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De “él es muy bueno para mí, pero…”, divorcio, tusas y el lado B de una misma historia

Cómo superar la tusa

Los peros

Digamos la verdad: ya no tenemos 15 años.

Todas las personas que conocemos tienen “peros”, historias, remilgos y, por supuesto, son absolutamente imperfectas.

Y tienen derecho a ser quiénes son y lo que les dé la gana, sí, pero otra cosa es que las queramos como pareja.

Yo tengo una teoría y es que cuando le empezás a encontrar los peros a alguien, es porque ese “alguien” no te gusta del todo.

Una amiga me dice que a esta edad buscamos un amor más maduro y que la aproximación es diferente; no es eso de tirársele encima al man sin pensar, como lo hacíamos antes.

Sin embargo, yo sigo esperando que haya ese click que no me haga creer en los peros, sino que me haga sentir como un caballo desbocado.

¿Será mucho pedir en esta juventud de los 40?


Te invitamos a leer: En cuestión de citas, “tengo que poner de mi parte”


El panorama de ahora es el siguiente:

Sí, pero viene de un mundo diferente

Esto lo escribo anónimo y puedo decirlo: hay personas que han vivido y están acostumbradas a cosas diferentes y tienen gustos diferentes. A mí me cuesta estar con alguien que no esté acostumbrado a una vida similar a la que yo he llevado. Elitista, snob, sí, seguro; pero pues, así soy y… ¿Qué hacemos?

Sí, pero si tuviera unos años menos

Llega el man fantástico, es todo lo que pido en mi lista imaginaria y emocional, pero solo hay un pequeño detalle: es de dos generaciones más que la mía. Y entonces, mientras yo quiero subir a la montaña, ganarme premios o escalar el éxito laboral, el man ya está más sereno. Todo lo logró. Es activo, hermoso, atractivo, pero ¿se logra con década y media de diferencia?

Sí, pero es alcohólico

Esta es la que más duro me da. Es un tipo que cumple casi todo, con quien me encanta estar; pero no suelta la botella. Es como si tuviera 20 años. Esta es la hora de la vida que borra cassette (como dice Maluma en su canción). Entonces es muy complicado que tu pareja, por ejemplo, se vaya a un viaje y sufrir pensando porque le va a pasar algo por cuenta de las rascas que se pega, o estar con alguien prendido permanente. No, no, no. Ese sí es un no rotundo, pero me da mucha lástima.

Sí, pero está perdido

Lo quiero, hemos sido amigos hace siglos. Es guapo, amoroso, inteligente, tierno; ni un beso nos hemos dado. Pero anda un poco perdido en su vida laboral. Yo no estoy en el nivel de mantener a alguien, ¿o sí? ¿Qué es lo que realmente vale?, me pregunto.

Sí, pero está casado

La cantidad de casados que proponen, sorprende. Primero, algunos lo plantean como que te hacen el favor. ¿Favor?, ay corazón, no necesito ese tipo de lástima, tranquilo. Ese es un no y punto.

¿Y yo?, ¿cuál es mi pero?

Me cuestiono. Trabajo demasiado, soy muy activa, parrandera, amiguera. No cocino (aunque no quiero a alguien que me mida como ama de casa), y me cuesta abrir la puerta al amor. Esos son los peros que me veo. Y tendré más, muchos más, pero son los más destacados.

Por lo pronto, he decidido mejor trabajar en mis peros, porque en los de los demás no hay nada que hacer.

Y he decidido que me quiero dar la oportunidad con alguno y trabajar en el pero de abrirle la puerta al amor.


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Del divorcio y las tusas


El hecho de que hoy esté sola NO implica que me haya ido mal, para nada; y nado con fuerza hacia la orilla en contra del remolino succionador del delirio colectivo de que el amor es para siempre.

Ese que te dice que si estás sola después de cierta edad, algo anda mal en ti y para algunos te conviertes en un radical libre con la fuerza de una fisión nuclear (y, posiblemente, hasta tengan razón).


“Algo tendrá”, se oye con frecuencia.

Y yo les digo que lo que hay que tener es ovarios bien puestos para dejar una relación que no funciona.

