Las mamás nunca estamos conformes

Yo no aporto nada a la casa

¡Mi pareja se va a sentir con licencia de pensar que yo soy una cómoda!

¡No quiero dejar a mis hijos al cuidado de otros, me siento culpable!

¡Es que soy trabajadora, me gusta tener mi propio dinero y amo trabajar!

¡No quiero ser ama de casa!

¡No quiero ser mantenida!

¡Disfruto cuidando a mi familia, pero ¿y yo qué?”

¡Aporto mi vida, pero nadie se da cuenta!

Creo que hace 60 o 70 años, por lo menos en mi país (Colombia), la mayoría de las mujeres no contaba entre sus preocupaciones elegir qué querían hacer con sus vidas.

De alguna manera esto estaba “solucionado”, al menos socialmente.

Cuando hablo con mis abuelas, ambas de un pueblo, encuentro que sus opciones eran el noviciado, dedicarse al hogar para luego cuidar de sus padres, hermanos y hasta sobrinos (algo así como la tía beata); formarse para ser educadoras O casarse.

Sí, “O” en mayúscula, porque difícilmente podrían usar el “Y” que incluiría varias de éstas.

Mis abuelas, obviamente, eligieron el matrimonio (Bueno, no sé si el matrimonio las eligió a ellas), y así formaban y mantenían sus grupos de amigas, con las que compartían esta labor.

Me cuentan que entre ellas se ayudaban, y ser amas de casa no les generaba mayores preocupaciones ni interrogantes, ya que era lo “normal” o era la “obligación” que “habían elegido”.

Sé que es un poco complejo de entender en esta época, pero así lo expresan ellas, una obligación que eligieron, tomaron y dignamente desarrollaron.

Hoy no está tan fácil para nosotras, porque además de esas opciones que ellas tuvieron, se han generado otros roles simultáneos e importantes.

Podemos ser desde activistas, presidentas y llegar hasta altos cargos en la Nasa. Y en toda esta línea de logros, encontramos a las mamás profesionales, la esposa y mamá tradicional, la mamá soltera, la que es solo esposa y no mamá, la que “lleva” una familia y es ama de casa, la que maneja sus finanzas o las comparte, la que trabaja desde la casa, la que va a la oficina y hace viajes de trabajo o la que maneja su tiempo (jajajajaja bueno, digamos que esto lo menciono, porque en teoría algunas lo logran).

PERO, CASI SIEMPRE ESTAMOS INCONFORMES…

Al punto al que quiero llegar es que sin importar cuál camino elegimos, pareciera que casi siempre estamos inconformes y algo falta o sobra para nosotras o para el mundo que constantemente nos evalúa y opina sobre nuestras vidas.

Y nosotras somos nuestras principales juezas, porque a veces nos damos látigo por lo que hacemos y dejamos de hacer.

Recuerdo a Mafalda y Susanita, ambas, extremos polares de su proyección como mujeres (como recordarán, se les hacía difícil comprenderse).

Mafalda no concebía el sentido del mundo de su amiga, soñando con esposo y muchos hijitos y Susanita, cuando mucho, alcanzaba a entender las reflexiones sociales y políticas de Mafalda.

Incluso así, ninguna NUNCA, o al menos hasta donde leí a Quino, dejaron de ser amigas, no dejaron de compartir ni de jugar y ninguna escondió sus sueños ni sus reflexiones por el temor de ser criticada, censurada o no aceptada por la otra.

A veces me siento viviendo entre Mafalda y Susanita, pero canibalizadas.

Nos polarizamos en que si eres ama de casa, NO APORTAS a tu familia; pero, si trabajas, tampoco, porque “la estás abandonando”.

Si tu aporte no es económico, eres una mantenida (una palabra tan fuerte, a mi parecer); ¿Y qué pasa con tu aporte de acompañamiento, crianza, servicio y calidez de hogar? Para algunos eso no es suficiente, y cuando digo “algunos” te incluye a ti misma.

Qué tal buscar construirnos como mujeres, mamás, esposas, empleadas, independientes, rebeldes sin causa, mamás de perro o gato, líderes políticos o cuidadoras (lo que queramos ser), pero felices, seguras, sin juzgarnos por lo que hacemos y dejamos hacer y con la firme convicción de que no debemos hacerlo perfecto, solo debemos hacerlo lo mejor posible.

Que desde cualquiera de estos puntos estamos haciendo aportes para nuestra sociedad, para nuestras familias y para nosotras mismas.

¿Y quién se tiene que convencer y empoderar de esta “lucha”?

¡TÚ! ¡YO! y ¡NOSOTRAS!

Y a partir de que seamos cada una de nosotras, de manera genuina, quien asuma su papel en el mundo como lo crea, construya, signifique y resignifique; le daremos al mundo el mensaje de no tener que ser perfectas o ser algo que no queremos ser, para ser las mejores en lo que cada una disponga hacer de su vida.

Así que si sientes esta inconformidad en tu vida, racionaliza tu emoción; es decir, pon en una balanza las ventajas y desventajas de lo que haces actualmente y luego mira cuánto lo disfrutas y cuánta culpa te puede estar generando. Esto te dará luces del camino que podrías escoger en la vida.

PD: Este texto es para mi amiga Mafalda con mucho amor y agradecimiento y para mí con mucho coraje por INTENTAR lograrlo y difundirlo.

Fotos: Pixabay.