La historia de mis tres abortos

Historia de mis abortos Asuntos de Mujeres

Sofía Álvarez ( @alram82 ) nos cuenta la historia de sus tres abortos espontáneos y de cómo pasó a engrosar las estadísticas de «abortadoras frecuentes» del mundo.


Yo soy mamá, tengo un hijo de 9 años y tres «bebés estrellitas» en el cielo. Hace seis años no sabía qué era un bebé estrella, pero así les dicen para poner de una forma bonita a los bebés que mueren en el vientre de su mamá o alrededor del nacimiento.

En octubre de 2014, apenas unos meses después de haber emigrado a Estados Unidos, comencé a sentirme rara. Estaba embarazada.

Esperé hasta cumplir las 8 semanas, y ahí estaba mi hermoso saco lleno de vida. Pero pasó una semana, y comencé a sentir dolores horribles.

Aborto, nunca pensé que me podía tocar a mí…

Yo estaba sana, mi primer embarazo fue perfecto y no pensé que podía estar en algún riesgo. Comencé a sangrar y los dolores eran cada vez más fuertes. Una noche, el viernes después de acción de gracias, fuimos al hospital y me confirmaron que no había latido.

Ese fin de semana solo quería llorar a mi bebé y la gente me decía cosas como: “Dios sabe por qué hace las cosas”, “Lo que pasa es lo mejor” o “Apenas tenías 9 semanas”.

Por trámites del seguro, el curetaje me lo hicieron cinco días después. No puedo explicar lo que se siente pasar tantos días en esa situación. Me hicieron el curetaje y me recetaron un analgésico súper fuerte, que me hacía alucinar cosas súper locas.

Cuando llegué de mi segundo viaje – porque me iba lejos con las pastillas esas – me levanté y lancé el resto de los medicamentos por el triturador del lavaplatos, no quería imaginar el manejo de una depresión con esas cosas cerca.

Aunque me decían: “Tranquila eso pasa mucho, espera dos meses y lo intentas de nuevo”, no pensaba en intentarlo de nuevo; la verdad, siempre estaba muy nerviosa y sentía culpa, mi bebé era mi responsabilidad y ahora se había ido, tenía que haber sido mi culpa.

 

Pero en febrero del 2015, volví a ver las rayitas en la prueba de embarazo

Fui a un doctor que amé con todo mi corazón. Él no esperó que tuviera 8 semanas, y me recetó medicamentos para ayudar a mantener mi embarazo. Tuve síntomas, ecos maravillosos, pude ver a mi bebé formarse y mi cuerpo cambió rapidísimo por las hormonas.

Estuve acostada un mes completo, jugando con mi hijo de 5 años desde la cama, le dije que iba a tener un hermanito, y estaba feliz y confiada. Un sábado por la noche, sentí ese movimiento de mariposita en mi vientre, y el lunes me desperté odiando la piña, que había sido mi mayor antojo durante esos meses.

Ese día me confirmaron que mi bebé de 11 semanas ya no crecería más.  Al día siguiente, me hicieron el curetaje… De nuevo la anestesia, de nuevo el miedo y el dolor, de nuevo un aborto.

Esta vez tuve que explicarle a mi hijo, que su hermanito se había ido al cielo, le compré un angelito que rezaba el padre nuestro y le conté lo que había pasado. Recuerdo a la enfermera cuando me desperté de la anestesia, me besó en la frente y me dijo: “Mami, ya pasó, ahora tienes un angelito que te cuida y te ama desde el cielo”.

Ya tener un bebé no era algo que soñara, no como antes; enseñé a mi círculo cercano que aún me podía alegrar por las noticias de bebés de mis amigas, no tenían que ocultarme nada por temor de hacerme sentir mal. Hablar de aborto dejó de ser un tabú y aprendí abrazar a mis amigas que luego pasaron por eso.

A mis bebés les di un lugar y les puse nombre en mi corazón.

Pero esperen… En julio de 2016 me sorprendí con la noticia de otro positivo, y esta vez, aprendiendo de mis errores anteriores, no le dije a nadie.

Busqué ayuda médica de inmediato, le conté mis antecedentes al doctor y comencé con mi tratamiento de progesterona.