Hay personas con otra suerte que han encontrado y construido el amor a lo largo del tiempo, pero en lo que a mí concierne, no creo que sería tan feliz y auténticamente yo, si hubiera seguido con las relaciones que he tenido.

Y al escribirlo me pregunto si seré yo la que se deja perder en una relación.


Cuando he querido, me ha dado muy duro la tusa. Ayer, tomándome unos drinks a la orilla de un hermoso río al atardecer con unos amigos, reflexioné sobre lo duro que fue el divorcio para mí.

Ojalá hubiera sido valiente para dejarme acompañar por un profesional más temprano. A pesar de que no quería estar con el man del que me divorcié, el delirio colectivo me succionaba.

Todos los sueños de un “para siempre” y de ser la familia perfecta para los hijos, ponen los ojos en modo espiral.

Pero salí más fuerte, más vulnerable, más YO. Y me gusta quien soy y eso es lo que vale.

Después, estuve con alguien por casi dos años. Nos quisimos, pero no nos amamos, estoy segura. Y lloré, lloré más; y saqué hasta lo último suyo en cada lágrima que derramé por él, dejé solo lo bonito y el agradecimiento. Y cerré. También costó, pero cerré.

Y para finalizar, extrañamente, una ilusión que duró una luna me ha costado más. Una tusa que no es lo suficientemente profunda para crear un torrente de lágrimas que limpie, pero que dejó sus marcas por el camino nada fáciles de sacar.

A veces pienso en él, pero tal vez no es tanto en él, sino en cómo me sentí al estar con él.

Y agradezco haberlo conocido así tan él, chiflado, sin botón regulador de volumen, tan fuerte en su vulnerabilidad, entregándose sin reparos y lanzándose al vacío sin saber abrir el paracaídas.

Así que sí… lo extraño. A los otros los cerré, fin, game over, chao que te vi, suerte es que te digo, andá por pan y no volvás; pero a este hasta ahora no.

Y así, este aguacate me lo como con sal y boto la tusa. Quedan las respuestas que cada una debe dar de cómo te querés sentir y de cómo podés ser estando acompañada en una próxima vez.

El lado B de las cosas


Las historias, por cortas o por largas, por profundas o ligeras, tienen, al menos, lado A y lado B.

Probablemente, todas sean tan complejas como los poliedros, pero simplifiquemos esto en lado A y B; el lado tuyo y mío; el lado de Fulano y Fulana.

Apareciste un buen día. Llegaste vulnerable, lleno de dudas y temores, tratando tal vez de encontrar en mí una respuesta que al final no fui yo.

Esa noche, desde un cariño enorme que realmente no tengo tan claro de dónde viene, te aconsejé luchar por tu relación y dejarnos de hablar, así fuera como amigos, a pesar de que habría querido estar con vos.


Pasó algo así como un año. Un buen día apareciste, querías verme y nos vimos. Teníamos ambos el letrero que decía disponible.

Y no solo nos vimos, pasó mucho más que eso. Nos vimos cuando vos lo decidiste, cuando vos quisiste, cuando la vida te llevó hacia mí. No hubo un viaje expreso a verme, nunca pasamos más de una noche juntos.


El lado B cuenta una historia de algo que pudo haber sido y no fue.

Una historia de una mujer que se reencuentra con un hombre maravilloso y que se da la oportunidad a medias. Recibe sus visitas y eventuales mensajes, tratando de vivir en la pregunta y no en la respuesta; pero teniendo claro que no podría seguir así, porque el tiempo empieza a hacer que las aguas se pongan o más calientes o frías.

No hay aguas tibias eternas, al menos no para esa mujer del lado B, cautelosa, observadora e intuitiva.

Y así fue. Pasamos del tibio al frío.

Ninguno se la jugó por el otro, ninguno se puso la camiseta de conquistar al otro por fuera de los breves y magníficos momentos juntos. Como si en el lado A y en el B, el final ya hubiera estado escrito. 

Y qué más da. Fue como tuvo que ser. Fue algo que no fue, pero que sí fue. Quedará en la memoria o en el olvido, para dar paso a otras historias donde mi lado no será tu lado B.

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