijo que volviera al día siguiente para hacer una nueva ecografía y en efecto no había latido.  Pero como ya había pasado el tiempo de los tres meses, me tenían que provocar un parto. Esta vez fue mucho más duro.

El médico me dio unas pastillas para provocar las contracciones y puedo decir que es algo muy doloroso.

También me dijo que podía existir la posibilidad de que rompiera fuentes en casa como un parto normal y si esto pasaba tenía que guardar al bebé en un botecito.  No podía creer lo que me estaba diciendo y le contesté: me estás hablando como si fuera un pelo lo que me voy a sacar. Ese trato hace que el proceso sea aun más duro.

Lo único que le pedía a Dios era que no tuviera que parir en casa. Eso sí que no lo soportaría.  Y efectivamente pude llegar al hospital.

La frialdad de los médicos y las enfermeras es terrible. Mientras estaba en el parto no hacían más que preguntarme mis datos personales, cuando lo que esperas es un poco más de empatía.

Yo sentí cuando el bebé salió, pero no me atreví a ver nada. Cuando me desperté de la cirugía lo primero que sentí fue hambre, fue algo muy curioso porque pensaba que debería estar muy triste, pero yo solo tenía hambre.

Luego vino el duelo, sentir mucho silencio y volver a experimentar la sensación de no soy tan fuerte. Nunca me había pasado eso de ir por la calle y que de repente se me vinieran las lágrimas, yo no soy así. Pero también entendí que es de la conexión que llegas a tener en el proceso.

 

¿Alguna vez sentiste rabia o le reclamaste a Dios lo que pasó?

Nunca. De hecho, me acerqué más a él porque estoy convencida de que nadie en el mundo puede llenar nuestra alma. Al final él nos creó y sabe lo que sufrimos, necesitamos y nos conviene.

 

¿Qué te hizo intentarlo otra vez?

Que nos hacía ilusión. Aunque no es fácil volver a tener relaciones después de la perdida de un bebé, queríamos intentarlo de nuevo.

 

¿Te planteaste otras formas de ser mamá?

No, eso lo tenía súper claro, quería que fuera de forma natural sin métodos de por medio como in vitro o inseminación artificial; me generan desconfianza y además es mucho dinero. Y en el caso de la adopción, hablé con personas que han adoptado y en su corazón había un deseo tan fuerte de ser mamás que esto era una opción para ellas, pero eso no estaba ni en mí ni en mi marido.

 

¿Qué emociones experimentaste cuando lo volviste a intentar?

El tema de la edad, porque en Latinoamérica cuando una mujer se plantea tener hijos después de los 35 años es como una irresponsabilidad. Me planteaba ¿Cómo estaría físicamente? ¿Estaría en capacidad de andar con un niño por ahí corriendo? Y muchos me decían que eso era lo de menos, y en España el tema de la edad para tener un hijo es muy diferente, más relajado.

De hecho, La última revisión que tuve con mi ginecóloga me dijo “si tú quisieras ser mamá lo podrías ser nuevamente” y fue como: no, gracias.

Si hubiera estado en otra edad, quizás lo habría intentado otra vez. Conozco muchas personas que han tenido hasta seis perdidas, antes de tener a su primer hijo. Yo no sé si hubiese podido aguantar eso.

 

¿Cómo es tu vida después de haber pasado por esta situación?

Después de estos episodios mi vida es normal. No todo en la vida para mí será tener hijos, además que no solo se tienen hijos de sangre, también pueden ser de cariño, espirituales.

Esa fuerza que me caracteriza es lo que me ha permitido enfocarme en otras cosas, en mis sobrinos, por ejemplo. Y nunca permití que volviera ese sentimiento de… «Y qué hubiera pasado si…»

En una ocasión estaba en un campamento con un grupo de mujeres y salió el tema, yo compartí mi historia y unas semanas más tarde una de las participantes me escribió para agradecer el espacio para esa conversación, porque ella había pasado por la misma situación y no supo cómo afrontarla y la vivió sola.

Entonces este episodio en mi vida sucedió para ayudar a otras personas.

 

¿Qué aprendiste de estas experiencias?

Aprendí a ser muy prudente con este tema y como mujeres creo que tenemos que entender que, mientras más rápido manejes y asumas la situación, mucho mejor. Porque te vas a encontrar en una reunión y si alguien no sabe tu situación y toca el tema te va a afectar y vas a sufrir.

Aprendí a escuchar, a veces alguien te viene a pedir un consejo y es más fácil hablar y como mujeres algunas veces solo necesitamos que nos escuchen, deberíamos ponernos un letrero de “no te estoy pidiendo consejo, solo que me escuches”. Y si tienes algo sabio que decir, decirlo, si no quedémonos calladas.

Aprendí a encontrar otros motivos por los cuales ser feliz, no todo puede estar ligado a si eres madre o no. La plenitud está en otras fuentes.

 

¿Qué le dirías a alguien que acaba de perder un bebé?

Creo que es muy importante hacer el proceso del duelo, hay que llorar, sacar todo ese dolor. Tómate tu tiempo, pero tampoco te permitas que ese tiempo sea eterno. Identifica las emociones que aparecen de repente y si es necesario buscar ayuda y apoyo emocional y espiritual.

No te rindas, por una primera experiencia no puedes decir nunca más.

Y si decides volver a intentarlo lo que yo recomiendo es que lo vivan naturalmente, que no se obsesionen con buscar información. También establecer desde el primer momento que es un proceso mío, que quiero vivir sin comparar embarazos y descansar en saber que es una vida que está en manos de Dios.

Cada proceso que vivimos en la vida es único y especial y el embarazo es uno más.

 

¿Tenías nombre para los dos niños?

El primero se iba a llamar Matías y al segundo no le teníamos nombre, porque supimos que era niño cuando lo perdimos.

 

¿En estos casos hay un proceso de entierro o ceremonia?

No, yo imagino que tienen un depósito donde tiran todo, es muy triste. Yo creo que va al contenedor de la basura. No hay un proceso porque no lo consideran todavía una vida y es muy triste, porque es vida desde que tú sabes que está allí. Nunca me dijeron nada, simplemente, te confirman que tú estás bien, que tu cuerpo está bien, que te han vaciado y quitado todo por dentro. Lo que te entregan es un informe.

 

¿Consideras que es algo que se debe mejorar, al menos en España?

Sí, independientemente de cuánto ha sido el tiempo de gestación, debería haber un acompañamiento a los padres y un seguimiento para ayudarles a pasar el dolor. Sabes que la muerte existe y que vendrá en algún momento, pero para la pérdida de un hijo no te preparan.

Cuando los padres se separan suelen llevar a los niños al psicólogo, cuando tienes un hijo rebelde, también te aconsejan y ponen a tu disposición un terapeuta.

Pero cuando pierdes un bebé se supone que lo intentas nuevamente y se acabó, es bastante injusto.

 

¿Qué contestas cuando te preguntan si tienes niños?

Yo digo que sí, que no están conmigo, que tengo dos hijos en el cielo y la gente se queda sin palabras. Pero no tengo problemas con esa pregunta, las personas se disculpan, pero hay que trabajar en que es un proceso natural. A veces también hago bromas, pero prefiero responder así porque me da pie si alguien necesita ánimo.

 

Foto por: Ömürden Cengiz en Unsplash