Esto es lo que pasa cuando evitas los conflictos y piensas demasiado

¿Te ha pasado que una situación te molesta y en vez de enfrentarla, le das vueltas, la evitas, no eres clara, no te sientes capaz de resolverla y generas un fuerte conflicto interno que te llena de frustración y angustia? De esto escribe hoy la psicoterapeuta venezolana Victoria Robert.

 

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En ocasiones necesitas dar la cara a situaciones que te perturban para encontrar la mejor salida; pero, como te sientes incapaz o temeroso de entrar en conflictos, empiezas a darle vueltas una y otra vez y te conviertes en lo que llaman un rumiante. A diferencia de las vacas, que pasean sus alimentos semi-digeridos por las cuatro cavidades de su estómago, regurgitándolos para re-masticarlos y deshacerlos, puede que tú te dediques a perpetuar este proceso por horas, días y hasta años.

Entonces te transformas en una vaca psicológica que lejos de conseguir calma, re-visitas tus problemas «para encontrar nuevas y audaces soluciones», y lo que logras es aumentar tu ansiedad y distorsionar la dimensión de tus dificultades.

Para rematar, al salvarte de «pelear», nutres un proceso de gastritis crónica y te produces una dolorosa úlcera psicológica.

La diferencia entre las vacas y quienes cavilan sus pensamientos es simple: ellas logran destrozar el alimento y digerirlo. En cambio el rumiante psicológico, no solo no hace un adecuado metabolismo, sino que en vez de procesar sus alimentos, regurgita toxinas.

Son vacas enfermas.

Cuando evitamos confrontar los problemas, nos hacemos especialistas en soñar: ideamos los mejores escenarios, los momentos más oportunos, fantaseamos las respuestas más inteligentes, soñamos con la cachetada decisiva, los cuatro gritos ajustados, la sonrisa más elegante o la estocada triunfadora… Pero al final ¿Qué ganamos con fantasear y no actuar? ¡NADA!

Somos unos genios de la fantasía y el invento, mientras esperamos que alguien, tal vez un héroe salvador, venga a dar la cara por nosotros, para darle fin a lo que nos atormenta y, en definitiva, poder salir airosos.

¿Y por qué invertimos tiempo y energía en rumiar y acumular frustraciones? porque quien rumia no mastica, traga entero.

Los alimentos físicos, psicológicos, emocionales o espirituales, se ingieren de la misma manera. Así que si tú quiere saber si eres un «tragador rumiante», obsérvate en el simple acto de comer:

¿No te tomas el tiempo necesario y lo haces mientras estudias, trabajas o atiendes a los niños? ¿Comes de pie, cualquier cosa o en exceso? Si todo esto es así, no te estás nutriendo, ¡te estás enfermando! y en vez de dedicarte a la sanidad de tus procesos metabólicos, ocupas tu mente y tus emociones en regurgitar «la paja» no digerida.

¿Cómo hacer? Mastica, mastica, mastica. Evítate un problema y atiende los que tienes a tiempo, aunque eso implique generar otro problema ¡Toma el riesgo!

Si no lo haces, terminarás siendo una vaca angustiada, deprimida y presa de tus fantasías.

Para saber más del tema, nuestra periodista Dani Truzman, escribió un artículo completísimo sobre la rumiación. Te lo dejamos aquí: Cuando pensar demasiado es el problema

Victoria Robert es parte de nuestra red de bienestar y sus artículos son buenísimos. Te invitamos a seguirla en su Instagram: @mavirobert y @TerapiaYa

 

Foto: Pixabay.