La divorciada que vuelve al ruedo

No, no me gustan los toros o la llamada fiesta brava; pero encuentro fascinante la analogía de ilustra el proceso de volver al dating.

LA ROPA

Te pones tu “traje de luces” que dé mensajes contrarios, sutiles pero contundentes. Cosas apretadas que muestren tus atributos y otras holgadas que te hagan ver recatada. Le mezclas unas gotas de bling a esa pinta opaca. Envías el mensaje que me pudiera enredar contigo pero no soy fácil, tienes que conquistarme.

EL LUGAR

Vuelves al spotlight. Habrá gente opinando que si te pusiste esto, que si fuiste a tal sitio, que si te vas a portar bien, que si tu oponente es lo suficientemente bueno para ti o tú, buena para él o ella. Habrá gente sufriendo por ti, otros sufriendo secretamente por el otro; pero todos prestos a desde el palco ver la faena, para apoyarla, para criticarla, para compararla y para divertirse. La clave: ignorarlos la mayor parte del tiempo y enfocarse en lo que se está haciendo, y que opinen/sientan lo que les venga en gana. De vez en cuando, en momentos de calma, levantar la mirada hacia los que saben, los que te conocen y los que te quieren y además oír lo que tienen para decir, pues desde el palco tienen otra perspectiva valiosa. El resto de los asistentes pueden ser ignorados permanentemente  (salvo que haya un asistente guapo, a ese no hay que ignorarlo).

LA FAENA

Sales al ruedo con tu mejor traje, una actitud desafiante y confiada; así te estés muriendo del susto por dentro. Tu mirada altiva saluda a los asistentes, que no quede duda de que estás decidida a lanzarte, aunque nuevamente, secretamente puedes sentir lo contrario. Caminas con tu mejor caminado, paso seguro y artístico, como una danza de alegría.
Estás a la expectativa de lo que va a salir del otro lado. Oyes que respira, has investigado de sus orígenes, tratas de recoger información antes para más o menos tener una idea de cómo será. Eso sí, ni para qué recoger demasiada, es bueno darse sus propias impresiones, pero lo básico.
Abren la compuerta y sale este animal, ojalá imponente y de mirada penetrante, y empieza el juego de observarse, desafiarse, sentirse, y poco a poco ir acercándose, dándose a conocer. Empieza ese baile (y ojalá haya baile) y tal vez se entiendan, tal vez tengan estilos tan diferentes que la faena sea muy mala, tal vez el uno de doblegue ante el otro, tal vez logren una armonía que despliegue todo el arte de la seducción o que uno esté muy decidido y el otro no muestre interés.

NO IMPORTA LO QUE PASE

Lo importante es estar ahí con tu traje de luces, tu actitud y con emoción; con ilusionarte porque es realmente posible que ese animal que sale cuando se abre la compuerta te sorprenda, te despeluque y te lleve al cielo. Por un rato, dos, unos días, unos meses, unos años, no importa; pero en todo caso que te desee y lo leas en su mirada.
Foto: Pixabay.