¡Yo vivo mi despecho con todas las de la ley!

Cómo recuperarme de un despecho

Estoy despechada, sí. Estoy atravesando el temporal, el que te cae sobre la espalda cuando terminas una relación (o terminan contigo).

La estoy pasando en pleno, sin evadir y sin querer ser superwoman soltando improperios contra el recién EX. Básicamente, porque no fue un ruptura de esas “odiables” e “insultables”, no. Así que voy llevándolo con unos cuantos kilos menos (lo que agradezco infinitamente) y con un par de arrugas de más por el llanto a mares (esto sí que NO se agradece).

Estoy despechada, sí. Y no tengo problema en admitirlo, al igual que no me preocupa decir que desde hace un par de meses me veo con una psicóloga. Decidí ir para encontrar una guía y sobrellevar algunos procesos (incluido el duelo por la falta de esos ojos brillantes y esa sonrisa perfecta, que me han dejado a medio camino).

El caso es que como todo, el dolor y la tristeza van pasando con el tiempo y te vas sintiendo mejor. Es el proceso natural -junto con las sesiones con la terapeuta, claro está-.

Me ha ayudado el hecho de VIVIR el despecho. Sí señor, lo he vivido con todas las letras y en mayúsculas; con algunas “vergüenzas indignas” que relataré mas adelante y con mucho apoyo de mis amigos.

 

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El caso es que más que contar las lágrimas de más o los miligramos de melatonina tomados para dormir, quiero hablar sobre la importancia de vivir el despecho y atravesarlo sin miedo, reconociendo el dolor en el camino y viendo cómo la perspectiva cambia con la ausencia, mientras te vas alejando.

En una sesión, mientras hablaba con la terapeuta sobre mi despecho, le comentaba que “estaba destrozada” y ella me corrigió de inmediato diciendo “destrozada no, Lis, vamos a decir mejor que estás rota”.

La sesión siguió y entre muchas cosas, se puso sobre la mesa que sí, que estoy rota, hecha pedazos, y que son esos trozos los que construirán una nueva estructura; esa que sostendrá mis futuras relaciones, pero bajo otra perspectiva y con otra visión.

Y es que no siempre está mal romperse y sentir que te desmoronas.

 


Te invitamos a leer: 5 formas de superar una ruptura (que han funcionado a varias personas)


 

Es esa “rotura” y el buscar recomponerse, lo que nos planta de frente a la situación, para verla con más claridad y con menos idealización. En mi caso (y creo que algunxs se sentirán identificadxs), caigo con cierta facilidad en esto de ver “lo ideal” en las relaciones de pareja.

Esto, ha ido mutando cada vez que “me rompo” y vivo el proceso. Mi perspectiva va cambiando, así como la forma de vivir las relaciones y construir una vida en pareja en estos tiempos y ya con 40.

Si no hubiera sido por el despecho, quizás no hubiera visto la situación en la que me encontraba: actitud evasiva frente a las relaciones y de “cero compromiso” que asumía bajo la excusa de “mujer fuerte, independiente y emancipada”. Esto no está mal, pero que la independencia y la fortaleza no nos endurezca tanto, que nos impida vivir y enamorarnos.

El despecho me ha ayudado (y lo sigue haciendo) a entender mis “negociables” y sobre todo mis “NO negociables”; cuáles son mis “mínimos exigibles” y qué tanto estoy dispuesta a dar, a ceder y en qué momento tengo que replegar.

Tengo claro que cada relación se vive diferente y que la vida nos pedirá reconstruirnos varias veces. Tengo claro además, que el “despecho”, aunque doloroso, es necesario y es una vía inevitable para entenderTE en relaciones. Así que, pienso que el despecho está subestimado y aunque lo evites, en algún momento, te alcanzará.

Sí, estoy despechada y lo estoy pasando a pecho descubierto… porque el despecho hay que VIVIRLO, LLORARLO y CANTARLO… hasta la resequedad, escuchando una playlist cortavenas y, si cabe, (como fue en mi caso) enviando un mensaje al objeto del despecho, luego de beber mucho mucho vino y volver sola a casa con el móvil en la mano (aquí la vergüenza indigna comentada al inicio).
 
Bromas aparte, insisto, el despecho está subestimado y hay que vivirlo para reconstruirse, que está demostrado que no es eterno y que al final, todo pasa.

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