“Sofía, es muy probable que todo esté bien con este, es normal que después de una pérdida repita, pero ya ha pasado más de un año, estás muy sana, eres joven…. Todo estará bien”, me dijo.

Todo iba bien, hasta dos días antes de mi cumpleaños, el 14 de agosto. El puto dolor de cadera, las putas náuseas en la tarde y el puto sangrado. Yo no lo podía creer.

Fui a mi doctora, una nueva, porque me acababa de mudar a Miami, y me confirmó que mi bebé estaba vivo pero que los latidos iban disminuyendo y no era compatible con la vida… así me dijeron.

Esta vez no podía hacer nada sino esperar, porque en Florida no tocan a los embarazos cuando hay latidos, yo tenía que esperar que se apagara como una velita, poco a poco.

El viernes, tres días después de la consulta, comencé a sentirme muy mal. Mi cita control era el lunes, así que esperé.  El sábado amanecí con contracciones, yo no podía creer el dolor que estaba sintiendo, con cada contracción sentía que mi cadera se abría y quemaba. Tres horas después, en el baño de mi casa y con mucho dolor, parí a mi cuarto bebé.

El lunes en consulta, la doctora me dijo que estaba todo bien, que yo era una mujer súper fuerte porque ella – quien también había perdido dos bebés – no soportó eso sin analgésicos.

Luego colocó en mi historia “abortadora frecuente” (parece que era un título que me había ganado).

 

A lo mejor te provocará preguntarme algo que omití, acá respondo las preguntas más comunes:

¿Por qué no te hiciste exámenes de fertilidad?: porque hasta que no pierdes tres bebés seguidos, no lo consideran problema, así que siempre todo estaba e iba a estar bien.

¿No le hicieron examen a ningún bebé?: Sí, a mi primer bebé le hicieron estudios genéticos y no mostró nada diferente.

¿Te hiciste exámenes después del tercer bebé?: Sí, dos veces, todo estaba bien. Tuve suerte cuando me mudé a Colombia, me encontré con un doctor maravilloso que anualmente me repite todo.

Él me hacía saber siempre, que yo estaba bien, que no fue mi culpa y que no hubo nada que yo no hiciera para evitar los abortos, pero que de verdad, son cosas que pasan, mucho más de lo que ellos quisieran.

¿Qué te ayudó a salir de la depresión después de los abortos?: 

Primero: Hablar de eso, ponerle nombre y hacerlo parte de mi vida. Soy mamá de un niño y tres bebés en el cielo.

Segundo: Busqué ayuda en páginas de apoyo para mujeres que habían sufrido pérdida gestacional, gente que me entendía. Por supuesto, ayuda psicológica, porque cada quien vive su proceso de forma distinta. Yo necesitaba validar lo que me pasaba a mí, porque era diferente a lo que le pasaba a las demás personas alrededor.

Tercero: Validé mis sentimientos, pasé por cada una de las etapas del duelo, tres veces. Los recuerdo, veo los ecos y les digo que fueron amados. Existieron en mí, existirán siempre para mamá.

Cuarto: Mandé a la mierda a los que venían a joder, a invalidar mi proceso y lo que sentía. Había días que estaba furiosa, días en los que grité, días en los que mandé al carajo a más de uno. Porque yo no entendía que ese dolor era: lo que pasa por algo, y que luego todo estaría bien…  Porque yo estaba rota, estaba muy brava y ese era mi día a día.

Han pasado tres años después de eso, apenas entendí que todo pasó por algo, que todo iba a estar bien. Ese dolor es parte de lo que soy, ¿Me hizo mejor persona? No lo sé, ¿Cambió la forma en la que veo la vida? Sin duda.

Mis tres estrellas me miran con amor, agradezco su tiempo conmigo y ellos saben que su mamá los ama desde la tierra al cielo.

Cuando el tiempo pasó, entendí que todo había sucedido por algo y que mis bebés me escogieron por una razón. Me sentí mejor. Pero pasó mucho tiempo ¡Y eso está bien! El tiempo que necesites para sanar, es tuyo y nadie puede controlarlo.

Todos los meses de octubre celebramos la pérdida gestacional, encendemos velitas por los bebés que se fueron de la barriga de mamá y nos unimos, porque no estamos solas y todo estará bien.

Foto: Sofía Álvarez.