No me gusta el maquillaje

No me gusta el maquillaje

No me siento cómoda usando maquillaje, no me siento yo.

No tengo la costumbre de ponerme base cada día, delinearme los ojos y pintar mis labios; podría confesar que ni siquiera sé cómo hacerlo bien, porque de que puedo hacerlo, puedo; pero lo que se dice: “bien”, no lo sé.

Me parece que no, aunque nadie me ha dicho nada al respecto.

De ir a una tienda a comprar un lápiz delineador, ni te cuento. ¿Cuál es el número de base que se adapta a mi color de piel? ¡No lo sé!

¿Se mide la base por números?

Ya ni sé qué escribo, me enredo cuando se trata de cosas que desconozco. Pero es bueno que pase, porque así les hago saber que no tengo ni idea de lo que estoy diciendo.

A veces he usado maquillaje. En ocasión de alguna celebración importante: el matrimonio de mi primo, la graduación de mi hermano y en algún evento de trabajo. He pagado para que me maquillen, ¡por supuesto!

Me veo guapa cuando lo hago, realmente resalta mis cualidades, y como no es común: ¡es mucho mejor! La cosa es que no soy yo.

No me reconozco frente al espejo con las cejas perfectamente coloreadas, y ojo, no lo digo de mala manera. Me gusta mi rostro con maquillaje, pero hasta ahí. No quiero hacer del maquillaje una rutina.

Sé que hay una diferencia entre maquillarse para ir a una fiesta y para el día a día, por eso he resaltado que en el primer caso, suelo pagar para que alguien me “pinte”, en el segundo lo hago poco, con mis propias manos y conocimientos escasos.

Algunas de mis amigas suelen decir que no son ellas mismas sin maquillaje.

  • “¿Cómo voy a salir así?, parece que estoy enferma” –

O,

  • “¡Que afortunadas son las que pueden verse bien sin maquillaje!, yo parezco una cosa rara”.

Creo que es cuestión de costumbre. Además, no lo entiendo, pero lo respeto y tolero. A mí me pasa todo lo contrario. No justifico invertir tiempo de mi tiempo en maquillarme, ¡menos a diario!

No se trata de un acto de rebeldía hacia el sistema, las grandes marcas, el maltrato animal y/o el capitalismo.

Aunque la sumatoria de todas, convierten a algunos sectores de la industria en bárbaros indiscriminados. (Nota mental) Supongo que en este punto está bien rogarles a ustedes, que me leen, estudiar las marcas que compran y asegurarse de que no exista relación de éstas, con pruebas realizadas en animales. ¡Por favor!

En fin, lo mío no es una revolución, es un estilo de vida.

Tampoco rechazo al maquillaje por ser feminista. Creo que el feminismo es una lucha por la igualdad de derechos y no un movimiento de conquista o supremacía. No es más o mejor “feminista” aquella que se maquilla, o lo contrario. La igualdad es mucho más profunda y menos abstracta. Quizá la hemos venido desvirtuando al intentar catalogarnos o justificarnos.

¡Pero vamos!, que me estoy desviando del tema. Aquí he venido a hablar del maquillaje, y bueno, mi mensaje es ese.

No premedité ser como soy o hacer lo que hago, desde pequeña rechacé todo tipo de productos de belleza, incluso fui muy descuidada con mi cabello. Ahora que lo pienso, reconozco todo el trabajo que le di a mi mamá, ¡por Dios!

Tal vez mi testimonio es un poco decepcionante para ustedes. Entiendo que la exposición de motivos de una mujer que ha decidido no maquillarse, debía asemejarse a lo que ha dicho Alicia KeysEn definitiva, es un mejor discurso afirmar que dejas de maquillarte porque al hacerlo solías tapar tus inseguridades, que fueron creadas por una sociedad que obliga a las mujeres a estar siempre perfectas, como lo ha dicho la cantante estadounidense.

Pero no, yo mis inseguridades las he “tapado” de otras maneras. Mi motivo es más simple: no me gusta el maquillaje.

Exaltar las cualidades de tu rostro o no hacerlo, no debería ser considerado un capricho o una moda, sino una elección en pleno ejercicio de las libertades que tenemos. Al menos en occidente lo es: ¡qué afortunadas somos!

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