Algunas veces vemos las cosas, no como son, sino como las interpretamos

– Vemos la realidad a través de nuestros lentes o filtros –

Como seres humanos tendemos a juzgar. Crecimos construyendo juicios de valor de todo: “Esto está bien, esto esta mal”, “Esto me gusta, esto no me gusta”, “Esto está correcto, esto está incorrecto”.

Para todo tenemos un juicio de valor.

Los hemos adquirido a lo largo del tiempo gracias a nuestras nuestras vivencias. Y si bien estos juicios nos han ayudado a construir nuestra identidad, a establecer quiénes somos y a recorrer nuestra vida, hoy nos limitan.

Nos limitan, porque no nos permiten ver del todo la realidad. Son como unas pequeñas gafas (lentes) con filtros que hacen que cada quien vea el panorama de cierta manera. Como cuando íbamos al optómetra y comenzaba a ponernos esos pequeños lentecitos en una montura bastante graciosa:

“¿Cómo ve mejor? ¿con el primero o con el segundo?”

Uno, inocentemente asentaba la cabeza con alguna de las dos opciones, convencido de que cualquiera de esos lentes te permitiría  “ver mejor el mundo real”.

Pero la realidad es que lo que veo es MÍ mundo. Ese aumento, esas dioptrías me corresponden sólo a mí. Mi optómetra sigue viendo la misma imagen sin gafas que me requirió a mí una docena de lentecitos.

Mis juicios de valor son mis lentes, mis filtros; son el rasero con el que observo y analizo la vida

Sin embargo esto es solo mi visón. Otras personas verán distinta la misma situación, porque tienen otros lentes. Pero la situación es la misma y tendemos a olvidarlo. Olvidamos que llevamos lentes, pretendemos que todos vean el mundo a través de nuestros filtros, sin percibir que cada quien tiene los suyos.

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Y no se trata de que los míos son mejores que los otros, se trata de reconocer que otros tienen diferentes puntos de vista. Entender que a veces, cuando tenemos posiciones tan diferentes de una misma situación, es porque las estamos observado a través de lentes diferentes.

A mis estudiantes antes de comenzar un curso, les reparto gafas de colores. Luego pongo una imagen de un test de daltonismo para que me digan qué ven. Todos notan cosas distintas.

Dependiendo de los filtros en sus gafas, ven algo diferente de la imagen que les muestro. Y así es en la vida. Vemos las cosas de acuerdo a nuestros juicios. Y es verdad que de ellos nos potencian, pero otros nos limitan, porque solo nos dejan ver una versión de la realidad.

Luego les pido que se quiten las gafas y vean la imagen. Ahí logran darse cuenta de aquello que no lograban ver antes.

Las cosas no son buenas ni malas, las cosas simplemente son, es mi vista la que las cataloga. Tratemos de verlas sin nuestras gafas, desde otro lugar y con otra perspectiva. De pronto lograremos ver otra realidad y otros detalles que hemos pasado inadvertidos.

LES PROPONGO ESTE EJERCICIO:

¿Quieres reconocer tus filtros?

Es una tarea dispendiosa, pues tenemos “las gafas” o «los lentes» tan incorporadas a nuestro cuerpo, que resulta difícil identificarlas:

  • Te invito a que empieces a practicar analizando situaciones cotidianas.
  • Trata de pensar: “¿Cómo podrías verlo de otra manera? ¿Qué estoy pasando por alto?”
  • Trata de dejar a un lado tus creencias y juicios de valor.
  • Pregúntale a personas cercanas cómo ven ellos la situación, así identificarás cosas nuevas y te darás cuenta de que hay otros puntos de vista y que no hay una sola manera de abordarla.
  • Te darás cuenta de que la realidad ¡tiene muchos más colores que los de nuestros filtros!

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Fotos: Pixabay.